Hoy celebramos el Día Mundial de la Conservación y el Ambiente impulsando nuestro proyecto de creación de la Comunidad Agroecológica UBV Cacique Mara. Un trabajo colectivo con enfoque socioproductivo.
— UBV Eje Cacique Mara (@UBVEjeCaciqueM1) June 5, 2020
@CesarTrompizVEN@unibolivariana#GraciasPuebloHeroico #EducarHaciendo pic.twitter.com/zZvCdJVKTX
Fragmentos del discurso del Presidente Hugo Chávez, Caracas, 08/11/2003, en el marco de la inauguración de la sede UBV Zulia.
viernes, 5 de junio de 2020
En el Día Mundial de la Conservación y el Ambiente
miércoles, 28 de noviembre de 2018
(VIDEO) Proyecto UBV BIODIVERSA y Consumo Insumiso - Entrevista a Oswaldo Garrido #1
Este es el primer video de una serie dedicada a la biodiversidad en la Sede de la UBV Zulia. El mismo forma parte de un proyecto de Producción Audiovisual que busca dar a conocer la investigación, las prácticas agroecológicas, los saberes tradicionales, en el marco de un plan de comunicación que articula grupos e intereses de estudiantes y profesores del PFG Comunicación Social y la Unidad Curricular Proyecto. La grabación fue hecha en mayo de 2018. Más información puede ser consultada en el blog https://ubvbiodiversa.blogspot.com
jueves, 9 de noviembre de 2017
UBV espacio para la articulación estratégica de saberes
martes, 15 de noviembre de 2016
Tú también puedes sembrar!!!
viernes, 27 de mayo de 2016
GRAN BAZAR/TRUEQUE
martes, 21 de abril de 2015
domingo, 26 de octubre de 2014
SERIE LOGROS No 01 (CUMBE UBEVISTA, TIERRAS Y HOMBRES LIBRES)
Desde este momento la Unidad de Comunicación y Proyección Universitaria de la UBV Zulia, pone en sus manos la SERIE LOGROS. Este humilde producto es el esfuerzo de todo el equipo de la unidad. En este primer numero abordamos el trabajo del PFG en Agroecología con EL CUMBE UBEVISTA ¡Tierras y Hombres Libres!
miércoles, 9 de febrero de 2011
La muerte del individuo
Por
Argenpress
Es un lugar común en nuestras instituciones las políticas para ahorrar papel reemplazándolo por archivos PDF, etc. Está claro que las tecnologías electrónicas han hecho posible no solo una mayor democratización mundial de la información y de algunos medios digitales de producción sino que, además, ha evitado que esa masiva popularización del acceso a la participación de la vida moderna (que fastidiaba a Ernest Renan en el siglo XIX y a Ortega y Gasset a principios del XX) no se traduzca en una catástrofe ecológica mayor de la que ya tenemos.
Sin embargo, este mundo virtual no es tan “environmentally friendly” (“amable con el ambiente”) como se pretende. Todo tiene un precio. Usando el correo electrónico ahorramos energía y evitamos una contaminación mayor que si enviásemos cartas de papel por correo postal. Pero seguramente en la era del correo tradicional no enviábamos ni recibíamos cientos de cartas por día.
Desde hace algunos años sabemos que hacer una brevísima investigación on line usando un buscador como Google emite tanto dióxido de carbono como al hervir una caldera. Consideramos que una búsqueda razonable emite 7 gramos de CO2, lo que más o menos se corresponde con la aclaración de Google que dice que cuando uno aprieta “search” solo se consume/libera 0.2 gramos.
Esta referencia ecológica puede ilustrarnos un problema semejante a nivel psicológico y social cada vez que consideramos la “nueva libertad” y las nuevas posibilidades de comunicación de los individuos por el mero hecho de estar conectados. Ya hemos escrito mucho sobre este punto y no vamos a repetir. Pero ahora me interesa molestar un poco más sobre el problema central de este fenómeno del individuo-conectado.
Hace unos días, mientras esperaba en un mall o centro comercial (lo que en español latinoamericano se dice “shopping center”, tan equivoco como la palabra “plaza” usada en Estados Unidos) me detuve a descansar. En un instante dejé de mirar toda la gente que estaba buscando cosas para comprar y observé el resto de la gente que no estaba comprado cosas. Delante de mí pasó un padre seguido de tres niños, con un iPhone en una mano, el pulgar explorando la diminuta pantalla y sus ojos absortos en una lista de mensajes recibidos. Una chica entro a una tienda y revisó varias camisas sin dejar de leer su correo. Dos chicas más, repitiendo la misma práctica, se cruzaron increíblemente sin chocarse. En el nivel de abajo dos jóvenes y un hombre mayor reposaban en cuatro sillones. Cada uno tenía un BlackBerry, un iPad, un iPod y un iPud en una mano, sobre una rodilla, o en la mesita de al lado. (El insistente prefijo “i” puede referir “intelligent” o, ¿por qué no?, “yo” en inglés, algo así como “yo-Telefono”, “yo-Cosa”; porque cuando el mercado insiste con un símbolo, es porque el verdadero significado es el contrario.) Ninguno resistió más de un minuto sin revisar algo. Casi siempre cambiaban de postura y se ponían a escribir, tal vez contestaban un correo o chateaban con alguien que no debía ser ninguno de los otros dos que estaban al lado.
Siempre pensé que el fenómeno de las comunicaciones había puesto de relieve, a un nivel crítico, alguna obsesión histórica o natural de la humanidad por la comunicación. Algo así como el impulso de los insectos en la noche que orbitan alrededor del fuego y van a morir incinerados allí mismo. Al fin al cabo, la gente habla y escribe, en gran medida, no porque tenga algo importante o crucial que decir, sino por el solo hecho, placer o necesidad de sentirse comunicados, desde un novelista hasta un médico o un mecánico.
Todo lo cual parecería ser algo muy humano: la comunión sería el clímax de este impulso de comunicación.
Estuve media ahora observando, tratando de descifrar el fenómeno que nos engloba. Tratar de dar respuestas a cada fenómeno que cae alrededor también es otra obsesión. Pero yo no quería resolver esa cuestión antes de tener una idea, al menos vaga, una tímida hipótesis, del fenómeno que había atrapado a el resto de la gente que no estaba comprando, consumiendo (fenómeno más primitivo y más fácil de explicar).
Para responder a esta pregunta había que preguntarse primero por qué el fenómeno de hablar por teléfono y, sobre todo, de textear, ha reemplazado de forma tan dramática el simple acto de hablar cara a cara, con lo interesante que debe ser sentir con todos los sentidos a un semejante, a otro ser humano.
¿Cómo explicar, entonces, la contradicción de este impulso histórico de comunicación con la incomunicación resultante?
Entonces creí encontrar la lógica de esta aparente contradicción. En el mundo de la comunicación digital no sólo se destila en su estado más puro el acto de la comunicación, que requiere la distancia como obstáculo de placer, sino que el acto es una confirmación del individuo aislado, alienado, por la supresión del otro, por la objetivización del sujeto.
En este mundo, el otro se ha multiplicado de forma exponencial y proporcionalmente se ha diluido la comunión con cualquiera de ellos. El otro es menos sujeto y mas objeto, desde el momento en que yo, como individuo, puedo decidir cuándo eliminarlo. Es decir, en todo momento me protege la conciencia o la percepción de que el otro no amenazará mi espacio individual con una visita incómoda de la que no puedo deshacerme. Así, el otro está bajo control.
Los jóvenes y el viejo estaban allí, comunicándose con alguien más, con muchos más, pero su espacio vital, sus individualidades estaban protegidas por un simple botón (que ni siquiera es un botón) capaz de eliminar la presencia del otro, capaz de ponerlo entre paréntesis o de arrastrarlos a un tiempo posterior, un tiempo de calendario que depende del individuo-aislado-que-se-comunica.
Al mismo tiempo, esta paradoja genera otra contradicción aparente que es parte de la misma lógica. Tampoco el individuo-aislado-que-se-comunica es un individuo en el sentido tradicional. Primero, porque su existencia virtual puede adquirir varias identidades simultaneas. El sujeto se autocosifica con una máscara. Segundo, porque su “verdadera identidad” (más exactamente su “identidad oficial”) puede ser robada. El robo de identidad es uno de los terrores crecientes de la nueva civilización digital. Una vez que alguien le roba la identidad a Juan Rosas-Z con carnet número X, ni el pesado peso del gobierno más poderoso del mundo puede hacer mucho. Juan Rosas-Z deja de ser Juan Rosas-Z y adquiere los delitos que alguien más, que ahora se llama Juan Rosas-Z ha cometido en alguna parte del mundo. En algunos casos, se ha verificado que esta pesadilla ha llevado a mucha gente a cambiar su nombre oficial, su identidad, para detener la ola de actos cometidos por su fantasma.
El otro, el fantasma que ha perdido su condición humana de sujeto, ahora forma parte de un mundo fantasmagórico donde vive el individuo que tiene a los otros bajo control pero ha perdido el control sobre si mismo.
Queda una esperanza, claro. El individuo-colectivo-humano se ha suicidado muchas veces y muchas veces ha renacido con viejas y nuevas obsesiones. Tal vez sea su forma natural de reinventarse cada quinientos años.
Fuente: http://cultural.argenpress.info/2011/02/la-muerte-del-individuo-el-individuo.html
martes, 29 de junio de 2010
martes, 4 de mayo de 2010
miércoles, 7 de abril de 2010
martes, 16 de febrero de 2010
La jauría mediática de Venezuela
“La calumnia es la venganza de los cobardes”. Jacinto Benavente.
A Ramiro Valdés, héroe de la República de Cuba
En las últimas semanas, el gobierno de Venezuela ha solicitado el apoyo de los gobiernos de Argentina, Brasil, Rusia, China y Cuba para superar la actual crisis energética que vive el país tras la sequía más intensa en los últimos cien años (1). Obviando al resto de países, los grandes medios privados de Venezuela que, a su vez, son fuente informativa de los canales internacionales, han centrado sus habituales ataques contra el gobierno de Hugo Chávez en el apoyo prestado por Cuba en esta crisis.
Para descalificar la capacidad del gobierno cubano como asesor en materia de gestión del sistema eléctrico, los medios han rescatado en sus informaciones la situación energética que vivió Cuba a comienzos de los años 90, haciéndola pasar por actual. El diario venezolano El Nacional reproducía el 4 de febrero las palabras de Víctor Poleo, asesor del Ministerio de Energía en la etapa anterior a Chávez (2). Éste afirmaba que “los cubanos sufren permanentes racionamientos, lo cual los lleva a celebrar los "alumbrones", pues es más el tiempo que están sin energía”. Hay que explicar que la expresión “alumbrón” se empleó en Cuba a comienzos de los 90, cuando, a causa de la desaparición de su comercio con la Unión Soviética, la Isla sufría diariamente cortes eléctricos de hasta 16 horas. Hoy, la situación es radicalmente distinta, pero los medios venezolanos siguen hablado de los “alumbrones” de Cuba como si fueran un fenómeno actual.
El apoyo cubano a Venezuela ha sido presentado por los medios como un factor de pérdida de soberanía, tratando de tocar los sentimientos patrióticos del pueblo venezolano. Enzo Betancourt, presidente del Colegio de Ingenieros, aparecía en varios canales con declaraciones como la siguiente: "Chávez decretó la cubanización de la energía eléctrica a pesar de que la capacidad profesional de los venezolanos es muy superior a la de Cuba, (y esto) es una falta de respeto a nuestros ingenieros" (3).
Pero el centro de la guerra mediática ha sido la visita a Caracas de Ramiro Valdés Menéndez, ministro de Informática y las Comunicaciones de Cuba, que ha sido objeto de una grosera campaña de descalificaciones, mentiras e insultos en medios venezolanos e internacionales. En una crónica titulada “Los cubanos controlan ya sectores claves de Venezuela”, Joaquim Ibarz, corresponsal en México del periódico catalán La Vanguardia, describía a Valdés, uno de las más destacadas figuras históricas de la Revolución cubana, como “un militar de 78 años experto en represión” (4). Resulta casi extravagante que se hable de represión en un país como Cuba, donde –al contrario que en tantos países vecinos- su población jamás ha sido testigo de escenas de brutalidad policial y de cargas antidisturbios, y donde no se ha probado un solo caso de tortura o de desaparición de personas.
Marcel Granier, director de Radio Caracas Televisión calumniaba a Valdés diciendo que su "única experiencia (...) es mandar a fusilar gente" (5). Recordemos que este canal televisivo y el propio Granier fueron organizadores del golpe de estado del 2002, en el que francotiradores contratados asesinaron a manifestantes a favor y en contra del gobierno para poder justificar la intervención del ejército (6).
El alcalde opositor de Caracas Antonio Ledezma pedía la “expulsión de Venezuela” del ministro cubano y le calificaba como “especialista (...) no en hacer proyectos de electricidad sino en electrocutar” (7). Este tipo de patrañas son habituales en boca de este político venezolano, responsable de centenares de muertos en el Caracazo, suceso ocurrido en 1989 cuando la policía que él dirigía como Gobernador de Caracas disparó contra la población indefensa que protestaba por el alza de precios de los productos básicos (8).
El Nuevo Herald, de Miami, unía la visita del Comandante de la Revolución con las recientes protestas del estudiantado venezolano de clase acomodada contra el gobierno de Hugo Chávez: “la presencia de Valdés en Venezuela es una prueba (sic) que la represión a las manifestaciones populares y los ataques a los medios de comunicación de Hugo Chávez recién están comenzando”, afirmaba el rotativo (9). El diario digital VenEconomía redondeaba esta tesis, repetida por todos los medios privados de Venezuela, afirmando que "la estrategia de Valdés sería doblegar con el terror las protestas de la población, con métodos que nunca se han empleado en el país, ni siquiera en tiempos de las dictaduras de Juan Vicente Gómez o Pérez Jiménez" (10). Todos estos desvaríos mediáticos se basan en que Ramiro Valdés fue uno de los organizadores del Departamento de Seguridad del Estado de Cuba, creado en 1959 en respuesta a los ataques armados y las agresiones terroristas desde EEUU.
Tras el mensaje del miedo, el dardo golpista se desliza en los medios con total naturalidad. El diario español ABC daba espacio a las declaraciones del vicealmirante venezolano retirado Iván Carratú, que afirmaba que “Valdés va a dirigir la represión con los milicianos cubanos. (...) Podría correr mucha sangre y tenemos que evitarlo” (11).
El portal argentino INFOBAE secuestraba el lenguaje cásico de la izquierda latinoamericana. Afirmaba que Ramiro Valdés “fue muy importante en el control de (...) los movimientos populares (en Cuba)” (12). Denominar movimientos populares a los grupos de la contrarrevolución cubana creados y financiados por el gobierno de EEUU y que no superan los 20 miembros es una de las más imaginativas creaciones de la guerra mediática.
Pero no la única. El diario también argentino La Nación sentenciaba que “Valdez (sic) vende radios comunitarias a Venezuela, que forman parte del emporio multimediático chavista” (13). El autor se refiere a las modestas radios alternativas ubicadas en las barriadas populares, muchas de las cuales existen hace décadas, que no han tenido jamás la más mínima relación con el gobierno cubano y, muchas de las cuales, aunque apoyan al presidente Chávez, realizan una labor informativa crítica. Pero este nuevo disparate no parte de la imaginación desubicada del periodista argentino, sino de un conocido catedrático venezolano antichavista, Antonio Pasquali, quien sentencia que el ministro cubano "pone a un cubanito en cada una (de dichas radios) para que no haya despistes ideológicos”.
Todas estas fechorías informativas contra Ramiro Valdés y contra el presidente Chávez son solo una pequeñísima muestra de la antología del disparate, la mentira y el engaño de los medios de comunicación en las últimas semanas. Estos ejemplos formarán parte, algún día, de la memoria histórica de la guerra mediática organizada por los sectores económicos más poderosos de América Latina contra los gobiernos y movimientos populares que hoy constituyen un peligro real para sus privilegios económicos y sus intereses de clase.
(4) Op. Cit.
(6) http://www.youtube.com/watch?
(8) http://news.bbc.co.uk/hi/
(9) http://www.elnuevoherald.com/
(11) http://www.abc.es/20100207/
(12) http://www.infobae.com/mundo/
(13) http://www.lanacion.com.ar/
Noticias tomada de Rebelión
miércoles, 3 de febrero de 2010
UBV Zulia apoya la Misión Energética


Prensa UBV- Eje Zulia, Mérida y Trujillo
Texto:
Pasantes:
ELOY ORTEGA
KEIVY MATHEUS
PEDRO VILLALOBOS
6to. Semestre de Comunicación Social. Misión Sucre
Fotos: Wilmer Medina González
La Universidad Bolivariana de Venezuela, (UBV), sede Zulia se unió a las jornadas de sustitución de bombillos incandescentes por bombillos ahorradores de energía que adelanta el Gobierno nacional en la búsqueda de preservar el sistema eléctrico del país.
La profesora Cairoly Urdaneta, Coordinadora de la UBV-Zulia; informó que estas jornadas vienen siendo coordinadas en la región zuliana por la compañía eléctrica Enelven, conjuntamente con otras Instituciones del Estado.
“Esta actividad la continuaremos durante esta semana, y para el día sábado 13 estaremos realizando una jornada especial con todo nuestro personal”, explicó Urdaneta.
La docente manifestó que hasta el presente se han sustituido 10.434 bombillos en 1.881 viviendas, mediante la colaboración de 15 brigadas integrado por 12 personas cada una, incluyendo un coordinador por cada grupo. “Las brigadas se integraron con el personal Docente, Administrativo y estudiantes de la Universidad Bolivariana de Venezuela, así como también representantes de Enelven, Enelco, Unefa, Ejército y Frente Francisco de Miranda”, acotó la coordinadora regional de la UBV.
Cairoly Urdaneta apunto que la meta es sustituir todos los bombillos incandescentes de todas las comunidades de los Municipios del estado Zulia, por ser esta región una de las que más consume energía eléctrica.
domingo, 31 de enero de 2010
Apología del apagón
Santiago Alba RicoLa Calle del Medio (Cuba)
Los aeropuertos se han convertido en el símbolo y el motor de la civilización capitalista: lugares de paso -hacia otros lugares de paso- donde está siempre a punto de estancarse un tiempo muerto, o un tiempo-basura, cuya superfluidad total sólo puede dirigirse hacia el consumo. En el Leonardo da Vinci, en Roma, hace dos años, tuve una experiencia angustiosa. En tránsito hacia Túnez, me dirigía hacia mi puerta de embarque por un pasillo de maravillas, flanqueado por una sucesión de cafés, comercios y boutiques -todas las marcas, todos los prestigios- que saturaban de luz cegadora hasta el último rincón del campo visual. De pronto, a mi derecha, un enorme cartel apremiante me alertó de las consecuencias de seguir avanzando. Se me encogió el corazón. “ATENCIÓN. Todavía está usted a tiempo de volver atrás. A partir de este punto ya no hay tiendas”. Lo malo no es que a partir de ese punto no hubiera tiendas; es que no había nada. Las puertas de embarque habían sido confinadas en un espacio intencionadamente desnudo y sombrío, sucio y vacío, abandonado a su suerte. Como en los cuentos, si se hacía caso omiso de la advertencia se pasaba abruptamente de un mundo brillante y colorido a otro sórdido y amenazador: de la felicidad a la pesadumbre, de la libertad a la prisión, de la luz a la oscuridad. El efecto era tan traumático que resultaba imposible no volver sobre los propios pasos para buscar con ansiedad, no alimentos, bebidas o chucherías, no, sino un poco de luz eléctrica.
Somos adictos al sexo, a la velocidad, a los espectáculos, al plástico, pero somos adictos, sobre todo, a la luz eléctrica. No hay nada de extraño en nuestra dependencia energética; sin ella ni la industria ni la sanidad ni la cultura serían ya posibles. Lo extraño es nuestra dependencia estética; el hecho, es decir, de que esa luz que el novelista inglés Robert Louis Stevenson consideraba, por contraste con la del fuego, “un horror para realzar otros horrores”, nos parezca tan hermosa, hasta el punto de que su prestigio se utiliza para reforzar todas las otras adicciones. La Razón, que los franceses llamaban les lumières -las luces- sólo necesitaba una lamparita para activarse; las luces que persiguen y destierran hoy todas las sombras han acabado por ofuscar y cegar a la Razón misma. ¿Necesitamos tanta luz? ¿Es realmente bonita la luz eléctrica? ¿Es de verdad interesante una luz que no produce sombras?
Nunca me atrevería a hacer en Cuba una “apología del apagón”, pero todos los niños saben cuántos mundos más excitantes se ocultan detrás de ese muro de claridad plana; cuando cae se levantan tras él profundidades inauditas. En las casas tradicionales japonesas, nos cuenta el escritor Tanizaki, el centro del hogar no era la televisión sino un “hueco” -el toko no ma - destinado a delimitar una sombra como punto de arraigo y exploración de la mirada. La sombra, que es la ropa del tiempo, ha sido arrancada de todas las superficies en un frenesí de vatios, trapos y cosméticos. No sólo hemos acabado por identificar la seguridad, la higiene y la belleza con la luz eléctrica sino que también la asociamos a la emoción del espectáculo. Al contrario de lo que le ocurre a la razón, nada inmóvil y oscuro puede atraer la mirada del consumidor.
Y sin embargo, el primer espectáculo, aquel que define al ser humano como precisamente humano, aquel del que ha surgido todo lo que hemos hecho y todo lo que somos, tiene que ver con la oscuridad y la quietud. El exceso de luz del capitalismo, lo sabemos, tiene un coste ecológico insostenible: el mediodía perpetuo de las grandes ciudades -mientras 2.000 millones de personas permanecen a oscuras- consume 1,5 Gtep de energía eléctrica, del que el 81% procede de centrales termoeléctricas. Dubai, el país con la mayor huella ecológica del planeta, acaba de construir la torre más alta del mundo, 860 metros, cuyo consumo diario de electricidad -mientras un keniata disfruta de tan sólo 140 kwh al año- equivale a 500.000 bombillas de 100 w encendidos al mismo tiempo y sin interrupción. Pero la llamada “contaminación lumínica” no tiene sólo un coste ecológico de dimensiones catastróficas; se acompaña también de una catástrofe cultural, estética, antropológica. En el campo, en una noche sin luna, pueden verse a ojo desnudo hasta 2.500 estrellas. En las ciudades, donde vive ya la mayor parte de la humanidad, si levantamos la cabeza (¿y quién va a levantar la cabeza habiendo escaparates iluminados a un lado y otro de la calle?) apenas si alcanzamos a distinguir entre diez y doscientas estrellas, según se viva más o menos cerca del centro urbano. Un estudio de Global at night indica que el 99% de la población estadounidense y europea y los dos tercios de la población mundial vive bajo un cielo fotocontaminado. Más inquietante aún: el 93% de los habitantes de Estados Unidos, el 90% de los europeos y el 40% de la población mundial vive en un permanente y artificial claro de luna. Pero más inquietante aún: el 80% de los estadounidenses, el 70% de los europeos y más de un cuarto de la población mundial vive en un falso plenilunio ininterrumpido. Para ellos -para nosotros- nunca llega a hacerse realmente de noche, de manera que hemos perdido la posibilidad de ver la Vía Láctea; es decir, la galaxia en la que habitamos y que nos permite orientarnos en el cosmos. Nuestros cielos son tapas o valvas que ocultan el firmamento. Como moluscos, estamos encerrados dentro.
¿Es muy grave esta pérdida? En uno de sus más famosos poemas de amor, Neruda escribió: “ La noche está estrellada y tiritan, azules, los astros a lo lejos”. Al final de una de sus más famosas obras, el filósofo Kant escribió: “Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes, cuanto con más frecuencia y aplicación se ocupa de ellas la reflexión: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí”. Y en uno de los pasajes de una de sus más famosas novelas, Joseph Conrad escribió: “Era una de esas noches claras, estrelladas, cubiertas de rocío, que oprimen el espíritu y aplastan nuestro orgullo con la brillante prueba de la terrible soledad, de la oscura insignificancia desesperada de nuestro planeta”.
¿Y qué? ¿Es tan grave no poder escribir ya frases como ésta? ¿Habrá que conservar las estrellas por cursi elitismo literario? No. Fueron necesarios millones de años de evolución para que una criatura viva se irguiese sobre sus pies, rellenase su casco craneal y levantase sus ojos hacia las estrellas. Desde allí se vio, desde allí se conoció, desde allí interiorizó sus límites: mediante ese gesto de alzar la cabeza hacia el cielo para compararse con él, un animal -y sólo ése- se hizo humano. El amor, la moral, la razón, la conciencia de la mortalidad -que es de lo que hablan Neruda, Kant y Conrad cuando evocan las estrellas- son inseparables de esa transformación. Y la contaminación lumínica, por tanto, tiene el efecto de un retroceso catastrófico en la evolución filogenética de la Humanidad. En un tiempo estuvimos encerrados en valvas, escamas, plumas, pieles, sin ninguna salida a la luz; hoy estamos encerrados precisamente en nuestra luz, de la que no podemos salir hacia las estrellas.
Es imperativo desintoxicarse de la luz eléctrica, reacostumbrarse a la belleza de las sombras, recuperar el misterio y profundidad de la razón. Sí, me voy a atrever a hacer una apología del apagón: del apagón controlado, relativo, igualitario, liberador, humanizador. De ese apagón que embridará los vatios y desnudará los astros, velados por un puritano exceso de luz. De ese apagón que apagará Dubai y Nueva York y encenderá la Osa Mayor. De ese apagón, en fin, del que depende, en materia y en espíritu, la posibilidad misma de formar parte de la Humanidad.
¿Es apagón? ¿O es revolución?
Enlace a la editorial Hiru:
http://www.hiru-ed.com/COLECCIONES/PENSAR/El-naufragio-del-hombre.htm


