“La Universidad Bolivariana, es motor, es vanguardia, es caballo, es lanza, es bandera, de un nuevo modelo educativo de liberación. Ustedes son actores fundamentales de esa vanguardia, siéntanse orgullosos mujeres y hombres”

Fragmentos del discurso del Presidente Hugo Chávez, Caracas, 08/11/2003, en el marco de la inauguración de la sede UBV Zulia.

miércoles, 14 de mayo de 2014

John Kerry, Internet y la Libertad de Expresión en Venezuela durante 2014

 Por 

Luigino Bracci Roa. Tomado de El Espacio de Lubrio 



La libertad de expresión en Internet es un asunto de mil aristas, en particular en nuestra amada Venezuela. Recientemente el Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, denunció supuestas restricciones al acceso a Internet y el bloqueo de sitios web por parte del gobierno en Venezuela con el supuesto fin de reprimir las manifestaciones opositoras.

Las palabras de Kerry han tenido muchísima repercusión fuera de nuestro país, pero no aquí. No hay miles de personas con carteles exigiendo que se libere el Internet, no hay grafitis en las calles acusando a Maduro de censurar Twitter. Nadie en Venezuela se toma en serio la denuncia.

Los opositores venezolanos saben que Internet y las redes sociales más bien han servido para todo lo contrario: como mecanismo propagandístico y de convocatoria de la oposición, y  de amedrentamiento contra el chavismo. Y los chavistas más bien estamos preocupados por los terribles excesos que encontramos en dichas redes sociales, donde llaman a atentar contra la integridad física de numerosos compatriotas y sus familias. Más bien, lo que nos molesta es que las palabras de Kerry y otros políticos estadounidenses estén desviando el debate hacia donde no es.

Y es que, al margen de lo que usted pueda pensar sobre Maduro o las redes sociales, esta es una verdad incontrovertible:

NUNCA en la historia de nuestro país, había ocurrido que empresas privadas radicadas en el exterior, ofrecieran productos y servicios a MILLONES de venezolanas y venezolanos sin que hubiera regulación estatal alguna sobre dichas empresas.

Entendamos el peligro de esto:
  • Cuando McDonald's quiso establecerse en Venezuela, tuvo que cumplir una serie de pasos legales con el estado venezolano para que éste verificara la calidad de sus alimentos, la sanidad de sus locales y los derechos laborales de sus trabajadores; que se paguen los impuestos respectivos, y que se cumplan con las regulaciones de alcaldías y gobernaciones. Sí, las hamburguesas de McDonald's son un pésimo alimento, pero sin un Estado que las regule sería aún peor.
  • Para que Monsanto pueda ofrecer semillas y productos en Venezuela, éstos tienen que cumplir con diferentes leyes y regulaciones. Si las mismas no existieran, Monsanto nos llenarían de semillas transgénicas y sus abogados pondrían de rodillas aquellos campesinos que se nieguen a usarlas, como lo hacen en Estados Unidos y Europa.
  • El día que Ford, Chevrolet o Toyota quisieron vender automóviles en nuestro país, tuvieron que cumplir diferentes leyes y regulaciones que aseguraron que los vehículos no vayan a dañar a las personas, que se cumplan las regulaciones ambientales sobre emisiones de gases tóxicos y similares, que los cauchos sean de buena calidad (¿recuerdan los problemas con las Ford Explorer y los cauchos Firestone?), que sean compatibles con el combustible vendido en Venezuela, que ofrezcan garantías de soporte y servicio, etcétera. 
  • Si una empresa extranjera compra un periódico, una radio o una televisora venezolana, la misma tiene que ceñirse a una serie de regulaciones. La libertad no es absoluta: un medio no puede ser usado para fomentar la realización de delitos, para llamar a derrocar un gobierno o para promover el terrorismo. 
  • Diferentes bancos venezolanos son propiedad de empresas extranjeras (Provincial, Bancaribe). Eso no evita que estén fuertemente reguladas por el Estado a través de entes como Sudeban o Fogade.
  • La empresa de telefonía Movistar es propiedad de una transnacional europea, y sin embargo tiene que cumplir todas las regulaciones que la Ley de Telecomunicaciones le impone.
El punto es: toda empresa extranjera que venda bienes o preste servicios a venezolanos tienen que cumplir nuestras leyes. Tienen que ser inspeccionadas y reguladas por el Estado, para asegurarnos de que no nos estén haciendo daño, de que no nos ofrezcan productos de pésima calidad o servicios deficientes. Es cierto que los entes reguladores dejan mucho qué desear, pero definitivamente es mejor que estén allí, a que no estén.

Pero no hay absolutamente ninguna ley venezolana que pueda regular a las empresas de redes sociales estadounidenses. Facebook, Twitter y Google son empresas con fines de lucro que ofrecen productos y servicios a no menos de 10 millones de personas en Venezuela, pero no tienen que rendir cuentas a nadie en este país. De hecho, ni siquiera están establecidas aquí.

Y es un asunto delicado. Millones de venezolanos "confiamos" en los dueños y trabajadores de Twitter, Google y Facebook, suministrándoles permanentemente nuestros datos personales, nuestra ubicación durante las 24 horas del día, las fotos de nuestros hijos, todos nuestros contactos, nuestra rutina diaria y nuestros secretos, tanto personales como laborales.

Pero en este artículo queremos ahondar en otro problema gravísimo con las redes sociales, que se profundizó durante las protestas llamadas "La Salida": y ese problema es, el irrespeto a nuestro derecho a la paz. Como usuarios de las redes sociales, queremos confiar en que lo que aparecerá en ellas respetará normas de convivencia básicas y elementales en cualquier país del mundo: no permitir mensajes llamando a la violencia, ni a cometer delitos, ni a asesinar gente, ni haciendo amenazas, ni divulgando nuestra información privada, mucho menos si esa información es usada para amedrentar.

Además, tampoco queremos que las redes sociales se usen para perturbar nuestra vida cotidiana, causar daños a nuestra comunidad o arriesgar la vida de terceros. No estamos pidiendo nada especial: sólo queremos que empresas como Google, Facebook y Twitter (entre otras) respeten nuestras leyes, nuestras normas de convivencia y nuestro sistema judicial de la misma manera que ellos respetan las leyes de Estados Unidos, Inglaterra y otros países.

Ni Google, Facebook o Twitter tienen oficinas en
Venezuela.
El problema es que esas empresas operan de forma extraterritorial. No hay oficinas de Twitter, Facebook o Google en Venezuela (y ojo: "Twitven" no es una filial de Twitter). Sus oficinas, trabajadores y los grandes computadores que almacenan toda la información de esas empresas se hallan en Estados Unidos y otros países del mundo. Por ende, no hay forma de citar a sus dueños, multarlos, o exigirles que cumplan nuestras leyes. La otra medida que podría tomar Venezuela es bloquearlos: una medida totalmente antipopular y fácilmente evadible.

Pero Estados Unidos ni siquiera nos quiere permitir debatir entre nosotros sobre esta cuestión: nos tiene ocupados poniéndonos permanentemente a la defensiva, desgastando nuestros esfuerzos comunicacionales para demostrarle al mundo lo que cualquier venezolano sabe: que aquí no se censura el Internet.

Este artículo lo queremos dividir en tres partes:
  1. Mostrar que Internet en Venezuela, lejos de estar bloqueado, ha sido usado por la oposición venezolana para convocar manifestaciones violentas y de carácter anticonstitucional, que no serían permitidas en ninguna parte del mundo. Algo que no se permite en otros países (y lo demostraremos con ejemplos).
  2. Mostrar que la oposición ha usado Internet de formas absolutamente contrarias al espíritu de la libertad de expresión, usándolo para amenazar a individualidades del chavismo, divulgar sus datos personales y poner en peligro sus vidas y su integridad, lo que además viola las leyes venezolanas e internacionales, con poca anuencia de empresas que manejan redes sociales (Twitter, Facebook y otras) a la hora de procesar denuncias de amenazas, amedrentamientos y publicación de información personal.
  3. Mostrar que algunos países, como Brasil, han intentado hacer algo al respecto ante problemas similares, y sugerir humildemente a nuestros políticos y parlamentarios que unan esfuerzos con Brasil y otros países de UNASUR, CELAC y el Alba, para que podamos, todos juntos, plantarle cara a las empresas estadounidenses de redes sociales y podamos exigirles como un todo que respeten a nuestros ciudadanos y cumplan nuestras leyes.
Internet como forma de convocar "La Salida"

El Sr. John Kerry alega que el gobierno venezolano supuestamente bloquea Internet para intentar reprimir las protestas opositores. Pero todo lo contrario, las protestas de la derecha siempre se han convocado y esparcido a través de Internet, aún desde su primer día, no sólo a través de cuentas oficiales de sus movimientos estudiantiles y partidos políticos, sino con el apoyo de cuentas como las del propio Leopoldo López (que tiene 2,8 millones de seguidores), Nelson Bocaranda (1,9 millones de seguidores), La Patilla (3,7 millones de seguidores), Henrique Capriles (4,4 millones), Alberto Ravell (un millón de seguidores) o Lucio Quincio (500 mil seguidores).

Veamos algunos ejemplos.
Muchas de estas protestas aparentemente eran pacíficas, pero terminaron en hechos violentos.
Pero además, hubo convocatorias no tan pacíficas:
Sin importar lo que John Kerry diga, todo venezolano sabe que estas convocatorias a guarimbas, barricadas y protestas violentas, se han hecho a través de vía redes sociales de Internet, de forma muy irresponsable por personas ubicadas dentro o fuera del país que tienen cuentas con cientos de miles o hasta con millones de seguidores. Casi todas estas convocatorias han terminado con enfrentamientos con cuerpos de seguridad, dejando decenas de personas heridas y hasta muertos.

En el caso de personas como Robert Alonso o el salsero Willie Colón, quienes han participado activamente en realizar convocatorias violentas, todos las realizan desde los Estados Unidos, usando redes sociales establecidas en ese país. No hay registro de que algún vocero del gobierno estadounidense o de sus cuerpos policiales hayan hecho si quiera un llamado de atención a quienes realizan estas convocatorias desde su propio país.

¿Permitirían esto en sus propios países?

Lo hipócrita del asunto es que países como Estados Unidos e Inglaterra han usado todo el peso de la ley para castigar a quienes han hecho llamados a manifestaciones violentas desde sus propios países, no sólo bloqueando cuentas o borrando páginas, sino apresando a los manifestantes. Además, han contado con el completo apoyo de las empresas de redes sociales. Veamos algunos ejemplos.

Manifestaciones violentas en Inglaterra, agosto de 2011

No, no es Chacao. Es Tottenham (Inglaterra) el 7 de agosto
de 2011. Foto: DailyMail.co.uk
El 6 de agosto de 2011, Mark Duggan, un joven de 29 años padre de cuatro hijos, de raza negra, fue abatido por la Policía Metropolitana de Londres durante un tiroteo. Este hecho desencadenó una serie de disturbios violentos en todo el país, que dejaron unas 5 personas muertas y se extendieron por 6 días. Hubo incendios, saqueos y ataques a los efectivos policiales en todo el país.

Los medios de comunicación y el gobierno londinense indicaron que las protestas se esparcieron con mucha rapidez gracias al uso de redes sociales, fundamentalmente la mensajería de Blackberry, pero también "por culpa" de Facebook y Twitter.

Pocos días después de terminar los disturbios, el 16 de agosto, se conoció que "dos hombres han sido condenados a cuatro años de cárcel este martes por incitar a las protestas y a la violencia en las redes sociales, tras las revueltas que sacudieron el país la semana pasada", señala una noticia de AFP.

"Jordan Blackshaw, de 20 años, creó un evento en Facebook titulado 'Destruir la ciudad de Northwich' (noroeste de Inglaterra). Según el fiscal Martin McRobb, la página fue creada el pasado 9 de agosto. El segundo acusado, Perry Sutcliffe-Keenan, de 22 años, incitó a una protesta en su barrio de Warrington (noroeste), abriendo una página en Facebook llamada 'Organicemos una revuelta'. Los dos jóvenes han 'utilizado Facebook para organizar y orquestar graves revueltas', ha declarado el fiscal frente al tribunal de Chester, al noroeste de Inglaterra".

 Jordan Blackshaw, a la izquierda, y Perry Sutcliffe-Keenan fueron condenados
a 4 años de cárcel por llamar a manifestaciones violentas desde Facebook.
La empresa cerró las páginas creadas por ellos a solicitud de la policía local.
Señaló el fiscal McRobb que "la policía reaccionó 'rápidamente para cerrar las páginas web y asegurarse que nadie participara en estos eventos organizados. De todas formas, estos mensajes han provocado un pánico considerable y un sentimiento de revuelta en varios barrios', afirma".

David Cameron, primer ministro británico, alabó la rápida sentencia, tomada apenas una semana después de finalizados los disturbios. Indicó, según el diario Daily Mail, que el juez envió un mensaje muy claro de que la violencia desatada era el camino equivocado, y apoyó que los jóvenes fueran condenados a pesar de que sus planes hubieran llegado a nada.

"Pienso que es correcto que permitamos a los tribunales tomar este tipo de decisiones en sus sentencias", dijo Cameron. "Ellos decidieron emitir una sentencia dura y enviar un mensaje fuerte. Pienso que es correcto que los tribunales puedan hacer eso. Lo que pasó en nuestras calles fue un comportamiento absolutamente horroroso,  y el enviar un mensaje muy claro de que esto está mal y no será tolerado es lo que un sistema de justicia debería estar haciendo".

Cameron llegó al extremo de proponer al Parlamento británico legislar sobre si se debía bloquear las comunicaciones en redes sociales cuando se produzcan disturbios de este tipo, y sugirió que quienes sean hallados culpables de promover la violencia a través de Twitter, Facebook o similares deberían ser suspendidos permanentemente de estas redes, como denota este artículo de The Guardian.

Incluso señaló: "Cuando la gente usa redes sociales para la violencia, nosotros tenemos que detenerlos. Por ello, estamos trabajando con la policía, los servicios de inteligencia y la industria para ver cuándo sería correcto detener las comunicaciones de la gente a través de servicios web cuando sepamos que están planeando violencia, desórdenes y criminalidad. He preguntado a la Policía si necesitan nuevos poderes (atribuciones)". Dicho artículo indicó que Scotland Yard -la policía londinense- ha realizado una serie de arrestos a quienes habían emitido mensajes en Facebook, Twitter y mensajería de Blackberry, llamando a la violencia.

El gobierno británico se reunió el 25 de agosto de ese año con ejecutivos de Facebook, Twitter y RIM (Blackberry) para analizar los disturbios y el uso de las redes sociales en su promoción. Facebook calificó la reunión de "positiva" y adelantó que ya había tomado pasos para agilizar la eliminación de material en su red social que hiciera llamados a la violencia o fuera ofensivo.

Patrick Spence, director regional de RIM
(Blackberry) en 2011: "Estamos cooperando
 con el Ministerio del Interior de Reino Unido"
Durante las manifestaciones, la empresa Blackberry también se había comunicado con la policía británica para cooperar en brindar información sobre las personas que estaban enviando mensajes promoviendo disturbios. "¡Tremendos sapos!", dirían en Venezuela. El 8 de agosto, The Guardian informó que Patrick Spence, director regional de mercadeo de Research in Motion (RIM, entonces dueños de Blackberry), confirmó que la empresa "había contactado a la policía para ayudar con la investigación". Señaló que "nos solidarizamos con quienes se vieron impactados por los disturbios en Londres. Hemos contactado a las autoridades para ayudarles en todo lo que podamos". Indicó que RIM cumple con las leyes británicas para interceptar comunicaciones y que están cooperando con el Ministerio del Interior (Home Office) del Reino Unido.

No puedo imaginar lo que pasaría en Venezuela si la empresa Blackberry declarara que está cooperando con el ministro de Relaciones Interiores, Miguel Rodríguez Torres... posiblemente veríamos montañas de teléfonos Q5 y Z10 siendo incendiadas en Altamira.

Aún cuando diferentes organizaciones y movimientos sociales se quejaron por las afirmaciones de Cameron, no hubo acusaciones de parte de otros gobiernos -mucho menos de EEUU- de que Gran Bretaña estuviese considerando censurar Internet.  Tal parece que el cierre de cuentas de Facebook y el arresto de quienes convocan a manifestaciones violentas está bien si se hace en Inglaterra, pero está mal si ocurre en Venezuela.
Delatar los movimientos de cuerpos policiales es delito en otros países

En Estados Unidos, el revelar en las redes sociales los movimientos de los cuerpos de seguridad cuando van a controlar manifestaciones ha sido severamente castigado, aún cuando es algo normal en Venezuela. En octubre de 2009,  Elliot Madison y Michael Wallschlaeger fueron arrestados luego de que revelaran vía Twitter los movimientos de los cuerpos policiales que reprimían a los manifestantes que protestaban contra la Cumbre del G-20, que se efectuaba ese año en Pittsburg.

Más de 200 manifestantes fueron arrestados
en la cumbre del G-20. Foto: Tim Ireland/PA
Según la policía, ambas personas usaron mensajes de Twitter para contactar a los manifestantes en la cumbre e informarles de los movimientos de los cuerpos policiales "que efectuaban acciones para el cumplimiento de la ley". El lugar donde se encontraba Madison fue allanado, hallándose laptops y radios de banda ciudadana en las cuales escuchaban los mensajes de los cuerpos policiales, que en dicho país es considerado información pública. Luego, su casa fue allanada en una operación que duró 16 horas. Madison fue puesto en libertad bajo fianza, teniendo que pagar 30 mil dólares. Aquel día, también fueron arrestados unos 200 manifestantes por la Policía local.

Posteriormente se reveló que la empresa Twitter había colaborado con los cuerpos policiales en la identificación de estas personas, cerrando además las cuentas usadas. Señala un artículo del periódico Workers Vanguard: "Twitter, en cooperación con los cuerpos policiales, cerró las cuentas de los anarquistas, colocando una notificación de que 'fueron cerradas por actividades extrañas'. Esta 'actividad extraña', de acuerdo a la boleta criminal emitida en Pennsilvania, consistió en que las dos personas 'dirigían a otros, específicamente a manifestantes de la cumbre G-20, con el fin de evadir los arrestos después de que la policía les dio la orden de dispersarse'". Workers Vanguard alabó el trabajo de ambos activistas, señalando que gracias a sus alertas cientos de personas pudieron evitar ser detenidas por la policía local.

En Venezuela, durante los 3 meses que han durado las protestas violentas en Venezuela, ha sido cotidiano y "normal" que manifestantes opositores usen la red social Twitter para avisar de la inminente llegada de cuerpos policiales y de seguridad a lugares donde se producen desórdenes, guarimbas y barricadas. Aquí colocamos unos cuantos ejemplos, pero se pueden encontrar cientos o hasta miles de casos.

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Incluso periodistas opositores lo hacen desde sus cuentas oficiales, identificados con sus nombres y apellidos... no las incluimos acá para que no se diga que los estamos acosando o amedrentando a la prensa (ni tampoco estaríamos de acuerdo en que se les acuse de nada), pero el punto es que aquí se ha vuelto normal algo que en Estados Unidos es castigado severamente.

Aclaramos que esto no lo estamos denunciando para exigir que se haga lo mismo en Venezuela (lo último que necesitamos es que se comience a arrestar a quien tuitée la foto de una tanqueta de la Guardia Nacional frente a su casa). Todo lo contrario: lo denunciamos para denotar la hipocresía del Sr. John Kerry, quien desde su país acusa al nuestro de restringir Internet, aún cuando Venezuela no ha llegado a los extremos de Estados Unidos para reprimir las manifestaciones en su país. Los cuerpos policiales en Venezuela tampoco cuentan con la colaboración de empresas como Twitter, Facebook o Blackberry para cerrar las cuentas que delaten a los cuerpos policiales, ni para identificar a los que usan dichas cuentas para promover la violencia.

Llamar al Magnicidio en Twitter: Depende de si eres Obama o Maduro

Llamar al magnicidio es una acción repudiable e ilegal en la mayoría de los países. Colombia aún no se recupera de la ola de violencia tras el asesinato del candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948.

Estados Unidos se toma muy en serio las amenazas de muerte a su Primer Mandatario, así sea por redes sociales: En 2013, Jarvis Britton, de 26 años, fue condenado a un año de prisión y tres años adicionales bajo vigilancia policial, por haber dicho en Twitter que quería matar a Barack Obama. Meses antes, otro joven, Donte Jamar Sims, de 22 años, fue sentenciado a seis meses de prisión por actos similares. En 2012, Joaquin Serrapio, de 21 años, fue sentenciado a 3 años de libertad condicional tras haber amenazado a Obama en Facebook durante una visita a Miami. En 2010, Brian Dean Miller fue sentenciado a 27 meses de cárcel tras amenazar a Obama de muerte en el sitio web CraigList.

Tal vez esa sea la razón por la que hoy, 11 de mayo de 2014, cuando escribí en el buscador de Twitter la frase "kill obama" (matar a Obama) tratando de buscar algún tuit llamando a asesinar al primer mandatario estadounidense en las últimas 48 horas, prácticamente no encontré ningún resultado relevante. Desconozco si la razón es el miedo por parte de la población a enfrentarse a acciones penales, o si es que la empresa Twitter reacciona rápidamente y borra de inmediato tuits de este tipo.

Pero al buscar la frase "matar a Maduro", las cosas cambian. Estos son algunos de los tuits que aparecen entre el 9 y el 11 de mayo de 2014 al poner la frase "matar a maduro" en el buscador de Twitter.


Que personas muy jóvenes conversen sobre asesinar a nuestro Jefe de Estado de forma tan trivial, es un asunto para preocuparnos por partida doble: por un lado, preguntarnos por qué estos jóvenes hablan de esa manera sobre un tema tan grave y delicado, y por el otro lado, preguntarnos por qué una empresa privada de  redes sociales como Twitter, no reacciona con las amenazas de muerte a Maduro con la misma velocidad con la que reacciona cuando se amenaza a Obama.

Haciendo búsquedas más profundas en Twitter, encontramos tuits con imágenes aún más perniciosas contra el presidente venezolano y sus funcionarios, algunas de ellas amenazándolos con sufrir el mismo destino que sufrieron los entonces presidentes de Libia, Muhammad Ghadaffi, o de Irak, Saddam Hussein. Las reproducimos a continuación para dejar constancia de nuestros argumentos.











Es muy hipócrita que el gobierno de Estados Unidos acuse a Venezuela de violar la libertad de expresión en Internet, cuando nuestro país más bien permite que se usen redes sociales establecidas en suelo estadounidense para convocar protestas violentas que han alterado la paz de nuestro país por 90 días, y además para amenazar de muerte y llamar a asesinar a nuestros líderes de una forma tan clara.

Sólo por no dejar, coloqué "kill john kerry" en el buscador de Twitter a ver qué aparecía. Y nuevamente, no encontré ni un sólo tuit llamando a asesinar al Secretario de Estado norteamericano. Lo que sí encontré fue tuits enviados a John Kerry desde Ucrania, de niños pidiéndole que por favor no los maten.

Niños ucranianos piden a John Kerry que no los mate

España y los tuits llamando al asesinato

En Venezuela tendemos a trivializar estas amenazas de muerte, ya que tendemos a suponer que se trata de jóvenes de 17 a 20 años, "malandritos de teclado" que desatan sus molestias a través de las redes sociales y que difícilmente se atreverían a tomar un arma en el "mundo real" para asesinar a alguien. Ojalá siempre sea así. Pero en otros países, como España, estas amenazas no se toman de forma trivial.

El pasado 28 de abril de 2014, la Guardia Civil española anunció el arresto de 21 personas por haber usado las redes sociales para enaltecer el terrorismo o promover asesinatos. Algunos de los tuits son muy parecidos a los que estamos acostumbrados a ver en Venezuela.

En uno de los tuits que causó los arrestos, se lee: "Vuestros muertos son nuestra alegría y nuestra diversión", mientras se mostraba la foto del funeral de Fernando Trapero, un guardia civil asesinado por ETA en 2007.  Otro de los tuits decía: "Lástima que ya no haya ETA para que seas la nueva Irene Villa", en referencia a una periodista española que perdió sus dos piernas en un atentado de esa organización. Otra persona arrestada había tuiteado: "El próximo 13 de mayo sería el cumpleaños de Miguel Ángel Blanco, pero oooh ETA le metió dos tiros en la chola #quesejoda #pudrete". Blanco era un concejal del Partido Popular, asesinado en 1997.

En Venezuela, desafortunadamente, tuits parecidos a los anteriores se han vuelto muy comunes. Estos son sólo algunos de los que hemos podido hallar, alegrándose o apoyando la muerte de varios efectivos de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) o el reciente asesinato del concejal y presidente del Concejo Municipal de Caracas, Eliécer Otaiza.


Otro comentario publicado en la red social Twitter, de otra de las 21 personas que fue arrestada en España, decía: "Lo mejor que nos podría ocurrir es la vuelta de ETA a las armas y posterior eliminación del Partido Popular a base de bombas y tiros en la nuca". Parecido a esto:


Incluso se ha llegado en Venezuela a los extremos de publicar esquemas de los vehículos blindados y tanquetas usadas por la Guardia Nacional Bolivariana, indicando dónde lanzar las bombas molotovs contra ellas para causarles el mayor daño posible, poniendo en peligro la vida de sus ocupantes. 
Es de notar que estas tanquetas sólo lanzan gases lacrimógenos y la GNB tiene estrictas órdenes de usar únicamente armamento no letal. Los poquísimos casos donde esta orden ha sido desobedecida han sido castigados contundentemente.
Con esto, no estamos sugiriendo que se tomen en Venezuela medidas similares a las que toman España, Estados Unidos o Inglaterra contra sus ciudadanos (aunque sí sería interesante abrir la discusión sobre estos temas). Nuestra principal intención es denotar la hipocresía de las potencias y de quienes alegan que en Venezuela se está censurando las redes sociales y el Internet, cuando en realidad pasa todo lo contrario: encontramos personas haciendo llamados a través de Twitter y Facebook que serían absolutamente inaceptables en países como Estados Unidos, Inglaterra o España, y que acarrearían prisión de inmediato a quienes lo hagan.

Dar direcciones y datos privados de chavistas y llamar a atacarlos

Tal vez una de las acciones más reprochables que ha cometido la oposición abusando de su libertad de expresión en las redes sociales, es el uso de cuentas con una gran cantidad de seguidores para esparcir información sobre personas que apoyan al proceso revolucionario y viven en zonas de clase media, con el objetivo de amedrentarlos y evitar que denuncien los hechos delictivos que la oposición violenta realiza en la zona. Es algo que se ha hecho incluso con periodistas de medios públicos, y donde no ha habido solidaridad de ninguno de los organismos gremiales que responden inmediatamente cuando un periodista opositor es atacado.

Uno de los casos más repudiables de intimidación ocurrió el pasado 26 de abril, cuando un grupo de adolescentes y jóvenes guarimberos intentaron bloquear de forma violenta la autopista Prados del Este, en el sureste de Caracas, casi todos preparados con bombas molotovs y otros artilugios para enfrentar a la policía. La Guardia Nacional Bolivariana los interceptó a tiempo, y los jóvenes huyeron hacia el barrio El Güire, penetrando en las casas de numerosas personas para intentar refugiarse y evitar ser detenidos por la GNB.

Barrio El Güire, en Santa Fe
¿Qué haría usted si una persona desconocida irrumpe en su hogar de forma violenta sin su consentimiento? ¿No haría cualquier cosa para sacarlo de allí? De hecho, en la Patria de John Kerry, la Segunda Enmienda de su Constitución permite a los estadounidenses poseer armas y existen leyes en la mayor parte del país (llamadas "Stand your ground" en algunos lugares) que autorizan a una persona a disparar contra quien ingrese por la fuerza a su hogar.

Varios de los habitantes de El Güire decidieron entregar los guarimberos invasores a la GNB, o llamaron a la Guardia para pedirles que sacaran a los guarimberos de sus casas. En total, hubo 18 detenidos ese día.

Algunos periodistas grabaron a los habitantes de El Güire con sus cámaras GoPro; aquí en Venezuela hay fotorreporteros, casi todos ligados a medios de oposición, quienes acuden a las guarimbas grabando todo permanentemente con pequeñas camaritas GoPro, creadas originalmente para grabar deportes extremos. Luego publican videos presentándolos como héroes.


Estos periodistas subieron los videos a Youtube y a sitios como La Patilla. De allí, gente inescrupulosa de oposición tomó las imágenes de los habitantes de El Güire y comenzaron a difundirlas por redes sociales con el fin de identificarlos. Algunos así lo hicieron, y comenzaron a divulgar sus datos personales (cédula de identidad, nombre completo, dirección de su hogar, lugar de trabajo, fotos con otras personas y otros datos), llamándolos "sapos": una forma muy ruda en Venezuela para referirse a los delatores, y prácticamente una sentencia de muerte en ciertos espacios.

Cientos de cuentas de Twitter participaron en la campaña mostrando fotos y datos personales de los habitantes de El Güire. El más notorio de ellos fue el salsero Willie Colón, desde su cuenta oficial con 2,6 millones de seguidores, y quien comenzó a participar en esta campaña esparciendo los datos de estas y otras personas por haber pedido a la Guardia Nacional sacar a jóvenes guarimberos que habían invadido sus hogares.

Compartimos dos de los tuits que emitió Willie Colón, no sin antes indicar que él lanzó decenas de tuits aquel día. Hemos difuminado de los tuits los los nombres, direcciones y rostros de las personas cuyos datos fueron divulgados.



Es necesario indicar que, para el momento de escribirse este artículo (13 de mayo), ninguno de los tuits de Willie Colón o de otras personas publicando datos personales de los habitantes de El Güire habían sido eliminados por la empresa Twitter, quien paradójicamente recomienda a las personas que formulan denuncias acudir a las autoridades locales. Pero, si las autoridades venezolanas exigen a Twitter borrar estos mensajes, la empresa acusará al país de fomentar la censura en Internet.

No es de extrañar que el diario El Correo del Orinoco señale los graves problemas de convivencia desatados a partir de los ocurrido aquel 26 de abril. Un vecino chavista, quien pidió no ser identificado y que no estaba en su casa aquel día, señala que los daños a su hogar por la incursión de los guarimberos le ocasionaron gastos por Bs. 30 mil, pero que sus propios vecinos se volvieron contra él por el simple hecho de tener una postura política distinta y criticar lo que ocurrió. "Fui la casa más afectada y, con todo y eso, algunos de mis vecinos de años, a quienes conozco desde que nací, y que me crié con ellos, me amenazaron; también, a las personas que me ayudaron a reparar mi vivienda”.

“Tengo entendido que agarraron a 18 de los manifestantes, pero lo curioso es que los mismos vecinos, mis vecinos, ahora son capaces de amenazar de muerte a los que antes eran sus amigos”, indicó este vecino de 40 años, todos vividos en El Güire. “Son los más radicales opositores al Gobierno los que hoy en día están publicando fotos y por Facebook y amenazan de muerte a sus vecinos”, subrayó. “Antes no era así”, aseguró, y agregó que, a pesar de que entre ellos se conocían las tendencias políticas, “se podía convivir”.

Alguien podría decir que, al atacar a Twitter y Facebook, estamos atacando al mensajero. Pero el hecho es que, si estos hechos hubieran ocurrido en Estados Unidos o Inglaterra, la empresa Twitter hubiera respondido con celeridad borrando los datos personales, las amenazas y los mensajes instigando a la violencia de unos vecinos contra otros. Ese es el problema de fondo aquí: la empresa Twitter (y demás empresas de redes sociales) no obedecen leyes elementales de nuestro país, y terminan convirtiéndose en un elemento multiplicador de la agresividad y el odio político.

Para muestra, muchos botones: esta es una pequeña muestra de imágenes de otros partidarios del chavismo a quienes se ha atacado desde redes sociales como Twitter, colocando sus fotos, nombre completo, dirección de su vivienda y otros datos personales, e instigando a atacarlos y agredirlos.




Hemos difuminado las fotos para no revelar la información privada de estas personas. Y reiteramos: es una pequeña muestra. Son cientos de casos. La empresa Twitter, en la gran mayoría de los casos, sólo recomienda contactar a "las autoridades locales" y no toma medidas, ni mucho menos elimina los tuits o sanciona las cuentas involucradas.




¿Qué hacer?

Es importante que las y los venezolanos comencemos a discutir no sólo las bondades, sino los peligros y amenazas que las empresas de redes sociales causan en nuestra vida diaria. Y uno de los problemas más graves es el hecho de que este tipo de empresas deberían estar obligadas a obedecer las leyes venezolanas y rendir cuentas al pueblo venezolano, pero no lo hacen por estar radicadas en otro país.

Tiene que abrirse la discusión al respecto. El objetivo no debe ser prohibir, censurar, bloquear, pero sí exigir que nuestra vida no sea alterada por un grupo mínimo de personas que desean escudarse en el anonimato para decir, a través de las empresas de redes sociales, lo que no se atreverían a decir en persona o lo que está prohibido decir en los medios tradicionales de cualquier país del mundo.

El peligro de esta situación se demostró en Ruanda en 1994, cuando el odio promovido a través de medios de comunicación (en ese momento la radio) causó un genocidio que costó la vida a casi un millón de personas. ¿Habrá que esperar a que hayan muertos por las amenazas y el odio infundido a través de cuentas en las redes sociales, para empezar a discutir el tema?

Pues recordemos que hay tuits muy famosos, que ya han costado la vida de varias personas en nuestro país.

Los comentarios irresponsables del periodista Nelson Bocaranda,
quien tiene casi 2 millones de seguidores en su cuenta de Twitter,
ocasionaron ataques en abril de 2013 contra centros de salud
(CDI) del Estado. 
Los consejos del general retirado Angel Vivas sobre
la colocación de alambres o guayas atravesando avenidas
y vías públicas han costado la vida de varios motorizados
que han impactado contra ellas, siendo Elvis Durán
el caso más conocido.
Brasil ha tenido sus discusiones sobre el tema de Internet, motivadas en las revelaciones de Edward Snowden, de que su gobierno ha sido espiado en numerosas ocasiones por la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense. Un tema que también debería preocuparnos a nosotros.

Por esa razón, el gobierno de Dilma Rousseff discutió y aprobó el pasado mes de marzo el Marco Civil de Internet, un conjunto de normas relacionadas con las empresas de Internet, que busca entre otros objetivos garantizar la neutralidad de la red y el derecho a la privacidad de las comunicaciones. Puede consultar una traducción no oficial al español haciendo click aquí.

Hay que destacar que el Marco Civil de Internet se discutió durante varios meses y en principio buscaba ser más radical. Por ejemplo, inicialmente se planteó que empresas como Google, Facebook y Twitter debían instalar centros de datos en territorio brasileño, con el fin de almacenar la información de los habitantes de ese país en su propio territorio y no en los Estados Unidos u otros países extranjeros. Esta hubiera sido una excelente muestra de soberanía e independencia tecnológica, pero dicha opción tuvo que ser desechada, al menos por ahora.


Finalmente, se aprobó el artículo 11, que dice: "En cualquier operación de recolección, almacenamiento, protección o tratamiento de registros, datos personales o de comunicaciones por proveedores de conexión y de aplicaciones de internet en las que por lo menos uno de estos actos ocurra en territorio nacional, deberá ser obligatoriamente respetada la legislación brasilera, los derechos a la privacidad y a la protección de los datos personales y al secreto de las comunicaciones privadas y de los registros. Lo dispuesto en el artículo se aplica a los datos recolectados en territorio nacional y al contenido de las comunicaciones en las cuales por lo menos uno de los dos está localizado en Brasil."

En otras palabras: Brasil obliga a Twitter, Facebook y Google a cumplir con su legislación, aún estando esas empresas radicadas en otras naciones. Venezuela debe seguir su ejemplo.

El Marco Civil de Internet  también prevé, en el artículo 12, diferentes sanciones para las empresas que violen estas normas, que deberán aplicarse de forma progresiva: desde advertencias, multas, suspensión temporal de las actividades o prohibición completa del ejercicio de actividades, y también se aplica a empresas de Internet radicadas en otros países. Es decir: Brasil sí le da la potestad a sus tribunales de llegar al bloqueo total a una página o servicio web como Twitter o Facebook si éste decide, en reiteradas ocasiones, no obedecer a los tribunales brasileños.  No he escuchado quejas de ningún país al respecto.

Esta es una excelente oportunidad de unirnos como países latinoamericanos, a través de organismos multilaterales como Unasur, Mercosur, el Alba, Celac y otros para generar una legislación común que confronte a las grandes transnacionales de Internet y les ponga coto. ¡Es hora de ponernos en pie y demostrarles que sí tenemos soberanía y dignidad! No esperemos a que ocurran tragedias peores para decidir hacer algo.

jueves, 10 de abril de 2014

La «Guarimba» o el Terror Pánico


José Javier León
23-31/03/2014
«…los empresarios no fijaban los precios de acuerdo con la oferta y la demanda, como sostenía la economía neoclásica, sino que fijaban los precios por el procedimiento de sumar a los costes de producción un beneficio satisfactorio»
Frederic S. Lee, en «La economía poskeynesiana (1930-2000)». Entender el capitalismo, Ediciones Bellaterra, Barcelona, España, 2003, Pp. 129-154
«La relación entre rebeliones y sentimiento de inseguridad puede esclarecerse aún más mediante una nueva aproximación que hará resaltar ahora un frecuente vínculo entre las violencias colectivas y la ansiedad mal definida suscitada por un vacío de poder, lo que puede hacer que esta ansiedad gane a personas normalmente integradas a la sociedad»
Jean Delameau, El miedo en Occidente, Ediciones Taurus, 2005, p. 241)
Hace un tiempo reflexioné sobre el cuerpo y la política[1] y, aunque ya lo pensaba no llegué a escribir sobre una idea complementaria un tanto peregrina: que las «huelgas de hambre» a las que se sumaban como lluvia o goteo distintos miembros de la oposición –más allá de que, si acaso eran huelgas en absoluto eran de hambre- representaban el síntoma de una idea sobre el cuerpo-en-la-política que estaba incubándose en nuestra sociedad neoliberalizada; porque Venezuela no escapa como se pudiera creer distraídamente, a una tendencia mundial: efectivamente y pese a la madurez de la revolución bolivariana (o tal vez por eso mismo) la política es presionada por el capitalismo financiero que hace brotar con fuerza inusitada corrientes neofascistas.
El punto es que, así me decía, la «huelga de hambre» es una manera de ex-poner el cuerpo, de pre-sentarlo frente al poder omnímodo (pero sobre todo) omnívoro del Estado, fachada represiva del Capital. Ante el Estado Capitalista absolutizado, expongo mi cuerpo y comienzo a vaciarlo poco a poco de vida hasta llevarlo al límite. No tengo más sino mi pellejo, y es eso lo que le devuelvo al Capital, explotado ahora sí hasta sus últimas consecuencias.
Claro está, lo anterior no puede repetirse ni ser usado para explicar las huelgas de hambre de la derecha, en verdad puestas en escena bufas con las que incluso payaseó ese nefasto personaje de la más rancia y criminal historia política venezolana, Antonio Ledezma.
Aquí no hay un Estado que sirva de parabán para las operaciones de las trasnacionales, o que esté comprometido carnalmente con ellas, ni son políticas del Estado las estrategias hambreadoras del FMI. Obviamente que no serán sino obras de teatro las referidas huelgas, en verdad antípodas de las conclusivas de hambre con las que se enfrentan con dignidad seres humanos reducidos a un cuerpo exangüe como único y último recurso.
Esto lo recordé contemplando el espectáculo de las «guarimbas», en especial porque han significado el auto-enclaustramiento violento de un sector social que hoy expresa su miedo traducido en odio (y viceversa), levantando barricadas e incendiando, taponando los accesos a y las salidas de ¡sus propias urbanizaciones!
No entran en esta explicación las trancas en carreteras y avenidas principales que no son expresiones del cuerpo (o yo no las incluiría en el ámbito de la bio-política, al menos de manera directa) sino estrategias de subversión y terrorismo en contra del Estado revolucionario. Muy distintas por cierto, a las trancas de vías contra la circulación del Capital que ejercen los pueblos, los indígenas y campesinos en los países donde el neoliberalismo campea. Por ejemplo, véase una de las muchas reseñas sobre las trancas de vías en el Paro Agrario colombiano en agosto de 2013:  «Conflicto colombiano llegó a su quinto día sin acuerdos»[2]:
«Por un lado, Carrillo aseguró que “no habrá diálogos si persisten los campesinos en las vías y los problemas de orden público”, ofreciéndose él como garante del proceso de mediación entre los campesinos y el presidente Juan Manuel Santos. Por su parte, los paperos respondieron que no están dispuestos a desbloquear las vías, sin antes lograr acercamientos que permitan solucionar problemas relacionados con los tratados de libre comercio, el precio de los combustibles, las importaciones de leche, los precios de sustentación de productos como la papa, abonos y pesticidas
En nuestro país al revés, estas trancan ocurren en los tramos de carreteras y autopistas que surcan urbanizaciones de clase media y alta, no con el fin de ponerle un freno a la circulación de bienes y servicios del capital en defensa de los comunes y públicos, sino para crear situaciones de colapso y caos que sirvan de caldo de cultivo para una violencia en escalada.
Hablaré entonces, de lo que se dio en llamar «guarimbas», estrategia de violencia focalizada consistente en bloquear accesos en calles y urbanizaciones, especialmente en zonas de clase media y clase media alta. Naturalmente se debían registrar allí por dos razones: la densidad en el uso de redes sociales, a la postre «lugar» sin lugar desde donde dimana viralmente el «liderazgo» que llama y convoca a las «protestas». La otra, que en dichas zonas se concentra la oposición electoral, coincidiendo el alto nivel de consolidación urbana, la concentración de clase media y media alta, con redes y afectos electorales, por supuesto, emulsionado todo por una animadversión enfermiza, mórbida, si se quiere clínica, contra el gobierno inficionada a través de los medios.
Por otro lado, controlar el acceso inequitativo o desigual a las riquezas nacionales creó no sólo una clase enriquecida sino privilegiada, y es precisamente sobre la base de los privilegios que se levanta todo el aparataje –especialmente simbólico- de «costos» y precios de las mercancías, bienes y servicios. Aparato que los economistas justifican escamoteando la realidad, encubriéndola con silogismos matemático-abstractos. Lo real es que el acceso a los bienes y servicios está determinado por la construcción ideológica de los privilegios, racismo mediante.
Pues bien, lo que el guarimbero promedio siente es que la tasa de privilegios desciende dramáticamente y por lo tanto, el valor de las cosas. Ha empezado a sentir que ya no podrá acceder exclusiva ni privilegiadamente a ciertos bienes y servicios y eso, en consecuencia, repercute en el valor de los bienes y servicios que coloca (o de los cuales se sirve) en el mercado, menos para compra y venta (eso en verdad está en un segundo plano) que para exponer o poner de manifiesto su estatus social.
Al descender las cotas de privilegio y en consecuencia, al descender el valor de los bienes y servicios, el guarimbero promedio siente que la cantidad y la calidad de lo que recibe (y siente además, que debe recibir por su situación privilegiada) a través del cordón umbilical que lo une al mercado comenzará a bajar. He allí la fuente de su terror. Un terror en parte fundado, en parte infundado. Fundado porque siente que en verdad es un privilegiado, y que el mundo se hizo para él y a su medida. Infundado porque realmente el mundo es de todos y no de unos pocos, y tendrá la calidad y cantidad relativa y proporcional a su trabajo. (Por cierto, el trabajo es verdaderamente un valor propio del socialismo, porque el capitalismo niega el trabajo y lo envilece; la explotación ha subsumido el trabajo dejándolo sin sentido, por lo que el explotado no es un trabajador en sentido estricto sino un esclavo). Claro, esta verdad simple como un sol, es la verdad del socialismo, el coco con que los guarimberos promedios son asediados por los medios y redes de comunicación.
Según veo las cosas, este es el núcleo central del conflicto: la idea, la creencia de una clase de que el privilegio y por ende el acceso privilegiado a determinados bienes y servicios que detentan y de alguna manera ostentan su estatus es parte de su condición o la constituye. Si este acceso se abre, democratiza o peor, se populariza, la fuente del valor –el privilegio- pierde su capacidad de performar el valor. Si no hay privilegio, el valor de las cosas tiende a la baja. Y si el valor de las cosas baja lo harán en consecuencia los precios, lo cual abrirá las alamedas del consumo, del acceso popular a dichos bienes y servicios.
El malestar que la Ley de Costos y Precios Justos provoca en el seno de la clase media y alta que expresó su pánico en las guarimbas, lo denunció con calmoso tino Leopoldo Puchi en un artículo titulado precisamente: «¿Por qué no aceptan el 30%?»: «No es válido, dijo, incendiar la nación porque se hayan limitado las ganancias a un máximo de 30%.»[3]
Para los privilegiados que han jugado a la especulación no debe existir, pues, nada peor que una ley que lleve equilibrio y razón a un ámbito donde ha reinado a placer la arbitrariedad y la imposición superficial de un estilo y modo de vida, mientras abajo, las presiones sociales se manejaron con represión, con fuerza directa y bruta. Vale la pena citar en extenso a Orlando Araujo cuando explica el Cadivismo claro está, sin que existiera el hoy difunto Cadivi, allá por los años 60, en un libro estremecedor titulado Venezuela violenta[4] lo que demuestra por si faltara más que la burguesía parásita que aupó las guarimbas es la misma y ha sido la de siempre:
El mecanismo es sencillo como corresponde a una economía colonial: las empresas extranjeras traen dólares para costear los impuestos y los servicios requeridos por la extracción del petróleo, el gobierno gasta la renta percibida en servicios y obras públicas, la minoría perceptora de estos ingresos, a su vez, vuelca su nuevo poder adquisitivo en todo género de consumos, servidos por un comercio que de este modo, transfiere riqueza al exterior y acumula capitales en el sector.
Es un círculo continuo, cerrado, vicioso. Es el círculo de la riqueza y del poder económico concentrados. Los ahorros acumulados en este círculo no van a la agricultura, muy al contrario, los excedentes precarios de esa agricultura, que sigue siendo feudal, convergen también a ese círculo que los emplea en su propio fortalecimiento y en el refinamiento de sus consumos lujosos.
Una oligarquía de comerciantes y de banqueros van entonces prosperando y acumulando un poderío económico que se traduce en poderío político y que se refleja en la vida institucional. No es una clase creadora de riqueza como históricamente fue la burguesía en las primeras etapas del capitalismo. Esta clase no inicia el capitalismo en Venezuela, es sencillamente la proyección colonial de un sistema capitalista foráneo más avanzado. Su papel es el de un agente de ese capitalismo, su función es intermediaria y su poder económico es derivado de otro fundamental y mayor. Sus ingresos no provienen de una combinación arriesgada de factores de producción sino de una comisión: la comisión del intermediario que compra afuera y vende adentro. No es, pues, una burguesía productora sino una burguesía estéril.
La ideología de esta clase refleja necesariamente su ser social. Es la ideología que, dentro de una economía colonialista, conviene a los intereses de la clase asociada al sistema capitalista extranjero. Es la proyección ideológica de este sistema que va encarnando en leyes, instituciones, doctrinas, hábitos y en formas múltiples de la vida política, social y cultural del país colonizado (Araujo, Venezuela violenta, 2010. El Perro y La Rana, Caracas, pp. 149-150).
Si todos tenemos el mismo acceso, nadie es, en principio, social y económicamente distinto. Por lo tanto, el poder se democratiza porque nadie estará por encima. He aquí el quid del asunto: quienes detentan el acceso privilegiado a los bienes han construido ideológicamente (y refrendado religiosa y filosóficamente, con prejuicios disfrazados de ciencia y conocimiento) dicho acceso, limitándolo (cercándolo) con acciones determinadas, concretas, precisas. Acciones sobre las cuales han tendido operaciones discursivas, repito, de diversa índole con el fin de erigir su legitimidad de manera incontrastable.
Pero, cuando son otras las operaciones de legitimación, es decir, cuando lo que se consideraba privilegiado ya no lo es, y por tanto, los controles para el acceso son levantados por un accionar político de signo distinto al que venía operando; cuando el acceso se abre, populariza o democratiza, son otros los elementos que se privilegian: lo colectivo, lo público, lo social. El mercado capitalista se resiente y el valor de las cosas (para el mercado) disminuye. Crece el valor social, pero éste no se expresa en los mismos términos que en el mercado. El valor social no tiene tasa ni medida en el mercado. De modo que el precio de las cosas depende de operaciones ahora sí de intercambio, marcadas por la necesidad, vale decir, por el uso.
En el marco del socialismo los precios tienden a la baja (de ahí que la inflación aquí sea inducida de lo cual los venezolanos tenemos pruebas fehacientes…), por eso es tan importante en un país en transición, para la clase media y alta, contar con fugas, con grietas, con mecanismos de valorización que eleven los precios, es decir, que rompan los controles para seguir imponiendo la hegemonía del privilegio, la expresión consumista de la «meritocracia», palabreja por cierto referida a la «élite» petrolera que se puso de moda en los escenarios de conflictividad golpista del 2002 y 2003.
La operación consiste en poner a valer las cosas según mecanismos de valorización ajenos al circuito endógeno, lo que consistió en recurrir al dólar no oficial, el cual elevaba demencialmente los precios de manera de generar un acceso ultra-exclusivo a bienes y servicios.
Se trataba sin duda de una acción desesperada y sin demasiado futuro que el gobierno atacó en diciembre con sorpresivas y contundentes fiscalizaciones, por lo que hubo que precipitar no más entrado el mes de febrero las acciones golpistas, respaldadas por ese sector de la oposición –específicamente guarimbera- que le hizo el juego a los operadores del golpe dándole rienda suelta al terror pánico a la pérdida de privilegios. La violencia desatada era el caldo de cultivo social para en-cubrir las acciones militares, para-militares, terroristas y «políticas» de los golpistas (del otro re-cubrimiento se encargaría la coalición internacional de medios de comunicación, con CNN a la cabeza…) internos e internacionales interesados en el control privilegiado de los recursos naturales del país, control en suma, que producirá el desequilibrio, la inequidad: esto es, los fundamentos del capitalismo.
La guarimba es pues, encerrarse, quedar dentro de una matriz, conectarse a las redes para poder respirar, acudir a la despensa preparada, atiborrada para la guerra, y esperar, adentro, en el regazo materno, en el líquido amniótico de la dependencia al capital, que el Gobierno, allá afuera, donde viven los otros, allá en la sociedad de lo social, en la sociedad «colectiva» (infestada de terribles «colectivos»), caiga, se derrumbe.
Pero el gobierno no cayó en el tiempo estimado. Y el cordón umbilical necesariamente hubo de ser restituido pese a los esfuerzos de diversos voceros a través de las redes; a pesar de la inflación de tendencias y opiniones falsas, de las mentiras virales que circularon prácticamente sin cortafuegos, de las «declaraciones» del propio Imperio –que se ha tomado la molestia de atacarnos- y que naturalmente insuflan e inflan con su injerencia la violencia –localizada, focalizada, pero agigantada mediáticamente. No obstante, ha sido necesario pese a todo, abrir primero un canal, luego el otro, retirar, recoger, apartar basura, y la vida definitivamente le pasó por encima a las barricadas, comenzó a fluir…
Pero hay algo, insisto, que la guarimba entraña. El miedo a perder la conexión umbilical con el mercado; cordón que la alienación y la ideología del capital sistemáticamente oculta a las masas de consumidores acomodados, que dependen como del aire para respirar del mercado. Frente al avance del socialismo, la clase dependiente avizora un acotamiento de sus privilegios, los cuales nacen precisamente de la desigualdad social que, a su vez, es fruto del control social de las riquezas y los bienes nacionales. El mecanismo de control social que impone el mercado al consumidor lo obliga a actuar de manera individual a través del salario y el contrato.
El capitalismo rompe, desquicia la vida gregaria y comunitaria, y retrotrae al ser humano al momento primordial de la soledad frente a un todo hostil que se yergue incomprensible e impenetrable. Por cierto, ¿no forma parte del miedo individual aferrarse a Dios como único Salvador –algo que la Iglesia desde la Inquisición manipula-, y en cambio la vida en comunidad deviene panteísta o, como decían los cronistas de las indígenas, sociedades sin Dios, ni moneda, ni Ley?
El mercado, dice Enzo Del Búfalo «tiende a colapsar la sociedad en el individuo aislado y pasivo, desintegrándola en un universo de mónadas impracticable»[5]. En este escenario de miedo y violencia, la única arma con la que cuenta es el salario (y en el mejor de los casos bonos, premios a la productividad, pagos extras), la posibilidad de consumo –de salvar la vida- personal e individual. El capital convence al trabajador por la vía de los hechos de que la unión y creación de organizaciones lo alejará del salario puesto que éste es un asunto personal y privado, que sólo a él y a su patrón atañen. De ahí la fobia intrínseca a los sindicatos, pero también a cualquier forma colectiva de organización. El Estado –socialista- claro está, favorece las organizaciones, los colectivos, el trabajo mancomunado, porque parte del principio también antiguo, de que la fuerza está en la unidad del grupo. El capitalismo promovió la desagregación, el rompimiento de los lazos comunitarios, la desestructuración de la comunidad y de la vida comunitaria.
En definitiva es la persona y ella sola la que debe velar por su seguridad, de ahí el apego a las armas de uso personal en una sociedad como la norteamericana donde las caseras alcanzan cotas paroxísticas. El miedo a que sea cortado el cordón obviamente genera acciones violentas, dirigidas en especial contra todos los signos (objetos, personas, instituciones) que representan al Estado entendido como enemigo del mercado, y por ende, de los que de él -del Estado- dependen.
El capital se sostiene sobre la ficción de que paga a los trabajadores un salario justo, de modo que el trabajador siente profundamente que su vida pende del salario. Además, está convencido de que su salario es proporcional a su trabajo y, mientras más trabaja, más riqueza produce a la empresa, la cual lo recompensará mejorando el salario, generando un círculo para el trabajador, virtuoso, de dependencia. Mas lo cierto, es que el salario esconde y escamotea la explotación, vale decir la plusvalía. El trabajador es explotado y obligado a vivir en vilo, al filo de un salario que puede fluctuar pero, a la hora de la chiquita, desaparecer, dejando al trabajador en el aire, en la completa desesperación.
En un gobierno como el bolivariano se han creado, sin embargo, una serie de leyes que protegen al trabajador, al trabajo y al salario, pero la guerra contra el Estado hace que muchos trabajadores confíen más en el explotador que en el Estado que lo protege de manera integral. Es por ello que la guerra ha tocado en especial a los pequeños y medianos empresarios, presionados desde arriba por la posibilidad de altos ingresos rápidos y, desde abajo, por las mejoras laborales y salariales de sus empleados.
La guarimba se instaló en el compás mental de este sector de la burguesía parásita o estéril, que maneja nóminas y se cree por tanto liberado de rendir cuentas al dueño del capital, sin entender –políticamente- que forma parte del correaje capitalista. Es este sector el que con más fuerza tilda de «enchufados» a los que dependen de un salario proveniente del Estado como patrono. En el fondo, envidian la seguridad que proporciona el salario estatal, y denigran de la supuesta improductividad de las «empresas del Estado», comparándolas con la «productividad» capitalista… La rabia desatada contra el Estado y todo lo que lo represente, es consecuencia del miedo atávico a la inseguridad frente a la incertidumbre. El asalariado capitalista vive el miedo arcano de nuestros arquetípicos antepasados frente a la noche y las bestias. La seguridad provendría del grupo, de la comunidad, pero esta ha desaparecido –y su restitución hoy entraña todo un proyecto civilizatorio enunciado en el Buen Vivir o pachamamismo, es decir, la insurgencia de las corrientes indígenas que animan el eco-socialismo- y lo único que (le) queda es el salario como puente a la sobrevivencia.  
El guarimbero promedio –sin guarimbas- vive ahora en el espesor cotidiano del pánico, ha sufrido una «aprensión demasiado prolongada (que lo ha conducido a) un estado de desorientación y de inadaptación, una ceguera afectiva, una proliferación peligrosa de lo imaginario (y a) desencadenar un mecanismo involutivo por la instalación de un clima interior de inseguridad» (Delomeau, 2005:33). En efecto, «Las colectividades mal-amadas de la historia son comparables a niños privados de amor materno y en cualquier caso se hallan situadas fuera de las puertas de la sociedad; por eso se convierten en clases peligrosas (…) Este rechazo del amor y de la ‘relación’ no deja de engendrar miedo y odio» (Delameau, 2005:34); porque «Las inhibiciones, carencias de afecto, represiones, fracasos, sufridos por un grupo acumulan en él cargas de rencor susceptibles un día de explotar» (Delameau, 2005:36-37).

Esto confirma lo que hay detrás de las campañas mediáticas que llevan a personas que prácticamente lo tienen todo y en abundancia, a creer que nada tienen y que lo que tienen, lo perderán… incluso la potestad de los hijos…
El guarimbero promedio mal-amado, niño privado de afecto, saturado de «represiones y fracasos» ha sido llevado hoy por la derecha internacional a «movilizaciones de energía», pánicos, revueltas, y se le ha instalado en un «clima de ansiedad, de neurosis incluso, capaz por sí mismo de resolverse más tarde en explosiones violentas o en persecuciones de chivos expiatorios» (Delameau, 2005:37). Cito para que veamos la operación sicológica que subyace en las guarimbas y en el terror pánico al Otro, a lo Colectivo Indeterminado.
Para alcanzar la paz, la estrategia debe estar fundada en el amor, en la construcción política de los afectos; no puede ser afectación pasajera sino –quién lo iba a creer- política de Estado. Otra vez Chávez, y su crucifijo…
Decía el Che, ya para terminar: «Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor.»[6]

[1] Lo hice en un texto titulado «Chávez hecho millones. Cuerpo y Política», y que puede ser leído en http://josejavierleon.blogspot.com/2014/03/chavez-hecho-millones.html
[5] Enzo Del Búfalo, 1998, Individuo, mercado y utopía, Monte Ávila, Caracas

domingo, 2 de marzo de 2014

Néstor Francia contra los criticones de la izquierda habladora de paja


La ultraizquierda dogmática y minoritaria, aislada del pueblo y agazapada lamentablemente en Aporrea, dispara sus dardos contra Nicolás Maduro, emulando a los opinadores de la derecha (aunque con argumentos diferentes, es verdad). Casi todos hablan con tono pontificador y poses de sabihondos. Ven pequeños burgueses por todos lados, pero ellos mismos son presas del subjetivismo pequeño burgués. Lo cierto es que demuestran gran ignorancia de la historia, incluso de la más reciente, y una asombrosa ceguera que les impide ver la terca realidad.

Ahora cargan con furia y presentan a Maduro como un traidor al legado de Chávez por haber convocado la Conferencia Nacional por la Paz. Para ello echan mano de un recetario socialista libresco y maniqueo.
¿Tiene el tema de la paz relación con la lucha de clases? Por supuesto que sí, pero no en el sentido simplón de estos revolucionarios sin pueblo (a menos que se crea que el pueblo son los pocos miles de lectores de Aporrea, sin desmeritar a este medio que promueve el debate interno, como debe ser). Lo de sin pueblo tiene que ver además con el hecho de que no es necesario hacer encuestas para saber que el pueblo mayoritario respalda esa iniciativa de Maduro, basta con conocer encuestas anteriores para inferir la opinión de la mayoría.

Veamos algunos ejemplos de cómo han manejado grandes líderes revolucionarios, con gran flexibilidad táctica, el tema de la paz, así como diversas alianzas con la burguesía e inclusive con actores imperialistas. Son varios:

1.- El Tratado de Brest-Litovsk
Uno de los acontecimientos que influyó notablemente en el desenlace victorioso de la Revolución Soviética fue la Primera Guerra Mundial. La entrada del Imperio zarista en la Primera Guerra Mundial incrementó la pobreza y los sufrimientos del pueblo ruso. Las derrotas militares exacerbaron el descontento de las masas populares. El descontento popular contra la guerra fue uno de los factores que impulsaron la abdicación del Zar Nicolás II, ante la amenaza de una sublevación masiva contra la monarquía. El Gobierno Provisional Ruso de Alexander Kerensky, pese a que la mayoría de la población rusa deseaba concluir el conflicto contra los Imperios Centrales, se negó a terminar la guerra, argumentando que la incapacidad del mando militar zarista era la principal causa de las derrotas y que una victoria importante incrementaría la fortaleza de su gobierno. A finales de abril de 1917, dos millones de soldados rusos habían desertado en un período de dos meses. Los bolcheviques aseguraban que podrían obtener la paz sin que Rusia debiera ceder territorio ni pagar indemnizaciones de guerra. El tiempo demostró que esto era una ilusión, de la cual participaron Lenin y Trotsky, pues las condiciones reales negaban esta posibilidad.

Después de varios descalabros militares de los rusos y del fortalecimiento de las posiciones del Imperio Alemán, se produce la Revolución de Octubre que lleva a los bolcheviques al poder. Desde ese momento se producen dos grandes corrientes entre los revolucionarios rusos, una liderada por Lenin que proponía la salida inmediata de Rusia de la guerra, aunque esto significara pactar la paz con el Imperio alemán y el Imperio otomano, lo cual significó a la sazón la pérdida de grandes porciones de territorio para Rusia: Finlandia, Polonia, Estonia, Livonia, Curlandia, Lituania, Ucrania, Besarabia, Ardahan, Kars y Batumi. El tratado de paz impulsado por Lenin fue más bien una capitulación necesaria para poder salvar la naciente revolución bolchevique y evitar que el Imperio alemán se apoderara de toda Rusia. La otra corriente, radical a rajatablas, era contraria al armisticio y la comandaba Nicolás Bujarín. ¿Cuáles eran los argumentos de este radical? Bujarín afirmaba que una paz duradera entre un estado capitalista y una república socialista no era posible, y se oponía firmemente a la firma de cualquier tratado. Pero Lenin no pensaba en ninguna paz duradera, sino en la salvación de la Revolución y de la Patria rusa, ante la irrebatible realidad de que el ejército rojo estaba en camino de una inevitable derrota. Fue esta última posición sensata la que se impuso. El 22 de febrero León Trotsky, que había mantenido posiciones intermedias y trataba de que se prolongarán las negociaciones al máximo posible, firmó el Tratado que sacó a Rusia de la guerra, convencido ya de que no había ninguna posibilidad de que el ejército rojo alcanzara la victoria. Ese mismo año, Alemania resultó derrotada por las fuerzas que se le oponían y Rusia no solo preservó la Revolución bolchevique, sino que además recuperó la mayoría de los territorios perdidos. Si los revolucionarios hubiesen tomado el camino dogmático y radical de Bujarín, otro gallo hubiese cantado. De este modo el tiempo demostró que Lenin, al acordar la paz con los imperialistas alemanes en condiciones desventajosas, no había traicionado ni a la revolución ni a su Patria, sino que había actuado con realismo y acierto.

2.- El pacto de Mao Zedong y Chiang Kai-skek
El líder del Kuomintang, el partido anticomunista respaldado por Estados Unidos en los años de la Segunda Guerra Mundial, Chiang Kai-shek, lideró la guerra civil entre sus fuerzas y las del Partido Comunista Chino, dirigido por Mao Zedong. Cuando Japón invade China, se produce el llamado incidente de Sian, cuando los japoneses hacen prisionero a Chiang. Mao había hecho contactos con dirigentes del Kuomintang a fin de proponerles la suspensión de la guerra civil y la unión de fuerzas para enfrentar a los imperialistas japoneses. Finalmente, este acuerdo de paz se realiza, se unen los comunistas y los anticomunistas, y derrotan a los japoneses. Después de esa victoria se reedita la guerra civil entre los seguidores de Mao y de Chiang, hasta que los comunistas triunfan y en 1949 se corona la Revolución China.

3.- La Revolución democrática burguesa en China
Muchos ignoran que cuando lo comunistas chinos toman el poder, no declararon la revolución como socialista. Los líderes revolucionarios, con Mao a la cabeza, hacen un pacto de clases que comprende al proletariado, el campesinado, la pequeña burguesía y la burguesía nacionalista. Esta política ajustada al carácter atrasado y semifeudal que tenía la sociedad china, fue llamada “Nueva Democracia” y soportó ataques desde la derecha y desde la “izquierda”. Dejemos que el mismo Mao hable, en un material que lleva el sugerente y apropiado título “Refutación de la palabrería de ‘izquierda’”: “Siendo impracticable el camino capitalista de la dictadura burguesa, ¿es posible entonces el camino socialista de la dictadura del proletariado? No, tampoco es posible…No cabe duda de que la actual revolución, que es la primera etapa, se desarrollará hasta llegar al socialismo, que es la segunda. Sólo con el socialismo conocerá China la verdadera felicidad. Pero todavía no es el momento de realizar el socialismo. Luchar contra el imperialismo y el feudalismo es la actual tarea de la revolución china, y mientras no se la haya cumplido, no se puede hablar de socialismo. La revolución china pasará forzosamente por dos etapas: primero, la de la nueva democracia, y luego, la del socialismo. Además, la primera llevará bastante tiempo, no puede consumarse de la noche a la mañana. No somos utopistas y no podemos apartarnos de las condiciones reales que enfrentamos”. Sobre los radicales “izquierdistas” que atacaban estas líneas con su “palabrería”, dijo el gran líder chino: “… hay otros que, al parecer sin mala fe, se han dejado embaucar por la ‘teoría de una sola revolución’ y por la idea puramente subjetiva de ‘hacer de un solo golpe la revolución política y la revolución social’; no comprenden que la revolución se divide en etapas, que sólo se puede pasar a la segunda etapa luego de cumplida la primera y que es imposible hacerlo todo ‘de un solo golpe’. Su punto de vista es igualmente muy dañino, porque confunde las etapas de la revolución y debilita los esfuerzos dirigidos a la tarea presente”.

4.- La reunión Nixon-Mao
A los ultraizquierdistas dogmáticos ha de darles escozor la famosa foto de Mao Zedong y Richard Nixon, presidentes de China y Estados Unidos, sonrientes y dándose las manos en Beijing, en febrero de 1972. Al finalizar la visita, los dos países firmaron el “Comunicado de Shanghái”, que abrió las puertas a la normalización de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones. Poco después, Estados Unidos retiró sus fuerzas militares de Taiwán, aunque mantuvo acuerdos militares con este enclave. Igualmente, Estados Unidos aceptó poco después oficialmente el postulado de “Una sola China” que el gobierno de Beijing ya había formulado para fundamentar sus reivindicaciones de soberanía a ambos lados del estrecho de Taiwán. Nixon y el gobierno de Estados Unidos reafirmaron sus intereses en una solución pacífica al problema de Taiwán, que pudiera ser acordada también por los propios chinos. Esta declaración habilitaba al gobierno de EEU.UU. y a la República Popular China a omitir de modo temporal “la cuestión crucial que obstruye la normalización de las relaciones”, refiriéndose al estatuto político de Taiwán y la apertura comercial entre ambos países.

Estos son ejemplos de reuniones y pactos que los dogmáticos describirían como “contra natura”, pero que se fundamentaron en situaciones reales, concretas, no capítulos de algún libro, que afectaban a las fuerzas revolucionarias, las naciones, los Estados, en medio de las complejidades de la sociedad, las cuales no pueden ser manejadas con ideas fijas, manuales, recetas ni reduccionismos.

Pues bien, para el final hemos dejado la joya de la corona de nuestro artículo, la reunión secreta (después develada) que sostuvieron el 18 de junio de 2004 Hugo Chávez y Gustavo Cisneros, a la sazón el burgués por antonomasia, el más grande ricachón de Venezuela, el símbolo nacional del capitalismo. Poco más de un año antes, en un discurso pronunciado el 10 de enero del 2003, Chávez se refirió a Cisneros en términos que claramente lo definían como uno de los mayores enemigos del pueblo venezolano: “por allá por Naciones Unidas, muy cerca de las instancias máximas, anda uno de ellos, anda un fascista, anda un golpista y que es dueño de una televisora aquí en Venezuela, que se llama Gustavo Cisneros, ese es uno de los más grandes responsables de lo que aquí está pasando en Venezuela, uno de los más grandes responsables y yo lo acuso ante el pueblo y ante el mundo por golpista y por fascista”.

Dos días después del encuentro, que ya se había conocido públicamente, Chávez dijo: “Yo al señor Cisneros le dije, y le di mano, bienvenido, bienvenido y qué gusto me da que nos podamos sentar a conversar, porque usted es un venezolano, y vamos a tomarnos un café y vamos a conversar, y lo haría con cualquier venezolano que de verdad quiera venir a hablar de cosas serias. Dentro de la Constitución todo, fuera de ella absolutamente nada”. Y días después, en entrevista que le hiciera Eleazar Díaz Rangel: “Cisneros sabe que él, su medio, su empresa y su familia puede coexistir con este proyecto, siempre y cuando respete la Constitución y las leyes, y reconozca las autoridades como lo ha venido haciendo”.

En cuanto a Cisneros, este dijo, igualmente poco después de la reunión: “Hablamos extensamente acerca del problema de la pobreza en Venezuela. El Presidente Chávez y yo compartimos la misma opinión: el tema de la pobreza debía unir al país, sobre todo en vista del alto crecimiento de hogares que se colocaban bajo la línea de la pobreza. Por mi parte, insistí en que una vez finalizado el proceso de referendo, el diálogo nacional debía enfocarse en la búsqueda de soluciones al citado problema. Manifesté que los venezolanos debían dirigir sus esfuerzos a mejorar la educación y a estimular las capacidades empresariales nacionales, para así competir exitosamente en los mercados mundiales”.

Al reunirse Chávez con Cisneros ¿Se estaba traicionando a sí mismo? ¿Estaba traicionando al pueblo y a la Revolución? Recordemos en qué situación se dio esta reunión. 15 días antes, el 3 de junio de aquel año, Chávez reconoció en cadena nacional que la oposición había recogido las firmas suficientes para activar el referendo revocatorio, que en esa misma fecha fue convocado para agosto. El imperialismo y la derecha fascista, relativamente recuperados de sus derrotas del año 2002, enfilaban todas sus baterías contra el Gobierno revolucionario. La Revolución estaba en peligro inminente. En esa circunstancia, el papel de los medios de comunicación era fundamental. Los actores de la reunión expresaron que en la misma no se había hecho ningún pacto. Sin embargo, los resultados se vieron de inmediato. A dos meses de aquel referendo decisivo, uno de los tres más importantes canales de TV privados nacionales, Venevisión, se vio neutralizado hacia el final de la batalla del revocatorio, y poco tiempo después lo siguió otro de los tres grandes, Televen, y el imperialismo y la derecha fascista perdieron dos armas de alto calibre. La evidencia de esto se registró finalmente dos años más tarde en el Informe Final Elección Presidencial Venezuela 2006, realizado por la Unión Europea, a propósito de su papel como observador internacional de la contienda electoral presidencial del año 2006, evento donde el presidente Chávez logró su reelección como primer mandatario: “El tono de Televen y Venevisión fue poco crítico en general con las dos principales coaliciones, pero, desde un punto de vista cuantitativo, las dos favorecieron abiertamente la posición oficialista. Venevisión dedicó 84% del tiempo de información política a la posición oficialista y sólo 16% a la coalición ‘Unidad’ –opositora-, mientras que Televen le dio 68% a la coalición de Chávez y 32% a la de Rosales”. La reunión con Cisneros fue una jugada de alto vuelo político, estratégico, de Hugo Chávez, a la cabeza de una revolución que desde un principio se ha fundamentado en la proclama libre y anti dogmática de Simón Rodríguez: o inventamos o erramos.

Finalmente ¿En qué condiciones se da la convocatoria hecha por Maduro a una Conferencia Nacional por la Paz? Enumeremos, para facilitar la comprensión:

1.- Está en marcha un plan imperialista de alta intensidad destinado al derrocamiento violento de Nicolás Maduro por cualquier medio, incluido por supuesto el militar y/o el intervencionismo en cualquier modalidad
2.- Están actuando comandos violentos entrenados y armados para la ocasión, con acciones de laboratorio que pretenden establecer una situación de violencia crónica en un planteamiento de caos sostenido que afecte la gobernabilidad del país, profundice problemas económicos y de servicios públicos, y prepare el escenario, al mediano plazo, para la intervención internacional por cualquier vía
3.- Toda la oposición política, en su conjunto, se ha sumado al plan golpista con distintos niveles y modalidades de participación, incluida la omisión interesada
4.- Se ha creado, a través del sabotaje, el acaparamiento y la especulación, una difícil situación económica para el pueblo, caracterizada por alta inflación y escasez relativa de productos, para generar distintos niveles de descontento que erosionen la base social de la Revolución
5.- Está en desarrollo, nacional e internacionalmente, la que probablemente sea la más extendida e inclemente campaña mediática de desprestigio y satanización de la Revolución desde 1999, con Nicolás Maduro como foco principal
6.- Se han activado de manera creciente factores políticos internacionales para tratar de profundizar el desprestigio de la Revolución e intervenir directamente en la situación venezolana. Muestra de ello son las posiciones asumidas por el propio Estados Unidos, la Unión Europea, Colombia, Panamá, la relatoría de derechos humanos de la ONU, la CIDH, la secretaría general de la OEA
7.- Se activan igualmente los aparatos institucionales creados por el imperialismo para manipular con el tema de los derechos humanos, como por ejemplo Amnistía Internacional y Human Rights Watch
8.- Se suman programadamente factores que no se habían hecho presentes en conspiraciones anteriores con tal fuerza, como es el caso de figuras nacionales e internacionales de la farándula, manejadas por corporaciones mediáticas y audiovisuales de Estados Unidos donde tienen influencia el gran capital internacional y la gusanera cubana de Miami
Es en este contexto que el presidente Maduro lanza su iniciativa de la Conferencia Nacional por la Paz, una táctica política correcta en el contexto antes mencionado, por las razones que igualmente enumeramos:
1.- Es absolutamente necesario determinar cuál es el enemigo principal de la Revolución Bolivariana en esta etapa: el imperialismo norteamericano y la derecha política fascista aglutinada en la MUD, entente opositora que se ha puesto a la cola de sus factores más radicales
2.- Siendo así, la táctica de paz nacional busca aislar políticamente a estos factores y desenmascarar sus designios violentos ante la mayoría del pueblo que no apoya las guarimbas, las trancas de calles, las prácticas incendiarias y el ataque a bienes públicos, incluidos aquellos de los cuales se sirve directamente el pueblo, como los sistemas de transportes y los centros de misiones sociales.
3.- Las justas consignas de paz han logrado mantener al pueblo en las calles a diario, ya que se trata de un anhelo nacional, como lo demuestran las magníficas demostraciones de estudiantes, mujeres, trabajadoras y trabajadores petroleros, personas de la tercera edad, campesinos y campesinas, motorizados y otros sectores
4.- Así como en el juego del ajedrez los jugadores experimentados hacen cada jugada adelantándose a tres, cuatro, cinco y hasta más probables jugadas, los políticos de buena estirpe deben pensar más allá de la coyuntura del momento. La situación económica del país es un peligro por la posible erosión del apoyo popular a la Revolución, lo cual podría reflejarse negativamente en las próximas batallas electorales (parlamentarias de 2015, probable referéndum revocatorio de 2016). Por ello es correcto tratar de llegar a acuerdos puntuales con sectores de la burguesía, si se apartan de la conspiración actual en marcha, que faciliten el abastecimiento de productos y en control de la inflación. Las posibles alianzas económicas puntuales (tácticas) con sectores de la burguesía deben realizarse sin complejos y con visión de mediano alcance. Por supuesto, persisten y persistirán las contradicciones estratégicas antagónicas con la gran burguesía monopolista.
El Plan de la Patria que diseñó Chávez tiene como punto señero la defensa de la independencia de Venezuela. Derrotar al imperialismo y a sus lacayos en su plan actual de derrocar a Maduro y acabar con la Revolución Bolivariana, persigue en primer lugar ponernos al servicio de los intereses del imperialismo y acabar con el camino de liberación nacional que señaló Hugo Chávez. Quien no apoye sin cortapisas a Nicolás Maduro en la ardua tarea de salvaguardar la continuidad de la Revolución y enfrentar la gran conspiración que adelanta, con todos los hierros, el Imperialismo, se convierte objetivamente en cómplice de ello, así no sea esa la intención. Como reza el adagio: de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno.

¡Frente al plan criminal fascista imperialista, unidad, lucha, batalla y victoria!
¡Viva la Conferencia Nacional por la Paz!
¡Viva Nicolás Maduro!
¡Viva la Revolución Bolivariana!
¡Chávez vive, Maduro sigue!