“La Universidad Bolivariana, es motor, es vanguardia, es caballo, es lanza, es bandera, de un nuevo modelo educativo de liberación. Ustedes son actores fundamentales de esa vanguardia, siéntanse orgullosos mujeres y hombres”

Fragmentos del discurso del Presidente Hugo Chávez, Caracas, 08/11/2003, en el marco de la inauguración de la sede UBV Zulia.
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martes, 7 de julio de 2020

Vidal Atencio: el viaje a Jepira de un pastorcito wayúu

Por

Yldefonso Finol

Foto: Guary Otero


Me parece escuchar el saguagua de Salvador Montiel silbando rebaños menores en el espejismo que afila el sol sobre los resecos arenales de la Guajira. Veo al niño Worona que busca entre cardones erguidos y cujíes peinados por el viento una escuela donde vivir la aventura de las letras. Es la cátedra de Ramón Paz Ipuana enviando lecciones y saberes desde Juyot, aquella pequeña estrella como ojo de agua que vemos en Yaguasirü en noches de jayeshi y chirrinchi. Siento la casha del Chicho Montiel vibrando en los Filuos, donde degustamos el mejor ovejo asado en Kasápanaipa. Escuchar la sapiencia verbal de Jusayú y leer versos del maestro José Antonio Uriana, con la luna wayúu en el oscuro azul que arropa a Porchoure. También es placentero hundir los pies en el mar de Cojoro, soñar con las tortugas que cuidaba la maestra Dalia Durán, mientras conversamos con la joven poesía de José Ángel Fernández.
Foto: José Zambrano (07-07-20)

Foto: Jenny Farías (07-07-20)
Percibo el andar del amigo Vidal en su vuelo a Jepira. La ciudad no lo puede retener de su peregrinación ancestral. De joven se enamoró del sacerdocio en Cristo, y se entregó con fuerza a su fe. Estudió intensamente para servir con convicciones. Luchó con dogmas medievales. Abrazó ideas disidentes de las cúpulas. Lo señalaron por amar con la libertad que su Dios le confirió. Es padre como manda la vida y fue cura en el ritual de sus creencias. No se doblegó, ni se sumó al fariseísmo. No ofendió a la humanidad por ser humano. Anduvo de frente, con la frente altiva. Y se puso al lado de los humildes.

Lo veíamos con ánimo de crecer. Comunicando con pasión las verdades de su verdad. Respetando la contradicción. Abriéndose paso en la urbe de complejas cotidianidades. Ansioso por atrapar al futuro.

Lo llamaban “Padre Vidal”, y fue estudiante en colegios barriales y universidades populares. Se mezcló con las barricadas juveniles en el canto protesta y las tertulias culturales. Sabía escuchar y era sabio en la palabra.

Te despido con el idioma de mi pueblo añú, que visitaste en nuestra casa del Moján, por allá cuando los caminos mozos comenzaban a transitar la búsqueda de la luz.

Aka iima ti mou (tenemos tiempos malos)
Ayaawa Yoúgheyeen (peleamos contra la gran serpiente)
Ayaawa oú-dagá (luchamos contra la muerte) 
Ayaawa kayingh (enfrentamos la oscuridad)
Shikï we (somos fuego)
Mïkaïña we (somos humo)



lunes, 16 de mayo de 2016

Periódico alternativo estudiantil “En Frontera” de la UBV Zulia llega a su edición número 100

Texto y fotos: 
Pablo Emigdio Araque

Dentro del marco de actividades de cierre de semestre 2016-I, del Programa de Formación de Grado (PFG) en Comunicación Social de la Universidad Bolivariana de Venezuela, sede Zulia, se llevó a cabo este 11 de mayo la XIII Exposición de Periódicos Estudiantiles Alternativos Comunitarios.
La muestra, organizada por los estudiantes de la unidad curricular Periodismo en Situación de Conflicto, Preventivo y de Frontera, tuvo lugar en los espacios abiertos del mencionado PFG, a la cual asistieron estudiantes y docentes de diferentes programas de la UBV en Maracaibo.
El profesor Ernesto Viloria, quien imparte esta unidad, expresó que ésta es la octava edición del periódico denominado En Frontera, que comenzó a publicarse en el 2008 y hoy en día llegó al ejemplar número 100.
 
“Como parte de la formación, los estudiantes también cursan un taller de redacción. Las noticias aquí publicadas son producto de la búsqueda, de nuestros estudiantes, de informaciones de toda índole: universitaria, comunitaria, nacional e internacional. Ellos diseñan y editan sus propios periódicos”. Indicó Viloria.


Gusmary Romero, estudiante de Comunicación Social, durante la exposición de su periódico manifestó que esta ha sido una práctica gratificante para ella ya que pudo aprender diferentes tipos de redacción y elaboración de periódicos. “Fue una experiencia muy bonita y aleccionadora ya que logramos hacer un ejemplar del periódico que ahora estamos mostrando a todos los estudiantes del PFG”. Dijo.


Para Daniel Solé, también estudiante del PFG, esta experiencia se suma a la satisfacción de haber ganado premio regional en periodismo comunitario el año pasado. “Con Periodismo de Frontera pudimos avanzar en la forma de diseño del periódico, haciéndolo más atractivo al usuario lector. Tenemos proyectado volver a participar en el premio con una edición especial del periódico número 100”.

Con el diseño y publicación de estas experiencias, la Universidad Bolivariana de Venezuela logra que sus estudiantes de Comunicación Social se sumen a las alternativas comunicacionales antihegemónicas.

domingo, 1 de junio de 2014

Pacíficos

Luis Britto García


El pacífico se ajusta capucha y guantes, se cuadra tras el árbol en posición de tiro, dispara el rifle con mirilla telescópica, abate a la víctima con certero balazo en la cabeza. Tras él, una sombra recoge casquillos para que el arma homicida no sea identificada.

Él maneja su transporte público en Táchira de repente el parabrisas se le astilla el mundo se le astilla por certero balazo en la cabeza.

La grácil estudiante acelera el paso en la manifestación contra la inseguridad; desde las propias filas de la marcha opositora le descerrajan certero balazo en la cabeza que entra por la nuca, para ofrecer a las expectantes cámaras de RCN y AP una víctima, una imagen, un pretexto.

La bella recién casada divisa los obstáculos, frena. Cinco meses de embarazo le debilitan la paciencia, el cansancio de interpretar en lenguaje de sordomudos para los televidentes la vence. No puede dormir en el carro con el niño dando pataditas en el vientre. Abre la puerta para trasponer el basural. Una Beretta 9 mm siega de un solo balazo dos vidas.

El capitán de la Guardia despeja escombros en la avenida Godoy de Maracay y es abatido por cinco francotiradores. En las exequias, el Presidente recuerda que el 12 de febrero el capitán le había obsequiado el libro de William Sheridan Allen La toma del poder por los nazis, diciéndole: “Hay que derrotar el fascismo antes que sea tarde”.

Al trote entran encapuchados en la universidad gratuita y en las bibliotecas donde riegan gasolina y arrojan encendidas cajas de fósforos hasta que tantos libros alcanzan Fahrenheit 451°, temperatura a la cual el papel arde y se incendia.

Con una máscara, él posa para las cámaras de CNN como estudiante pacífico y con otra para las de NTN24 como dirigente de guarimbas de Barinas; lo detienen, le decomisan dos máscaras, fusil de guerra, cartuchos calibre 7.62 y pasaporte extranjero que permite identificarlo como solicitado por Interpol, narcotraficante, secuestrador, extorsionista.

Él dice ser estudiante pero no estudia y dice ser disc jockey sin discoteca y se siente fotogénico pues busca con insistencia las cámaras de BBC Mundo y Reuters y con su celular se dispara selfies con lideresas opositoras y símbolos de Otpor, pero nunca en el refugio bolivariano para damnificados donde vive gratis y espera que le regalen vivienda propia para poder seguir quemando cosas.

Él llega al acueducto, arrastra tambores con fuel oil hasta la orilla, ve extenderse la mancha irisada que envenenará el agua potable.

Con manos callosas de tallar santos y trajinar exilios la artesana remueve escombros que cierran el paso a la calle donde vive: en las manos divisa una lucecita roja que baila, sube por el antebrazo y el brazo hasta el cuello, hasta la cara donde revienta el certero balazo a la cabeza apuntado por la mirilla láser.

Los pacíficos pasean en gran camioneta con cristales oscuros, armados, por un tubo siembran erizos con púas; por el otro aceite para que los automóviles patinen, choquen, estallen.

La detective que detiene a un terrorista es acribillada a balazos por efectivos de Polichacao que protegen a los terroristas.

Los pacíficos incendian con gasolina el edificio donde entre el humo en la guardería gritan más de ochenta niños que milagrosamente salvan cuidadores y empleados.

Él es el 190 de los detenidos en el campamento que bloqueaba la vía pública a quien hacen examen toxicológico de drogas; es el 49 que sale positivo.

La anciana de 89 años reposa bajo cuidado médico; una turba apedrea la casa, amenaza matar a los habitantes; la anciana despierta, siente un dolor inenarrable en el brazo izquierdo y en el corazón y en el alma y expira.

Otros mueren degollados por trampas de alambre, abaleados desde vehículos, secuestrados y torturados.
Una nueva política quiere lograr que nadie vote: logrará que nadie vote por ella.

Luis Britto García

jueves, 12 de diciembre de 2013

Cuento ganador en el Primer Concurso Literario Lydda Franco Farías (UBV 2013)



Un diciembre elocuente
Primer premio en el Concurso Literario Lydda Franco Farías

Por Luis Montiel
(Estudiante del PFG Comunicación Social de la UBV Zulia)

A la vida y a la Montaña,
Al cielo venezolano de donde siempre caen flores.








El  domingo  amaneció  lloviznando  y  con  mucho  frío.  Blanca  Margarita  Castañeda  ya  había terminado de hervir el cacuando, a través de la ventana, notó que otra vez había  flores tiradas en el patio. Encog los hombros y frunc el  ceño un instante, luego reti la olla del fogón, atizó la leña y cerró la ventana para mantener  caliente la casa. Llevaba  puesto un vestido gris largo con un abrigo encima, de los que se tejen a mano. Entró al cuarto de Elena, su madre, levantó la cortina  y la vio acostada de espaldas a la puerta:
−Le  traje café─,   dijo Blanca Margarita.
─No tengo frío, gracias─,  respondió sin voltear.
Anoche volvieron a caer flores en el techo─, dijo la anciana.
─ Mamá usted sabe que eso no es posible.
─ Claro que sí, yo las escuché caer y deben haber más en el patio. Tengo setenta y cinco años pero aun no estoy loca.
─ Bueno, puede ser que salgan del lomo de la montaña y que el viento las empuje al pueblo en la madrugada, así me lo explicó don Jesús que también las consiguió en su patio─,   respondió Blanca Margarita.
─ No, vienen del cielo ─, dijo la madre mientras intentaba reponerse para sentarse en el catre.
─ Venga señora, bébase su café mientras le arreglo la trenza y no diga más cosas raras.

Se sentó en el catre  y empezó a acomodarle el cabello a su madre, y mientras lo hacía pensó en ella y en lo indefensa y débil que la sentía entre bajo sus manos, más que por la vejez, por la ausencia del viejo.
Era 15 de diciembre y ya Mérida sufría los estragos del paro petrolero que azotaba a Venezuela. El viejo Juvenal Castañeda había salido del pueblo hacía dos días con dirección a Campo Elías. Él que a pesar de estar cerca de los ochenta años aún era un hombre fuerte, alto, aun no se había encorvado  y tenía rostro altivo. No ocultaba su enojo por la situación política. Había sido guerrillero en la década del 60 y conocía medio país por haber sido preso político de las mejores cárceles   en la dictadura pérezjimenista. Guardaba un poco de rencor por el actual gobierno:
─ ¡Qué carajo con Chávez!, ahí está, por andar siendo complaciente  con los enemigos ahora el pueblo tiene que pasar hambre. ─ Después se respondió─:  como si no la conocieran.
Ya no había harina en el pueblo y solo el mercado de Campo Elías estaba abierto, pero solo vendían un paquete por persona, además ya la carne  se estaba acabando y era necesario comprar carbón por saco porque  no había parado de llover  desde principios de mes y la leña de las casas estaba húmeda. Ya listo para  regresar con la mula de carga no llevaba consigo ni la mitad  de lo que pensaba encontrar  en el mercado y se decía: «por lo menos llevo el café para los días».
Se lamentó ver por el camino un pueblo casi desierto, porque ya no había doctores  ni bodegueros  que mantuviesen a la gente en sus casas. Eran los días  en los que los más decididos bajaban del páramo con sus familias y con las mulas de carga en busca de tierras tachirenses, aunque, en realidad buscaban llegar cerca de los mercaderes y revendedores de la frontera con Cúcuta que ofrecían víveres colombianos a quien tuviese suficiente dinero. Así se decía en la región andina «El gobierno hace lo que puede pero no hay transporte y las cosas no llegan».
Juvenal Castañeda incrementaba su rencor y de nuevo lo descargaba pero a los jefes del paro nacional:
─Malditos burócratas aburguesados. ─ se dijo ─  Disfrutan de la vida, de día pasean en sus carros y en la tarde anuncian  su botín en la televisión.

Ya eran las tres de la tarde  y había dejado de llover. Blanca Margarita le llevó de almuerzo a su madre dos bollos de maíz  con un poco de queso, además  de un vaso de agua de papelón que colocó en la mesa de noche junto al portarretratos  donde estaba la foto de la familia completa. Estaban los tres más Lucía que era la única hija de Blanca Margarita, y que estaba estudiando para doctora en Caracas hasta que inició el paro. Tenían  quince días sin saber de ella:
─ ¿Cómo estará la muchacha?, preguntó Elena mientras probaba de su almuerzo.
─ Bien mamá, ella sabe cuidarse y seguro pronto llegara─,  respondió.
 ¿Y las flores? Su padre las ha escuchado caer también. Él sabe que vienen del cielo.
Blanca Margarita la miro de perfil con una ternura que parecía más bien la madre que su propia hija.
─Coma mamá, el viejo no cree en eso, él es ateo.
─ ¿Ateo? Pues sí se le olvidó, se casó conmigo, y por la iglesia─. Y siguió comiendo.

Blanca Margarita sonrió  de inmediato y mirándola  a los ojos le dijo ─ Claro. El abuelo lo obligó─, ambas sonrieron.

Blanca Margarita aún conservaba la belleza de una mujer sencilla, a pesar de  sus 55 años, y nunca se volvió  casar por guardarle luto a su marido muerto hacía 8 años atrás. Un día cargaba sacos de papas y lo sorprendió un infarto en pleno páramo. Ella se creía  una mujer con suerte, ya que a pesar de lo lejos que estaba el pueblo de la ciudad, logró matricular a   la niña para que el gobierno la becara en la capital.
─ ¿Mamá, cree que Chávez aguante otra vez?─,  preguntó con preocupación.
─Sí, los pobres están con él y son muchos.
─Pero papá no lo quiere─, Respondió de inmediato.
─ Seguro que sí. Solo  está resentido. Cuando era joven  me dejó muchas veces  por andar con los comunistas. Casi lo matan. Una vez  se fue y no regresó  sino a los dos años, más flaco y triste. Había estado preso  en Maracaibo, la barba y el pelo le crecieron como a un loco.

Comenzó a llover fuerte y las dos mujeres ya no podían escucharse por el bramido seco que producían las gotas al estrellarse con el zinc del techo, y Blanca Margarita le dijo a su madre que era   mejor recostarse  y esperar hasta el otro día a que llegase el viejo.
De pronto se escucharon  dos fuertes golpes  en la lata de la puerta seguido de un  grito «Abran la puerta que me mojo». Blanca Margarita reconoció  la voz de inmediato y corrió a abrir.  De la lluvia helada emergió a la casa Lucía. Era delgada, de cara fina, con el cabello negro y corto por encima de los hombros. Traía una un semblante de confianza. Soltó la maleta y abrazó a su madre.
─ ¿Y los abuelos? ─ Preguntó.
Blanca Margarita respondió con alegría ─ Están bien. Su abuela está recostada en su cama y el abuelo salió a buscar víveres en la ciudad, llega mañana. Pero usted, ¿está bien? ¿desde cuándo salió de Caracas?
─ Desde hace una semana. Logre llegar a Valencia y luego de dos días conseguí bus para Mérida. Allá en la capital todo es un caos, los opositores tienen a los canales y a las empresas las pararon, pero ya se dice que el gobierno pondrá a funcionar  algunas fábricas  con la Guardia y el Ejército. No quiere que la gente sufra en navidades por falta de alimento y gasolina.
La noche transcurrió con  la lluvia tenue  al igual que al día siguiente. No paró de lloviznar  hasta las seis  de la tarde del lunes cuando llegó Juvenal Castañeda con  su mula cargando la canasta de víveres a medias.
─ ¡Llegó el café!─, dijo al entrar.
De inmediato colgó el canasto en un clavo del horcón  de la pared para luego ir a saludar a su mujer.
─ No había tardado  tanto desde  hacía muchos años─,  murmuro Elena─,   su nieta llegó ayer  y dice que las cosas se arreglarán.
─ No sea así de seca. También la extrañé─, y se sentó a su lado. De inmediato y justo cuando le acariciaba la trenza ella respondió:
─ Ayer  volvieron a caer flores del cielo.
─ Olvídese de eso, debe de ser que las arrastra el viento en la madrugada. Lo  único raro es que ni en Campo Elías ni aquí hay flores, solo esas que aparecen en el patio y que   luego se marchitan en el barro.
─ Pobrecitas, son de Dios y se marchitan en el barro─, dijo pensativa.
Él se quitó las botas, colocó sus chanclas y colgó su hamaca al lado del catre de la mujer. Se acostó a descansar en silencio. Sabía que al día siguiente sería 17 de diciembre, fecha en la que murió Bolívar y pensó que la única vez que se escuchó que cayeron flores del cielo fue cuando El Libertador entró triunfante a Mérida. Venía del Táchira, y antes de Cúcuta, traía consigo el corazón  hinchado de orgullo patriota  y contagiaba  a todos con esa mirada destellante que los hacía seguirlo  con convicciones de gloria Eran los días en que escribiría el Decreto de Guerra a Muerte contra los colonialistas. Luego  se entristeció porque mañana moriría otra vez, solo, lejos y traicionado. Sollozó.
─ ¿Todavía estás molesto con Chávez? – preguntó ella en la oscuridad.
─ ¡No! Solo es que le falta carácter, pero es bueno─,  le respondió─, al rato se durmieron.
Por la mañana Blanca Margarita Castañeda colaba el café. Eran más de las siete, y apenas el tenue sol aclaraba el páramo. Lucía estaba sentada  en un taburete cerca de la puerta  cuando empezó a sonar el techo:
─Mamá apretó la lluvia ─, dijo.
En su cuarto la anciana abrió los ojos  con una impresión de estar despierta desde la madrugada  y dijo:
─ Juvenal, sal al patio─,  el viejo, que tenía rato despierto, frunció el ceño en señal de molestia, se puso las chanclas y fue a la puerta. Apenas pudo asomar la mitad del cuerpo y mirar a la calle cuando notó que del cielo caían flores amarillas y azules. Fue la impresión más grande que apenas pudo soportar su concepción iconoclasta.
Entró nuevamente, tomó su taza de café ya servido, bebió dos rápidos sorbos y luego se volvió a acostar en su hamaca.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Álbum familiar de Country Sur, memoria y palabra

El Álbum Familiar que la fotógrafa Ana María Otero (Guary) está desarrollando en las comunidades, es una experiencia bien concreta de articulación de lo que podemos llamar los "poderes creadores del pueblo". Se funden en un solo esfuerzo el Centro de Producción Audiovisual y Radial San Jacinto CPAR, el Centro Comunitario de Producción Audiovisual CCPA, la Universidad Bolivariana de Venezuela a través del PFG Comunicación Social y el Centro de Estudios de Comunicación Social, Fonacit y el Sistema Nacional de Culturas Populares, más el Consejo Comunal de la Comunidad Country Sur sin quienes el trabajo en la comunidad sería imposible, al menos con los niveles que exige de cooperación y solidaridad. A todo ello se suman compañeras que desde Comunicación Social en la Misión Sucre nos van comenzando a decir con la verdad en el corazón que es esta la Universidad diversa del futuro y finalmente, la profesora y honda amiga Berta Vega, profesora jubilada de LUZ, poeta, ensayista, investigadora de la lengua y el habla, militante de la lectura en voz pública, de la lectura hecha por todos.
Niños, adultos mayores, jóvenes de todas las edades, simpatizantes de la revolución, o no, confluyen en esta experiencia que es un homenaje a la palabra y a la memoria, a nuestros barrios y a los hilos que se han ido tejiendo en nuestras comunidades aluvionales, frutos de la violencia que ejerce sobre nuestras personas y nuestros territorios el voraz capital, pero que expresan la voluntad de vivir y hacer comunidad.



Estos barrios nuestros,
pueblos de aluvión, no tienen una memoria:
sus historias están fracturadas y responden
dramáticamente a diversas formas de destrucción y
violencia. Pero, la comunicación cuando es verdadera
reconstituye el tejido social resquebrajado: reconstruye,
sana, urde la trama, teje para construir un territorio donde
sea posible la patria reencontrada y de todos.
Porque nuestra historia es también nuestra memoria.
Somos un pueblo oral que necesita ir a su propio
encuentro: desde lo que fue hasta el presente que está siendo. La fotografía como escritura nos fija en la memoria
y desde allí escribimos nuestra historia.
Para los pueblos que se refundan la memoria privada es
historia pública. Nuestros humildes mitos, nuestras épicas,
nos orientan en la noche de los sueños y en el día a día
del trabajo colectivo.
_________

El proyecto "álbum familiar" presenta
narraciones documentales de realización
colectiva que visitan las historias personales y la transforman en diálogo. Son cuentos que
invitan a reflexionar sobre la memoria, los
pequeños mitos, el tiempo, la fotografía, el
nosotros hecho imagen y oralidad, como
herramientas para la verdadera
comunicación necesaria.

lunes, 11 de abril de 2011

"Gracias medios de comunicación"


AVN


Napoleón Bravo dio los buenos días a Venezuela por el canal de televisión de la familia Cisneros (Venevisión) y anunció: “Tenemos nuevo Presidente”. Eran apenas las 6 de la mañana del 12 de abril de 2002, hora en que empezaba su programa “24 horas”.

Bravo estaba acompañado en el estudio de televisión por el alcalde del municipio Chacao para esa época, Leopoldo López; el presidente de la encuestadora Ceca, Víctor Manuel García; el contraalmirante (r) Carlos Molina Tamayo; entre otros que se iban incorporando al programa mientras se transmitía.

“Debo decirlo, gracias Venevisión, gracias RCTV”, expresó García y lo interrumpe el conductor Bravo: “Yo voy a decir una cosa, y nosotros tenemos que decir, tanto Venevisión como RCTV: gracias Televen, gracias CMT, gracias Globovisión” y retoma la palabra nuevamente García –para que nadie quede fuera del agradecimiento por participar en el complot contra el gobierno de Chávez– y expresa: “Gracias medios de comunicación”. Leopoldo López aprueba con la cabeza con el ceño fruncido.

Mientras en este programa de televisión revelaban cómo participaron los medios de comunicación en la preparación del golpe de Estado del 11 de abril, los ministros del Gobierno de Chávez, diputados de la Asamblea Nacional aliados a la Quinta República y quienes presidían los poderes públicos eran censurados por los medios de televisión y radio privados.

El entonces fiscal General de la República, Isaías Rodríguez, convocó a una rueda de prensa con el pretexto de anunciar su renuncia. Gracias a este artilugio consiguió que las cámaras y micrófonos se encendieran para transmitir un mensaje que los medios no esperaban.

“No hay ninguna duda que se ha violentado el Estado constitucional y que estamos ante una situación que no se puede calificar si no de golpe de Estado”, denunció el Fiscal General y los canales de televisión lo sacaron del aire.

Tan sólo habían transcurrido cinco minutos de la rueda de prensa que luego fue parcialmente reseñada al día siguiente (13 de abril) por El Nacional como “ex fiscal general de la República”.

Los medios habían acatado al pie de la letra el decreto de Pedro Carmona Estanga que destituía de sus “cargos ilegítimamente ocupados, al Presidente y demás Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, al Fiscal General de la República, al Contralor General de la República, al Defensor del Pueblo y a los miembros del Consejo Nacional Electoral”.

Detuvieron al ministro de Interior y Justica, Ramón Rodríguez Chacín, y al diputado Tarek William Saab; pero antes promovieron el odio por los medios e hicieron una sentencia mediática de la culpabilidad de los muertos del 11 de abril.

“Si usted cree saber del paradero de algunos de ellos, colabore con las autoridades y ayúdenos a encontrarlos”, solicitaba Eduardo Rodríguez por la pantalla de Venevisión como si fuera un llamado de “servicio público”.

“Llamamos a varios medios –El Nacional, El Universal, Unión Radio…– para denunciar lo que estaba pasando. No me concedieron el más mínimo espacio. En unos pocos minutos la calle se llenó de gente con palos, con piedras, con cadenas. Vimos incluso vecinos que conocían a mis hijos y a mi esposa colaborando con los fascistas”, relató Saab a los periodistas Rosa Miriam Elizalde y Luis Báez, autores del libro Chávez nuestro.

En Globovisión por error

El vicepresidente de la República, Diosdado Cabello, se desplazaba hacia el apartamento de unos amigos para refugiarse cuando escuchó por radio la noticia de su muerte y la de Freddy Bernal. Habló con María Gabriela, la hija del Presidente, y le dijo: “Mira, hay que mostrar al mundo lo que está pasando”.

Cabello llamó el 12 de abril a Unión Radio y le grabaron la declaración, pero lo censuraron. Escribió a los principales periódicos y radios del país y sólo “El Universal hizo una ligera referencia, el 13, esbozando que [él] había mandado una nota a los periódicos donde decía que era el Presidente”.

Hasta que apareció Cabello por Globovisión, pero por error. Había entrado en contacto con el corresponsal de CNN Otto Neustald que accedió a entrevistarlo el 13 de abril.
“Globovisión cometió el gravísimo error de encadenarse con la CNN. Ni soñaron que podía aparecer Diosdado Cabello por ahí, y casi toda Venezuela me escuchó diciendo que yo era el Presidente constitucional, que había habido un golpe de Estado, que Chávez estaba secuestrado, que temíamos por su vida y no sé cuánta vaina más”, relató el Vicepresidente a Elizalde y Báez.

El entonces ministro de Educación, Cultura y Deportes, Aristóbulo Istúriz, no corrió con la misma suerte. Convocó a una rueda de prensa en su casa el 12 de abril y fueron periodistas nacionales y corresponsales extranjeros, pero antes se dirigió a Radio Caracas Televisión (RCTV) para solicitar que lo sacaran de una lista de “los más buscados” que transmitían a cada instante por ese canal.

Lo recibió Eladio Lares, presidente de RCTV, y le prometió que iban a suspender esa nota televisiva. Istúriz se retiró confiado a su apartamento para atender a los periodistas que había convocado antes del mediodía. No había cámaras, ni microondas para transmitir en vivo. Prendió el televisor y la nota de “los más buscados” donde aparece él seguía trasmitiéndose.

“Te jodieron, negro”, le dijo una de las periodistas que organizó la rueda de prensa.

Unas cámaras estaban en la sede de la Disip, esperando que llegara detenido el diputado Saab.

“Todo ocurrió muy rápido, y sin embargo, estaban los camarógrafos. Me llevaron a la sede de la policía en El Helicoide, para entregarme a la Disip. Había un fiscal, lo que prueba que nada se improvisó. Cuando salí esposado, estaba la prensa aguardando en la sede de la policía política. Ahí vi una oportunidad y empecé a gritar que se estaba cometiendo un atropello a mis derechos humanos, que estábamos ante una dictadura, un golpe de Estado. Un periodista me dijo: ‘¿Usted va a renunciar"’. ‘No, yo no voy a renunciar. El Presidente no ha renunciado’.”

La denuncia fue internacional

Los medios de comunicación nacionales habían dejado de transmitir las declaraciones de cualquier partidario de Chávez o movilización que estuviera a favor de la restitución de la Constitución.

María Gabriela, una de las hijas del presidente Chávez, volvió a vivir una experiencia similar 10 años después: Su padre otra vez estaba preso. Y se lo comentó cuando hablaron con él por teléfono el 12 de abril en la mañana.

Conversaron tan sólo tres minutos y su padre le dijo que “llamara a Fidel (Castro), que él era el único que podía hacer la denuncia internacional”, relata María Gabriela en el libro Chávez nuestro.

Primero entró en contacto telefónico con Diosdado Cabello porque su teléfono como el de su hermana Rosa Virginia no tenían salida internacional para llamar a Castro. Luego se comunicó con la pizarra central del Palacio de Miraflores, con la suerte de que los de protocolo no habían sido despedidos y eran leales a su padre.

“Soy María Gabriela y necesito que llames a Fidel Castro, a Cuba”, le dijo con claridad a quien le atendió y de inmediato la comunicaron con él.

A las 11 de la mañana del 12 de abril María Gabriela era entrevistada por Randy Alonso, conductor de “Mesa redonda" que transmite la televisión cubana, gracias a la mediación de Castro.

“Diosdado Cabello me ha pedido que se dé a conocer al mundo esta situación, y que se denuncie ante la Organización de Estados Americanos (OEA), ante el Grupo de los 77 y ante todos los organismos internacionales. Es una dictadura de extrema derecha lo que se está dando en el país y la quieren tapar con una supuesta renuncia. Están buscando a los simpatizantes del gobierno para detenerlos”, declaró por la televisión cubana.

Cero chavismo

Los medios de comunicación privados habían silenciado las voces leales a Chávez y a quienes exigían que se respetara la Constitución Bolivariana. Caracas, como otras ciudades de Venezuela, fue testigo de la movilización del pueblo espontáneo el 13 de abril; pero las televisoras privadas sólo mostraban programas infantiles.

En sus pantallas no se mostró a la gente congregada en Fuerte Tiuna, que después se movilizó a pie hacia Miraflores. Tampoco a aquellos que llegaban de todas partes de la ciudad hacia el Palacio que querían ver al presidente Chávez, que pedían que regresara.

“La censura se implantó desde el viernes (12 de abril) en la mañana cuando se nos dice por primera vez que no estaba permitido que apareciera en pantalla, desde ese momento en adelante, ningún personero del chavismo. Cero chavismo”, declaró el ex director de prensa de RCTV Andrés Izarra a los reporteros Kim Bartley y Donnacha O"Briain para el reportaje audiovisual “La revolución no será transmitida”.

La señal del Estado Venezolana de Televisión (VTV) permanecía caída desde las 10 pm del 11 de abril. El para ese entonces presidente de Conatel, Jesse Chacón, trataba infructuosamente de levantar la señal aunque fuera de manera clandestina. Ésta se restableció el sábado 13 a las 8 de la noche, cuando las fuerzas leales a Chávez restablecieron el orden Constitucional.

Los medios de comunicación privados tuvieron sus “15 minutos de fama” el 12 de abril de 2002. Pero después que Chávez retomó la presidencia continuaron con lo que venían haciendo.

Fuente: http://www.avn.info.ve/node/52372

jueves, 7 de abril de 2011

Corresponsal de Telesur narra dramática experiencia en Trípoli






Jordan Rodríguez, periodista, del equipo de corresponsales enviado por el canal multiestatal Telesur a Libia, en entrevista exclusiva para AVN, luego de su llegada a Venezuela, tras permanecer un mes dando cobertura al conflicto que vive el país africano. Jack Bocaranda.

Jordan Rodríguez, periodista, del equipo de corresponsales enviado por el canal multiestatal Telesur a Libia, en entrevista exclusiva para AVN, luego de su llegada a Venezuela, tras permanecer un mes dando cobertura al conflicto que vive el país africano. Foto: Jack Bocaranda, AVN

Jordán Rodríguez, periodista de Telesur, quien estuvo 38 días como enviado especial en Trípoli durante el conflicto interno del país, norteafricano reseñó su experiencia.

Hemos sido testigo de lo que es la guerra de cuarta generación materializada, ya no es un mito, ni un cuento de camino lo que pasó en Libia”, enfatizó.

Durante su participación en el programa “Agenda Abierta” que transmite “VTV”, el reportero explicó que el equipo de prensa de Telesur, fue el primero en llegar a Trípoli.

Comentó que en los días de caos en Libia, hubo especulación en cuanto a las informaciones que se transmitían. “No es lo mismo decir que un Gobierno está bombardeando y matando gente, a decir que hay un grupo armado y que el ejército está combatiendo a ese grupo”.

Responsabilizó a los medios de comunicación internacionales del conflicto que vive esa nación, agravado tras la intervención de fuerzas militares extranjeras que aprobó la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

“La gente en la calle siente, y de hecho todavía lo deben sentir, que las cámaras de televisión son las responsables de lo que está ocurriendo ahora en Libia”, aseguró Rodríguez, este martes, en declaraciones a Telesur.

Como periodista “podías ser blanco de la oposición o de grupos radicales, de cualquiera y eso hizo muy complicado el trabajo”, agregó.

Jordán Rodríguez, periodista de Telesur, quien estuvo 38 días como enviado especial en Trípoli durante el conflicto interno del país, norteafricano reseñó su experiencia.  Foto:VTV

Jordán Rodríguez, periodista de Telesur, quien estuvo 38 días como enviado especial en Trípoli durante el conflicto interno del país, norteafricano reseñó su experiencia. Foto:VTV


(Con información de Noticias 24, Venezuela)


sábado, 11 de abril de 2009

Libro de la calle


Por
Blas Perozo Naveda

La verdad, éramos unos televidentes con nuestro control remoto y la piquiña controlada, absolutamente abstencionistas, aunque no indiferentes. Faltaba solamente aquel acontecimiento que se desarrollaba en la pantalla y que nos dejaba estupefactos, vapuleados, masajeados, estresados, cuando nos preguntamos: ¿ van a matar a ese hombre vía satélite,en todos los televisores del mundo?.Ahí despertamos al libro de la calle.

No recordaré lo que todo el mundo recuerda de las marchas con su entrenamiento teledirigido, el golpe, el paro petrolero criminal y los buques fondeados por sus capitanes. Pero es inolvidable cómo muchos nos fuimos revolviendo por dentro, y solamente estábamos a pique, a punta de melcocha, al filo de la sensibilidad y las imágenes del 11 de abril, los muertos, los heridos, el Presidente preso, aquel energúmeno coronándose. La rabia, la impotencia ante el cierre de los colegios de nuestras hijas, con sus jornadas insólitas, Virgilio Crespo y María, Gloria y Gumer, y muchos otros padres defendiendo a nuestros hijos, choqueados al descubrir en manos de quiénes habíamos puesto la educación de los muchachos. Libro de la calle.

Llamé a la Chicha Cuauro, mi camarada, mi comadre, mi amiga y en dos palabras de revolucionaria me lo dijo todo: a la calle compadre, saque su libro de la calle ¡¡.

Allende había revivido hacía días desde el balcón de mi apartamento, a coro con el himno Venceremos de Inti Intilimani. Su voz sembrada en lo más hondo de los latinoamericanos, volvió a retumbar desde mi pioneer, escondida en un LP que me regalara la profesora Claro de Altamirano, con su amable gentileza sin olvido y en la promesa: “se abrirán las grandes alamedas, por donde pase el hombre libre”. Libro de la calle.

Recordé aquel poema de Goitisolo:“ a la calle que ya es hora de batirnos a cuerpo / Nosotros somos quienes somos basta de historia y de cuentos “Y salí al libro de la calle, siempre guiado por teléfono, por mi hermano del alma Norberto Piña. Estabamos seguros que nos tocaba leerlo en los ojos y los actos de la multitud.

Omar muñoz apareció por la casa en equellos días y había puesto algunos puntos y comas con sus acentos carmeneados, en los lugares claridosos y en las convocatorias. Nuestro capitán estaba en la Salina y nadie lo pudo sacar de ahí, ni con amenazas ni cacerolazos, a pesar de sus 79 años, primer piloto, piloto mayor, capitán, no jubilado todavía, en sus trece: “no dejaré mi trabajo”. Hombres como el capitán Antonio Castellano, no vienen ya de la fábrica.

Habíamos presentado credenciales, con la mediación de José Enrique Finol, y había sido aceptado para hacer el doctorado en Ciencias de la Comunicación bajo la tutoría de Marcial Murciano, en Barcelona, lo mismo mi esposa. Me comunicaba por internet con Esteban del Campo en otra universidad española, por contactos previos con Omar Muñoz.

El 11 de abril, en la madrugada, Esteban del Campo me dio sus opiniones sobre lo que creía de Chavez. Y yo le contesté diciéndole la verdad: Chávez está secuestrado, es el Presidente más democrático que ha tenido Venezuela, no es ningún dictador. Y así.

En la calle me encontré con un compañero de estudios que aunque nunca fue un hombre de izquierda, siempre lo vi como ironista, humorista y poeta. Dijo un disparate que le salió del pasado, que los inmigrantes españoles arrastran como una condena, que lo sumio en el olvido, —tanto que no diré su nombre— y sólo le respondí: te equivocas, esto apenas comienza. En efecto su sentencia: “ya salimos de ese carajo”, era falsa de toda falsedad. No sabia leer el libro de la calle, sólo seguía a pie juntillas las tonterías de un Pottier y un Greimas reinterpretados, por unos tontos (as) de los estudios generales.

Una multitud nos fuímos hasta puente de el Panorama. Es increíble, pero cierto: me encontré 45 años después, con antiguos compañeros del Cuse, la junventud comunista y el Mir, idénticos y peladientes. Ahí nos saludamos como si nada, codo a codo, sin que los títulos de ingenieros o doctores o simples trabajadores, nos molestaran para nada, como si estuviéramos todavía una vez mas, en las reuniones de la plancha de la izquierda en el liceo Jesús Enrique Lossada de los años sesenta y pico.

En unas asambleas de Apuz, en ingeniería, y otra en la casa del profesor, unos seres disfrazados de profesores planificaban el petitorio de aumento de sueldo para presentarlo a la junta fascista de Carmona el breve. Sin ningún pudor ni vergüenza, exibieron su avisito en los periódicos como si nada, como si la universidad fuera de ellos y el universo de la ciencia, el arte, la política, y la economía, fuera la circunferencia de sus estómagos. Cuatro profesores que nunca nos habíamos hablado mas de 2 saludos, espontáneamente, protestamos aquella ofensa a la universidad. Roberto López les dio duro. La rabia convirtió mis palabras en grito.

No quiero pasar por alto un recuerdo enédito en mi vida: era un ser gordo y de ojos saltones, colorado, pelo entrecano y flechudo. Pidio la palabra y, por vez quincuagésima sentí vergüenza por ser colega de aquel especimen, e infinita pena por mis alumnos. Dijo: “Es muy sencillo”, y se enrrolló el cuaderno y lo metió con dificultad en el bolsillo tracero “no tenemos que discutirlo más: ellos son los indios y nosotros los vaqueros. Saquemos los rifles.” Inolvidable.

Tras antier le vi de refilón en el IPP. Le dijo a otro de sus iguales “a todos los tengo allá ...Aquí no tengo a nadie”. Inolvidable. Así es la memoria del libro de la calle.

Profesor

lunes, 6 de abril de 2009

El pueblo que daba sed


Por
Vidal Chávez López


(Al estilo garcía marqueano, guardando la distancia)



I
Muchos años después, frente a una pipa vacía, Aristarco Deunario Urdaneta había de recordar aquella noche incierta cuando su padre, bajo la luz trémula de una vela, le mostró una fotografía roída de una presa para que pudiera, aunque fuera de manera referencial, conocer el agua.

El pueblo era entonces una aldea de cien casas, reunidas alrededor de la iglesia, la Plaza Mayor y el pequeño hospital. El mundo era tan reciente, que el sol calentaba con una insensibilidad que daba exasperación, por lo que todos en el pueblo sentían necesidad de bañarse tres veces al día y tomar agua a cada momento. Pero el problema, era que en aquel pueblo nunca había agua.

Por aquel entonces, en cada campaña electoral las agrupaciones partidistas, dirigidas por políticos embaucadores, mujeriegos, pícaros y borrachines, montaban sus tarimas de feria en la Plaza Mayor y con un gran bullicio de pitos, panderetas, matracas, triquitraquis y cohetes mata suegras, prometían solucionar de un día para otro el problema del agua.

En su desesperación por ganar votos, los personajes públicos recurrían a su desaforada imaginación politiquera y demagógica. Los políticos más conservadores prometían lluvias cada 18 horas. Unos ofrecían montar las casas en grandes balsas, para mudar al pueblo hasta las orillas del río Missisipi. Otros garantizaban la factibilidad de conectar tuberías a las nubes para tener agua de manera permanente. Por su parte, los grandes mercaderes de la política ofrecían institucionalizar constitucionalmente el San del Agua. En cambio, los creyentes en el poder mágico de la homeopatía sostenían que la solución para calmar la sed estaba en la aplicación de la orinoterapia. Como siempre, ofrecimientos eran lo que sobraba, en cambio lo que seguía faltando era el agua.

En medio de esta barahúnda de promesas electoreras, el viejo Malaquías Molero, mientras se empinaba su sexta copa de ron blanco en el botiquín de la negra Griselda, previno a todo el pueblo de aquella demagogia politiquera desmedida:

-No le hagan caso a ninguno de esos grandes carajos, que en este pueblo el problema del agua no tiene ninguna solución. Que se los digo yo, que tengo 78 años y he pasado toda mi vida echándome palos seco de ron, porque ni para llevar con dignidad el vicio de la bebentina hay agua en este pobre pueblo.

Para esa época Aristarco Deunario había perdido toda esperanza de conocer el agua, y adquirió el hábito lastimoso de hablar a solas. Se paseaba impotente por la casa con su vieja totuma en la mano derecha, mientras su esposa y sus hijos seguían montando su terca vigilia con la ilusión de ver aparecer, aunque fuera por error, un chorrito de agua por el tubo oxidado y lleno de telarañas del lavaplatos.

II

Muchos años después, los niños habían de recordar por el resto de sus vidas la respetable solemnidad con que su padre un día se echó a morir en una pipa vacía. Llorando y temblando de rabia e impotencia, devastado por la prolongada vigilia de 75 años sin ver aparecer una gota de agua por la tubería sin estrenar de su casa antigua, Aristarco Deunario le reveló a su familia lo que consideraba su más terrible descubrimiento:

-Definitivamente, el agua no está hecha para la gente de este pueblo. Ese supuesto líquido, considerado esencial para la conservación de la vida sobre la tierra, es sólo el invento de unos políticos chapuceros, incapaces y farfullos. Por lo tanto, como último deseo, les pido que me entierren dentro de este depósito metálico, como homenaje a La Pipa del Agua Desconocida.

Ese mismo día su esposa Fredefinda Montiel perdió lo poco que le quedaba de paciencia.

-Si quieres volverte loco, vuélvete tú solo, pero no trates de inculcar a tus hijos tus ideas extrañas de camello descocado y trasnochado, -gritó Fredefinda Montiel sin dejar de revisar la lista de los terminales de loterías.

Impasible, Aristarco Deunario no se dejó amedrentar por los bramidos amenazantes de su esposa. Demostrando un gran poder de convocatoria, logró reunir a los hidrólogos, agrimensores, agrónomos, ingenieros, topógrafos, brujos, renacedores, adivinos y astrólogos del pueblo, y debajo de un viejo matapalo sembrado en el centro del patio de su casa les demostró, explicándoles en un lenguaje enrevesado y trazando en la arena gráficos y figuras incomprensibles, que era una equivocación continuar desgastándose en el empeño inútil de esperar la advenimiento del agua si nadie llegaba a comprender la teoría matemático-física de la cuadratura de la pipa vacía, propuesta por Kinlomer en la antigua Mesopotamia.

Los asistentes a la reunión salieron convencidos de que Aristarco Deunario sufría de una crónica y enmarañada aridez cerebral que le había provocado la pérdida irreparable del juicio, si es que alguna vez en su vida lo había tenido.

Sin embargo, el arribo inesperado de un forastero logró poner las cosas en su punto justo. El extraño visitante llegó manejando un original pero desvencijado vehículo, en el que venía amarrado un camello decrépito y mal oliente. No obstante, la gente del pueblo sólo se dio cuenta de la llegada del desconocido cuando pidió para almorzar, como si hubiera acumulado por años las ganas insaciables de comer, cinco bocachicos rellenos, cuatro servicios de patacones con queso palmita, seis huevos fritos, tres vasos grandes de horchata y dos manos de guineos quinientos.

Después de engullir desenfrenadamente aquel almuerzo de disparate, el forastero, en un español trabajoso, exaltó en público la inteligencia de Aristarco Deunario, quien, por pura deducción, había construido una fantástica teoría sobre la epistemología de la sed, pero que los camellos, sin ninguna jerigonza, habían comprobado más allá de la callosidad de sus patas y la sequedad de sus endurecidas jorobas.

Como prueba de su admiración por Aristarco Deunario le hizo un regalo que había de ejercer una influencia mágica y terminante en el futuro del pueblo: un camión cisterna, como dijo que se llamaba el insólito vehículo que llegó manejando.

-¿Para que sirve esa cosa?, preguntó sorprendido Aristarco Deunario.

-Con este camión cisterna tú puedes salir a vender agua por el pueblo y convertirte en un hombre sumamente rico e importante, respondió el desconocido.

-Se dan cuenta. Al otro lado del pueblo, hay toda clase de aparatos mágicos, mientras nosotros seguimos viviendo como burros, esperando que llegue por las tuberías esa minucia que llaman agua. Pero, ¿cómo voy a salir a comercializar algo que no tenemos ni conocemos?, dijo Aristarco Deunario.

-¡Carajo! Acaso, ¿no se han cuenta que este es un pueblo de agua?, gritó el hombre montado en un achacoso camello.

III

Un día, buscando una botella de ron blanco que el viejo Malaquías Molero había escondido debajo del asiento del camión cisterna, Aristarco Deunario encontró un pergamino escrito en sánscrito. Fascinado por el hallazgo, salió corriendo a buscar al padre Blas Pernalete para que lo ayudara a descifrar, lo que de manera ininteligible, estaba escrito en aquel vetusto documento.

Mientras escuchaba ensimismado como el representante de Dios sobre la tierra descifraba el viejo manuscrito, Aristarco Deunario sintió una fuerza extraña que lo iba arrastrando hacía la última trinchera que le quedaba en la vida: una pipa vacía.

Cuando se disponía a escapar de la fortaleza de hormigón en que se había convertido la pipa, comprendió que jamás podría lograrlo, porque en el pergamino estaba escrito que el pueblo sería definitivamente arrasado por la sed y desterrado de la memoria de los hombres que tienen el control de las presas, porque las estirpes condenadas a cien años sin agua no tienen ni siquiera la oportunidad de tomar un buchito de este líquido en el último instante de su vida.