“La Universidad Bolivariana, es motor, es vanguardia, es caballo, es lanza, es bandera, de un nuevo modelo educativo de liberación. Ustedes son actores fundamentales de esa vanguardia, siéntanse orgullosos mujeres y hombres”
Fragmentos del discurso del Presidente Hugo Chávez, Caracas, 08/11/2003, en el marco de la inauguración de la sede UBV Zulia.
Fragmentos del discurso del Presidente Hugo Chávez, Caracas, 08/11/2003, en el marco de la inauguración de la sede UBV Zulia.
jueves, 30 de enero de 2014
miércoles, 29 de enero de 2014
MERI, corto de ficción producido por el CCPA y Misión Sucre
Corto de ficción realizado por estudiantes de la Misión Sucre del Período Académico 2013-2 UBV Sección 14149-01804) como parte del Plan de Formación de la Unidad Curricular Discurso Audiovisual II, facilitado por la docente Handry Flores en la Aldea Universitaria Evelia de Pimentel.
domingo, 5 de enero de 2014
Discusión sobre ganancia y plusvalía a partir de La Cajita Infeliz, de Eduardo Sartelli
Nota sobre un aspecto del libro La cajita infeliz de Eduardo Sartelli donde extrañamente se confunde ganancia y plusvalía
José Javier León
«La tasa de explotación se mide en la proporción del valor
no pagado (que es mucho mayor que la mera tasa de ganancia. Mostrar la diferencia entre dichas tasas (de
«ganancia» y de «explotación») es una cuestión que no tiene sentido económico,
sino político, ético, ya que va dirigida a dar «conciencia de clase» a la clase
explotada (lo cual constituye la finalidad de toda la producción teórica de
Marx)»
Enrique Dussel.
Hacia un Marx desconocido, http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/clacso/otros/20120329094702/marx.pdf
Parece que
no resulta raro confundir ganancia y plusvalía, pero ciertamente no son lo
mismo, y la distinción la hizo el propio Marx. De ahí que resulte extraño que
marxistas lo confundan y, obviamente, nada raro que lo hagan los economistas
que le hacen el juego al capitalismo. Sartelli lo confunde, siendo marxista, y
por eso me extraña y por eso escribo.
Advierto
que estoy gozando la lectura de La cajita
infeliz (El Perro y La Rana, Caracas, 2012), y por lo mismo, me divierte
discutir algunos aspectos, desde por supuesto, mi poca pericia en estos temas.
No obstante, por lo que voy entendiendo, si confundimos ganancia y plusvalía
nos vamos a alejar del análisis de la realidad para caer en un teoricismo con
ribetes de radicalidad inane que desdice sin embargo de lo que al marxismo le
toca en cuanto al análisis propiamente de la realidad.
Me
explico. Confundir ganancia y plusvalía es dejar la discusión en un ambiente
puramente teórico y abstracto sin condescender a la realidad donde, en efecto,
existen no sólo la ganancia sino la plusvalía, como entidades bien distintas y
separadas.
Que juntas
ganancia y plusvalía, se conviertan en ganancia monda y lironda no nos exime de
distinguir la diferencia. Para el (economista) capitalista pueden ser lo mismo
pero, para el marxista, no. Para el segundo, la ganancia puede recibir un
análisis estrictamente económico, pero la plusvalía será siempre asunto que le
compete a la política y a la ética. Vale decir, no se puede discutir la
plusvalía sino en el plano político y ético, pues se trata de una operación
otra vez estrictamente extra-económica. Este carácter, precisamente, hizo que
ciertos economistas marxistas desestimaran su análisis y lo tiraran al tacho de
basura junto al fetichismo.
Hablar
entonces de ganancia sin más, es incluir en el plano económico algo que no lo
es del todo, y con esta si se quiere sutil operación de encubrimiento queda
fuera del análisis y lo que es peor, de la crítica correspondiente.
Ya en una nota anterior advertí que Sartelli permanece en algunos aspectos clave
extrañamente en un ambiente teórico siendo que tantas referencias hace a la
realidad incluso cotidiana. Él cree, dije, que el valor de una mercancía
depende del trabajo para producirla y que ello en consecuencia impactará en su
precio. La tecnología entonces aliviaría la producción y por ende haría bajar
los costos y finalmente los precios… pero, ya sabemos que ocurre exactamente lo
contrario. Para el capitalista la baja en los costos de producción se
convierten en furioso acicate para especular sobre los precios. Además, los
bajos costos de producción implican una mayor explotación a los trabajadores
que haciendo mano de la tecnología producirán más sin que ello repercuta
seriamente en una mejora de sus salarios. Seguirán de hecho ganando lo mismo (o
sea, tendencialmente menos) aunque la producción aumente considerablemente.
Esto es, en resumidas cuentas, lo que verdaderamente ocurre. Sin contar con las
aberraciones del trabajo en las maquilas, cuando los capitalistas no invierten
en tecnología sino en contingentes humanos que laboran en condiciones de
artesanado cuasi industrial feudal y servil.
Dicho
esto, volvamos al punto que motiva esta nota.
La
ganancia es todavía un asunto
económico. Es decir, la ganancia quedaría definida por el excedente que el
capitalista obtiene por invertir en la producción de mercancías. Esta ganancia
le permite expandir sus inversiones y además, claro está, contempla el
fortalecimiento político y social de su clase social. Pero lo importante es que
la ganancia hace parte del precio de costo que incluye los costos de producción
los cuales, en términos capitalistas, supone «el valor de los desembolsos más
el valor de la ganancia media» (Marx, citado por Dussel, p. 215)
Por eso,
confundir ganancia y plusvalía es el error fundamental, dice Dussel, del
mercantilismo, que tiene interés ya se sabe en que la confusión persista. En
efecto, una mercancía se puede vender por sobre su valor pero este incluye ya
el plusvalor «como cantidad de tiempo objetivado por sobre el valor necesario
para la reproducción de los medios de subsistencia del obrero» (p. 119). Para
Marx –siguiendo a Dussel- se determina en el nivel de la circulación y del
mercado porque el «costo de producción» son exactamente costos o gastos de
producción a lo que se suma la ganancia media dada por la competencia en el
mercado. Véase que esto ocurre al interior de –digámoslo así- las leyes del
mercado. Aquí plusvalor y ganancia parecen,
sólo parecen lo mismo, mas
«entre las ramas, entre los capitales individuales, etc., puede distribuirse el plusvalor de tal
manera que éste sea mayor o menor a la ganancia media. Con ello, Marx ha
descubierto el “eslabón perdido” entre el valor y el precio de costo o “precio
natural” según Ricardo. Ambos pueden ser distintos sin destruir la “ley del
valor”; es decir, se puede ver la continuidad entre persona humana del
trabajador, trabajo vivo, capacidad de trabajo, salario, plusvalor como robo de
vida humana, ganancia media como una cierta distribución de ese robo de vida
humana, determinación del precio de costo, y aun un precio de mercado que pueda
ser superior al precio de costo y que, sin embargo, exprese sólo el valor de la
mercancía (que contiene igualmente una media que distribuye el plusvalor). O
sea que, Marx puede medir éticamente, o desde el trabajo humano, la totalidad
de las categorías y la realidad económica capitalista, y, por lo tanto, puede
hacer una crítica ética de ella (si por “ética” se entiende, justamente, la
crítica a la moral establecida y dominante del capitalismo).» (Dussel, p. 194)
La plusvalía es como vemos, otra
cosa. Es en términos estrictos, robo. El capitalista hace trabajar al obrero
más allá de lo necesario, es decir, más allá de que este cubra su salario, pero
también más allá de la ganancia de la
que ya hemos hablado. Porque lo que entendemos es que el trabajador produce no
sólo el salario sino un plus, la ganancia, mas ello lo hace en un lapso de
tiempo menor a la jornada laboral que fija el capitalista y que cada tanto es
sometida a presiones políticas, de reducción o aumento de horas. Además, no se
puede perder de vista que el salario forma parte de la estructura de costos.
Explica Dussel: «El salario (o la “parte” del dinero-capital
comprometida: en comprar el trabajo) es así “una condición necesaria en la
construcción del capital y permanece como el presupuesto (Voraussetzung)
constante y necesario” (103, 21-22; 118)» (p. 75). Esto indica que la jornada laboral
tiene un colchón de maniobra política en el que toma la siesta la plusvalía.
Ello trae severas consecuencias que hay que examinar, porque el precio de las
mercancías ya está de alguna manera fijado en el ámbito económico, es decir,
prescindiendo de la plusvalía, las mercancías salen del trabajo, de la
producción, con un precio que contempla salarios, inversión y ganancia.
Trabajo
productivo, en el sentido de la producción capitalista, es el trabajo
asalariado, que, al ser intercambiado por la parte variable del capital (la
parte del capital invertida en salarios) no
sólo reproduce
esta parte del capital (o el
valor de su propia capacidad de trabajo), sino que produce, además un plusvalor
para el capitalista. [...]
(Marx, citado por Dussel, p. 137)
La
plusvalía ocurre como se ve fuera del ámbito económico y forma parte
frontalmente de la guerra social, encubierta y despiadada de la clase
capitalista contra los trabajadores. Es la cara más embozada de los
capitalistas, de la clase burguesa, que pretende convencernos de que sólo la
ganancia está incluida en los precios que salen al mercado.
Dice
Sartelli que de la plusvalía, del «trabajo sobrante – se debe sacar una parte para la expansión de los medios de
producción, el renglón destinado a ‘crecimiento’» (p. 196). A lo que decimos
que sí, pero sólo si aceptamos que existe un plus-crecimiento, es decir, una aceleración
y expansión del crecimiento al ritmo de la obtención de más y más plusvalía.
Porque insistimos, en la ganancia intraeconómica ya estaba incluido el crecimiento, connatural o acorde al
crecimiento de la producción real. Mas la plusvalía supone crecimiento extraeconómico, y en todos los aspectos, antinatura,
anti-social.
Siguiendo
con la misma cita, la expresión «se debe sacar una parte para la expansión»
ocurre en el ámbito de la ganancia; en el de la plusvalía no. Con esta última
la burguesía hará lo que le venga en gana, sobre todo invertir en negocios
riesgosos pero sólo si cuenta con el respaldo de las rentas públicas, o bien,
en negocios monopolizados, es decir, con riego que tienda a cero, o bien,
invertir en bienes raíces, en terrofagia, rural o urbana, o bien, en lo que
sea. Lo que quiero es dejar claro que una cosa es «sacar de las ganancias una
parte para la expansión» y otra muy distinta emplear la plusvalía o parte de
ella, en inversiones, crecimiento y expansión. Invertir la plusvalía es
derrochar a manos llenas el dinero producto del robo, de ahí que el actual
capitalismo financiero, con sus burbujas bursátiles, absurdos «salvatajes»,
compra a futuro sin respaldo, en fin, esta demencial «economía de casino» sea
su expresión más aguda.
La
confusión entre ganancia y plusvalía hace que se confundan también algunos
elementos al interior de lo económico, es decir, aún dentro del ámbito de la
ganancia. Por ejemplo, cuando Sartelli (p. 192) afirma: «La fuerza de trabajo
tiene la cualidad, que no tiene ninguna otra mercancía, de producir más valor
que el que ella misma cuesta». En primer lugar, producir más valor no es una
cualidad intrínseca de la fuerza de trabajo, si produce más valor es debido a
la explotación; es decir, no es de suyo producir más valor, sola no lo produce,
lo produce porque ha sido forzada a producirlo. En segundo lugar, Sartelli
reconoce que (antes de la explotación, esto no lo dice Sartelli) la fuerza de
trabajo tiene un valor previo a la explotación,
que es como dice él «lo que ella misma cuesta». Es importante entonces observar
que no sólo tiene un valor previo a
la explotación, sino que ya ese valor contiene la ganancia; no pasa así con la
plusvalía.
Pero hay
más, Sartelli llega a decir (a la altura de la página 193 de la edición que
consultamos) que existe un «trabajo necesario» de cuatro horas, un trabajo que
produce excedente «(ganancia, plusvalía)» también de cuatro horas, y cuatro
horas más de plusvalía absoluta. Es decir, Sartelli habla de 12 horas de
trabajo. O no sé sacar la cuenta o para Sartelli las jornadas son de 12 horas.
Pero el problema no está en el número sino en -otra vez- la bendita confusión.
Primero, la jornada laboral es de 8 horas hoy (pero en el ejemplo que puso el
propio Marx en "Salario, precio y ganancia" sí es de 12) luego, lo
importante, lo crucial, es que ya en las cuatro primeras que él y nosotros
podemos llamar de «trabajo necesario» ya está contenida la ganancia, es decir,
el salario forma parte de la estructura de costos donde ya está expresada la
ganancia que goza el propietario de
los medios de producción. De modo que con las cuatro restantes -y de paso si
hace trabajar al obrero cuatro más- estamos hablando de explotación, de
rubicunda y rozagante explotación. Dice Marx:
…adelantando
tres chelines (en salario), el capitalista realizará el valor de seis, pues
mediante el adelanto de un valor en el que hay cristalizadas seis horas de
trabajo, recibirá a cambio un valor en el que hay cristalizadas doce horas de
trabajo. Al repetir diariamente esta operación, el capitalista adelantará
diariamente tres chelines y se embolsará cada día seis, la mitad de los cuales volverá a invertir en pagar nuevos salarios, mientras que la
otra mitad forma la plusvalía, por la
que el capitalista no abona ningún equivalente.
Esos nuevos salarios de los
que habla Marx forman parte de la expansión, del crecimiento y no del salario
como tal -anterior-, es decir, al que se refería en su ejemplo con los tres
chelines, que además y como se entiende, ya está cubierto.
Dice Sartelli en la página 194: «La
jornada real es de cuatro horas. Pero como el capitalista ha pagado por ocho,
puede decidir llenar esos espacios vacíos con trabajo». Aquí nuestro autor
analiza la relación tiempo trabajo desde el
capital, es decir, no muy marxistamente que se diga. Porque el capitalista,
amigo Sartelli, no ha «pagado por ocho», ha pagado por cuatro y aun por menos.
Si se le concede que ha pagado por 8 se le concede sin merecerlo la oportunidad
moral al capitalista para que explote al trabajador, es decir se le está dando
luz verde para que, como usted mismo lo dice líneas abajo, invente «todas las
porquerías que puede a fin de intensificar el trabajo». De modo señor, que no
paga por ocho y nada justifica la explotación. Es más -dice Dussel, p. 72- «El
“tiempo de trabajo necesario” (73, 22; 82) para producir el valor del salario
es menor que el valor total
del producto.» Si ya recibe menos paga por el necesario (y de
este menos es de donde nace la ganancia), todo lo que robe el capitalista al
exigirle trabajar de más (en la
jornada jurídica y contractualemente establecida más el tiempo extendido por
coacción y coerción) es más que ganancia, es plusvalía, es explotación.
Quedaría
por discutir o criticar la existencia de una producción económica que contempla
ganancia pero no plusvalía. Por cierto, eliminando la plusvalía obviamente se
trabajaría mucho menos, pues estarían al servicio de la satisfacción de
necesidades (es decir de la producción de valores de uso) las fuerzas
productivas, los procesos de producción, los conocimientos, la ciencia y la
tecnología con toda su potencialidad actual, y la productividad no estaría
sometida a presiones irracionales propias de mercados egoístas, ciegos y
compulsivos, capaces por ejemplo de tirar la leche al río para que los precios
no sean afectados sin considerar la posibilidad de donarla a comunidades
aledañas.
La
producción socialista correría por cuenta de la planificación y la proyección
histórica de las necesidades y no estaría a merced de la histeria de mercados
bursátiles. En un país que avanza hacia el socialismo obviamente que la
plusvalía debe quedar descartada, no así la ganancia (claro está,
resemantizada) la cual, de ser apropiada de manera exclusiva como Plauto se
abraza a su olla por un ente en particular, haría que desapareciera (sin
circulación, sin reinversión, repito, la ganancia desaparece) pues ésta sólo
tiene sentido y puede existir en la medida en que forma parte de la producción,
que es sensu estricto social. La
ganancia sería pues, en definitiva un producto social.
La clase
capitalista ya sabemos, no puede vivir ni se alimenta vampíricamente –para
decirlo con la metáfora que desarrolla Sartelli- de la pura ganancia sino de la
plusvalía. La ganancia corresponde a la actividad productiva, (e incluida está
en la «tasa de ganancia»), la plusvalía en cambio es un plus que inyectado en
los sistemas productivos los desquicia (es lo que corresponde a la «tasa de
explotación»: «el grado de la perversidad», dice Dussel, p. 87). El derroche de
riqueza que vemos en la clase capitalista no proviene pues, de la ganancia sino
de la plusvalía.
En la
actualidad venezolana hay ejemplos a borbotones de lo que significa ganancia y
(de manera más acusada) plusvalía. En la actual «guerra económica» los
capitalistas han sido pescados in fraganti con ganancias incluso de más del 1.000 %. Obligados a «bajar los
precios» por una acción inédita por parte de cualquier Estado, aparato de
control creado para defender las operaciones «comerciales» -es decir usurarias
y especulativas- de la clase burguesa, los comerciantes aducen pérdidas. El
crecimiento de la capacidad adquisitiva, la enorme renta petrolera, las
condiciones laxas para la captación de dólares (vista la cantidad de empresas
importadoras fantasma), han creado en Venezuela una suerte de paraíso fiscal o
enorme lavadora de dólares «lícitos» pero sobre todo «ilícitos» producto de la
creación de un dólar especulativo o paralelo, amén de los dólares que ingresan
por la vía del narcotráfico. Los problemas de salud del comandante Chávez que
se extendieron por dos años (y en consecuencia, la merma de sus fuerzas y
capacidad operativa -que le permitieron a su tren de gobierno entrenarse en la
conducción del gobierno) y finalmente su muerte, fue acicate para que
arreciaran los ataques de la histórica clase burguesa parasitaria que creía
ahora sí había llegado la hora para hacerse de la jugosa renta petrolera, tras
catorce años de alejamiento progresivo, pues debe entenderse que la clase
capitalista necesita no sólo el control de las operaciones financieras y
económicas, manejar la estructura burocrática y en términos generales crear la
atmósfera donde florece y se expande el elam
vital capitalista, sino que necesita tener en sus manos la cabeza
-preferiblemente el cuello- del Estado y el Gobierno...
Por si no
fuera poco, la victoria de Nicolás Maduro el 14-A dramática y épica, y luego la
del chavismo el 8-D, acompañada esta de un despliegue contraofensivo que
desbarajustó las líneas de ataque de la clase capitalista (nacional e
internacional), ha dado suficiente espacio para maniobras que permitirán sin
duda acciones y medidas económicas decisivas en la protección del ingreso, los
salarios, la capacidad adquisitiva de los venezolanos, ello en franca oposición
a la tasa de explotación que impone el capitalismo como parte de su naturaleza,
de su razón de ser.
En esta
situación digamos general nos encontramos. Con unos comerciantes que se
resisten a márgenes de ganancia del 15 al 30%, como según dicen es lo normal en cualquier parte, sólo que
aquí el nivel de protección a los trabajadores ha aumentado considerablemente.
Es decir, en otras partes del mundo (donde la clase capitalista gobierna a
placer y reinan la desigualdad, la inequidad, el racismo, la exclusión y la
segregación) los márgenes de ganancias del 15 o el 30 suponen obviamente tasas
de explotación que sobredimensionan dichas ganancias. Además, como se sabe que
el trabajo se ha «flexibilizado» y por tanto precarizado, aumenta la edad de
jubilación y se recortan dramáticamente los beneficios sociales, fruto de la
avanzada global del neoliberalismo. En Venezuela está ocurriendo exactamente lo
contrario y en ese sentido, la protección a la clase trabajadora reduce la
plusvalía.
Es obvio
que a lo que no quieren renunciar los capitalistas en Venezuela es a gozar a
placer de la tasa de explotación que, en condiciones normales viene acompaña de pingües beneficios sobre todo sociales:
privilegios y marcas de estatus, prestigio, reconocimiento y aceptación de la
riqueza como valor, distanciamiento, exclusividad. Así, si disminuye la tasa de
explotación aunque la ganancia se mantenga en niveles racionales, el «valor del dinero» es decir, la capacidad para adquirir, comprar o vender lo suntuario o
lo superfluo, descenderá. Con otras
palabras, la tasa de explotación es directamente proporcional al «valor
del dinero»: a más explotación, más vale el dinero; es decir, más puede comprar lo suntuario, adquirir los
signos de estatus que le permiten a la clase capitalista justificar y exhibir simbólicamente (ideológica y culturalmente) su
preponderancia, su poder.
Disminuir
la tasa de explotación (que sólo descenderá con acciones políticas porque la
tasa de explotación es también ella política, de donde se deduce que no hay
-sólo- medidas económicas que logren
afectarla...) traerá como consecuencia que los antiguamente pobres y
desposeídos puedan -también- adquirir bienes considerados exclusivos
(ciertas ropas, ciertos calzados, ciertos alimentos, autos, ciertas bebidas,
etc., pero también por cierto, tener acceso a ciertos espacios para vivir,
ciertos estudios universitarios, ciertos títulos, y por si no fuera poco
ciertos tratamientos médicos...)
Ya sabemos
entonces que si aumenta la tasa de explotación (que como hemos dicho es política y no económica) los productos
suntuarios se alejan de los trabajadores, y los ricos pueden seguir no sólo
siendo ricos sino exhibiendo -a través de la vida social retratada y
visibilizada en los medios, el cine, las revistas rosas, etc.- el poder -irresistible pero inalcanzable para los
trabajdores- del dinero. Por eso, al bajar la tasa de explotación se reduce
además el poder sobre los trabajadores de coacción y coerción sobre todo
simbólica, ya dijimos, y más en Venezuela donde ni las policías ni el ejército
están a las órdenes de la clase capitalista, cuya hegemonía (principios y
valores), por todo lo antes mencionado, han comenzado a estar profundamente en
entredicho.
¡Venga
ahora el colmo!: el Estado participa junto a los trabajadores en la reducción a
golpe y porrazo de la tasa de explotación, lo cual nos pone ante nuestros ojos
el despliegue de una revolución. El que tenga ojos... que vea.
De ahí, la
importancia de tener bien clara la diferencia entre ganancia y plusvalía.
Por
cierto, avanzando en la lectura del libro arribé a una sección donde Sartelli
analiza razones de la actual crisis capitalista, y entre las que destaca está
precisamente la «tendencia decreciente de la tasa de ganancia» (p. 283). Para
el autor los capitalistas para hacerse más competitivos buscarían reducir la
tasa de ganancia, «hecho al que se está obligado por la 'naturaleza'
competitiva del capitalismo» (p. 286). «La propia competencia -dice- lleva al
incremento de la composición orgánica que va minando la tasa de ganancia. En el
punto culminante comienza la crisis porque la tasa de ganancia no alcanza para
sostener las empresas en funcionamiento rentable» (p. 293) Fin de la cita.
Como
vemos, la confusión sigue y se profundiza. Sartelli continúa argumentando sobre
la base del mismo error y le concede al capitalismo una racionalidad
(económica) que no tiene. La rentabilidad de las empresas no depende de la
plusvalía sino de la ganancia. La plusvalía estimula la competencia desalmada,
el crecimiento fagocitante, el monopolio, los trust, la carnicería. Claro está,
el capitalismo no descansa(rá) hasta obtener el máximo de plusvalía, es decir,
al capitalista poco le interesa la ganancia y la rentabilidad de su empresa en
el marco de un crecimiento económico social. Le importa y no se detendrá hasta
extraer, repito, el máximo de plusvalía.
Dice
Sartelli que la explicación de la reducción de la tasa de ganancia es la teoría
que le parece más plausible para explicar la crisis capitalista, pero su
explicación no explica, es decir, la crisis que provoca la reducción de dicha
tasa hace entrar en crisis al capitalismo pero su suerte no depende de que unos
capitales se coman a otros, lo cual no hace sino conducir a una «natural»
hiperconcentración con todos los problemas que ello supone, en otras palabras,
la crisis capitalista no se superará con crisis capitalista. El capitalismo está en permanente estado de crisis.
No
obstante, lo que a nosotros nos interesa es decir, a los explotados, es
entender que sólo el capitalismo perderá su fuerza de destrucción si disminuye,
si se reduce y finalmente, si desaparece la tasa de explotación (y por ende, el
capitalismo). Lo que quiero decir es que si para el capitalismo es crítica la
reducción de la tasa de ganancia, como dice Sartelli, para los explotados es
expresión de las acciones políticas que buscan reducir o eliminar la
explotación. El capitalismo no contempla la reducción de la tasa de ganancia ni
compite para reducirla. Busca mecanismos para aplicarla al máximo sin distractores,
sin competencia.
Si el
capitalismo busca aumentar la tasa de ganancia vía «rentabilidad financiera»
(p. 293) no es porque está en crisis, es sólo porque es la vía que ha
encontrado natural y expedita para expandir la tasa de explotación; es decir,
es el mecanismo anti-económico que le ha permitido dar cada vez más y más valor
al dinero. La «economía de casino» alimentada con capitales ilícitos por
ejemplo los del narcotráfico, inflan el valor del dinero con el cual se pagará
irracionalmente y sin límites, lujos y en general vidas estrambóticas (en
especial, ese ritmo de vida que necesita nueves planetas tierras si se
extendiera a todos los habitantes del planeta).
Por tanto,
la «economía de casino» por sí sola no acabará con el capitalismo, ni de cerca,
su metástasis sólo augura la llegada total, por ejemplo, del fascismo. Y sólo
una respuesta desde los Estados y los pueblos, reduciendo y finalmente
eliminando la tasa de explotación, puede hacer retornar la racionalidad
económica y convertir la productividad y el crecimiento en desarrollo social.
Finalmente,
como consecuencia de su confusión, Sartelli culmina este aparte diciendo: «como
la tasa de ganancia fatalmente tiende a cero, tarde o temprano el capitalismo
se agotará en una crisis final» (p. 296). Repetimos: la tasa de ganancia no
sólo no tiende a cero sino que aumenta sin cortafuego alguno...
Sin
embargo aquí en Venezuela, y es por lo que la República Bolivariana es una
escuela de economía política a cielo abierto, acciones de Estado y Gobierno
están atacando la fuente, el corazón de la tasa de explotación... con medidas
que buscan, repito, hacer razonable la actividad económica. La crisis que vemos
no es pues la crisis capitalista sino una expresión de la guerra social y
económica de clases, al mejor estilo marxiano. Los capitalistas buscan aumentar
la tasa de explotación y para ello exploran mecanismos extraeconómicos que van
desde el trabajo esclavo hasta la locura financiera, con capitales lícitos e
ilícitos; mientras el Estado, responde racionalizando la «estructura de costos»
y demostrando que existe un margen justo de ganancia que los comerciantes
burlan olímpica, descaramente.
Ya se ha
dicho y es nuestra tesis principal: el Estado y el Gobierno venezolanos están
acometiendo acciones para reducir la tasa de explotación y generando políticas
para proteger a los trabajadores; al reducir la tasa de explotación la clase
capitalista ve mermada sus fuentes de poder, y por ende su capacidad para
imponer sus principios y valores, vale decir sus «ideas dominantes», por tanto
el dinero pierde valor y lo superfluo -que los eleva- se desvaloriza. De ahí
que la clase burguesa reaccione, primero, acaparando, saboteando la producción,
incentivando el contrabando; por otro lado, haciendo más que irracionalmente
inaccesibles diversas mercancías, sólo para demostrar a la fuerza -imponiendo
la dictadura del capital- que, su mundo es -y debe seguir siendo- inaccesible
para los trabajadores. Si no puede seguir ejerciendo impunemente la separación,
por la vía de aumentar la tasa de explotación, lo hará tornando inaccesibles
las mercancías, los bienes y servicios, para seguir justificando su existencia.
Esta
discusión es importante porque el socialismo necesita encontrar el punto de
quiebre de la producción capitalista, y creo que en la plusvalía (en la tasa de
explotación) hay un hueso duro de roer. En principio, porque tenemos un
problema que resolver con respecto a la productividad del trabajo, es decir,
con la capacidad de hacer sostenible la producción y crecer y desarrollarnos
sin explotación, es decir, sin plusvalía. La ganancia debe ser un producto
social, de la cual los productores -es decir, los trabajadores- se apropien, de
modo que debe estar claro qué cosa es ganancia y qué es plusvalía. Ello repercutirá
en la racional y justa inversión en el capital constante (en máquinas y
tecnología) no sólo para reducir la jornada laboral -vieja aspiración- sino
para aumentar la productividad. El capitalismo, ya lo dije arriba, no sólo
busca no invertir en tecnologías que incrementen la productividad, sino que
incluso en algunos rubros en especial de consumo masivo, muda sus inversiones a
países donde alquila a precio de gallina flaca a una población en edad de ser
explotada (mujeres y niños principalmente) depauperada y sin otra oportunidad
de sobrevivencia que aceptar la esclavitud. Hablo de las maquilas, de las que
tanto dependen los textiles, calzados, electrodomésticos, juguetes y
microprocesadores.
En
socialismo, la productividad no sólo puede aumentar sino que la población puede
trabajar muchos menos y no obstante, generar ganancias razonables y justas que
permitan una expansión o un crecimiento de la productividad a una tasa
políticamente mediada por la planificación del consumo y la explotación
racional de los recursos. Ante la locura de la plusvalía, antiética, antisocial
y antiecológica, se impone la productividad con márgenes de crecimiento que
respetan y protegen la vida en sociedad. Se impone así el retorno al radical oikos - nomos.
Bibliografía
Enrique
Dussel (1988) Hacia
un Marx desconocido. Un comentario de los Manuscritos del 61-63. Consultado en http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/clacso/otros/20120329094702/marx.pdf
Carlos
Marx, Salario, precio y ganancia, de http://pendientedemigracion.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/65spg/index.htm#indice
miércoles, 25 de diciembre de 2013
BOLÍVAR EDUCADOR
LUIS BRITTO GARCÍA
1- ¿Quién que haya recibido una educación digna de tal nombre puede no desear que todos disfruten del mismo don? Difícil concebir mejor formación que la que recibió el desdichado huérfano Simón José Antonio de la Santísima Trinidad. Ciertamente, más de un religioso ha de haberle impartido un catecismo a bofetones, y Andrés Bello debe haber atormentado sus primeros días con conjugaciones verbales y gerundios y gerundivos. Pero su verdadera educación comienza cuando, tras enrevesado pleito entre su tutor Carlos Palacios y su hermana María Antonia Bolívar, el párvulo es confiado al original pedagogo Simón Rodríguez, quien sostiene la escandalosa doctrina de que “todas las clases del Estado son acreedoras a la pública educación en las primeras letras”. Su programa educativo es riguroso y exigente: llevar al niño a excursiones por el monte, dejar que el contacto con la Naturaleza desarrolle el sexto sentido de la curiosidad, liberar al mozo para que aprenda por sí mismo.
2- A tal maestro, tal discípulo. Tras larga caminata por Francia e Italia, ambos llegan en 1805 al Monte Aventino de Roma, donde Simón José Antonio jura liberar su patria de la dominación española. La liberación no será sólo obra de las armas: la verdadera libertad es la del espíritu, que llega por el conocimiento. Como improvisado diplomático llega el joven Bolívar a Londres en 1810, para procurar el reconocimiento de la Independencia. En la casa de Francisco de Miranda asiste a una demostración que hace el pedagogo Joseph Lancaster de su método, que consiste en hacer que unos alumnos enseñen a otros. Bolívar queda impresionado. Quizá sea la manera de multiplicar la educación en una América casi sin maestros.
3- Bolívar no olvida que la batalla se libra en los espíritus. En cuanto logra darle un asidero a las armas patriotas en Guayana, afirma en 1819 en el Discurso de Angostura que “La educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del Congreso. Moral y luces son los polos de una república; moral y luces son nuestras primeras necesidades”. También funda sus esperanzas en un Senado hereditario, enfatizando que “Es un oficio para el cual se deben preparar los candidatos, y es un oficio que exige mucho saber, y los medios proporcionados para adquirir su instrucción”. Su propuesta no es incorporada en la Constitución. Quedan por librar muchas batallas.
4- Las dos décadas que siguen al juramento en Monte Sacro serán un torbellino de ofensivas y hecatombes. Antes de que la Independencia quede sellada en 1824 en Ayacucho, Bolívar goza de la inmensa alegría de saber que Simón Rodríguez está en América. El 19 enero de ese año le escribe desde Pativilca: “Con qué avidez habrá seguido Ud. Mis pasos; estos pasos dirigidos muy anticipadamente por Vd. Mismo. Vd. Formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Ud. Me señaló”. Esa senda lleva a la independencia de Bolivia. El Libertador en 1825 nombra a su maestro «director de Enseñanza Pública, Ciencias Físicas, Matemáticas y de Artes y director general de Minas, Agricultura y Caminos Públicos de la República Boliviana». Nada más natural que asumir el compromiso. En Sociedades Americanas, Rodríguez escribe: “Es un deber de todo ciudadano instruido el contribuir con sus luces a fundar el Estado, como con su persona y bienes a sostenerlo. El autor de esta obra ha procurado reunir pensamientos a favor de la causa social. Muchos de estos pensamientos no serán suyos... los eruditos lo sabrán”. El año siguiente Rodríguez funda Escuelas Talleres en Chuquisaca, pero es saboteado por las intrigas del clero y de las autoridades municipales, e incluso pierde el apoyo de Antonio José de Sucre. El pedagogo renuncia y emprende una larga errancia hasta su muerte en Amotape.
5- Bolívar mantiene el contacto con Lancaster, en cuanto puede lo hace viajar a América y financia sus escuelas. En marzo de 1824 le promete 20.000 pesos, del millón que le ha ofrecido el Perú. En junio de ese año, durante su larga conversación con el estadounidense Hiram Paulding en Huaraz, le manifiesta que “El pueblo de Colombia no se halla preparado todavía para ningún cambio en materia de religión. Los sacerdotes tienen una gran influencia con las gentes ignorantes. La libertad de religión debe ser consecuencia de las instituciones libres y de un sistema de educación general. Yo he hecho establecer el sistema lancasteriano en todo Colombia, y eso sólo hará a la generación venidera muy superior a la presente". Como vemos, instituciones libres y un sistema de educación general favorecería la libertad religiosa. Lancaster quizá aportaría el segundo elemento. Bolívar, dispuesto a favorecer el método de Lancaster, el 31 de enero de 1825, encontrándose en Lima, expide un decreto en el cual califica al sistema del pedagogo como “el único método de promover pronta y eficazamente la enseñanza pública”, en virtud de lo cual dispone establecer en cada departamento del Perú una Escuela Normal que siga dicho sistema, y que cada provincia enviará a ella al menos seis niños “para que éstos dfundan después la enseñanza”.
6- No se queda en las palabras el Libertador. En carta suscrita el 16 de marzo de 1825 en Lima, manifiesta a Joseph Lancaster su complacencia al enterarse de "la determinación que ha tomado de permanecer entre nosotros con el laudable objeto de propagar y perfeccionar la enseñanza mutua que tanto bien ha hecho y hará a la cultura del espíritu humano”. Para llevar a la práctica el proyecto, le comunica además: "Ud. parece que ha menester de protección para realizar sus designios benéficos, por tanto, me adelanto a ofrecer a Ud. Veinte mil duros para que sean empleados en favor de la instrucción de los hijos de Caracas. Estos veinte mil duros serán entregados en Londres por los agentes del Perú”. El Libertador explica el origen de los fondos: "El gobierno del Perú ha sido muy generoso conmigo de mil modos, y poniendo además un millón de pesos a mis órdenes para el beneficio de los colombianos. La educación pública llamará mi preferencia en el reparto de este fondo. Por lo mismo no tengo el menor inconveniente en promover la mejora de los establecimientos de educación que Ud. dirige con su hermoso genio". Pero Lancaster es enredador y prepotente; en Caracas se trenza en controversias con el cónsul inglés sir Robert Ker Porter, golpea a una dama que lo ha mojado durante el carnaval de 1827, y el educador es expulsado por mal educado.
7- El mismo año Bolívar, conjuntamente con José María Vargas, emprende la reforma universitaria, reformando el anacrónico reglamento de la Universidad de Caracas, para abrirla a las ciencias y a los alumnos con escasos medios. El fracaso de tantos proyectos luminosos no es culpa de los pedagogos. Incluso Sucre y Bolívar, invencibles en las batallas, serán a la postre eliminados por las fuerzas conspirativas de la reacción, el divisionismo y la ignorancia.
Publicado por
Universidad Bolivariana de Venezuela
en
miércoles, diciembre 25, 2013
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educacion,
historia,
lecturas,
literatura,
memoria e identidad,
pensamiento politico
lunes, 23 de diciembre de 2013
Que alegre se oye la lluvia… Gracias a la Revolución
Igor Aranzazu
igorzazu@gmail.com
“Toda persona tiene derecho a una vivienda adecuada, segura, cómoda, higiénica, con servicios básicos esenciales que incluyan un hábitat que humanice las relaciones familiares, vecinales y comunitarias”…
Artículo 82 de La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (primera en el mundo aprobada por y para el pueblo).
Hoy en nuestra patria
bonita, existen cada día más venezolanas y venezolanos que duermen tranquilos
bajo un techo seguro y digno, miles y miles ya tienen uno de sus sueños
realizado, una meta alcanzada. Cada semana crece la lista de los adjudicados
por la Gran Misión Vivienda Venezuela, proyecto que fue creado y ejecutado por
el Gobierno Revolucionario en abril del año 2011, en manos del Comandante
Eterno Hugo Chávez y ahora en las del presidente Nicolás Maduro y que tan solo
en dos años ha entregado más de 500 mil soluciones habitacionales, esto sin
incluir los créditos otorgados para las mejoras de viviendas.
La alegría inevitable de
tener lo que era imposible, un sueño para nuestros hijos que a su vez son los
hijos de la patria, agradecimiento en la mirada indescriptible de hombres y
mujeres que desde ese instante de gloria pueden suponer un futuro mejor.
Cuántas noches sin dormir, cuánto miedo,
cuánta inestabilidad en nuestros hijos, cuántos pensamientos vagos, cuánto
trabajo para completar el alquiler y regalarlo a algunos, cuánta desesperación
e incertidumbre esperando que la lluvia quiera arrastrar ese techo humilde, cuánto
dolor y lágrimas que conocen solo las almohadas de quienes vivimos esa
necesidad, cuántas familias disueltas por falta de un techo, cuántos viven
arrimados, cuántas preguntas más se deben hacer para que se entienda el
sufrimiento que vivieron a los que les toco la dicha y las políticas acertadas
de este Gobierno Revolucionario y que viven los que aun esperan su momento de
paz interior en una vivienda propia.
Por el amor al pueblo
necesitado, sin distingo político, este proceso Socialista de inclusión ha
venido superando la guerra psicológica y la económica, que el grupo de
burgueses que dirigía la construcción en nuestro país han venido tejiendo, pero
cada vez se demuestra la fuerza que generan nuestros hijos sobre el pueblo, que
a su vez es transferido al Gobierno, en la confianza que brindamos al elegir
candidatos del pueblo que viven y vivieron nuestros males, es una demostración
irrevocable que gran parte de las alcaldías ganadas por los opositores, fueron
municipios donde la mayoría no está padeciendo necesidades básicas, son
burgueses de segunda que lo único que extrañan es como desangrar a un pueblo
basados en un capitalismo salvaje, pero ya el pueblo los conoce y no les permitirá
que causen ni un poco más de dolor a sus hijos.
Por amor a esos guerreros triunfadores,
que ven en los ojos de Chávez el legado de la esperanza por un mejor vivir, por
una mejor Venezuela, por estar todos unidos encaminados a encontrar la mayor
suma de felicidad para nuestros frutos, por ese amor este Gobierno seguirá
trabajando de la mano con el poder popular, atendiendo las necesidades,
generando fortalezas y confianza, acabando con los Contrarrevolucionarios
Enquistados cáncer de este proceso, causantes de los inconvenientes y retrasos,
aliados de la oposición titirezca, ese amor será eterno, nuestras luchas son
las luchas de Bolívar y Chávez, son herencia de Libertad y de Paz en un
Grandioso Pueblo, beneficiado por el amor.
EN
REVOLUCIÓN, CADA DÍA SE OYE MENOS LA LLUVIA
…CAER EN TECHOS
DE CARTÓN.
domingo, 22 de diciembre de 2013
domingo, 15 de diciembre de 2013
ACTUALIDAD DEL PERIODISMO MEXICANO
Conferencia
de Rafael Ahumada[1]
profesor de la UNAM
5 de
junio de 2013
PFG
Comunicación Social – UBV Sede Zulia
Buenos día a todos,
agradezco la presentación del compañero, fue muy generoso al presentarme ante
ustedes, y también quiero agradecer de alguna forma a los que directa y también
indirectamente han hecho posible que esta mañana yo esté aquí con ustedes,
porque siempre para uno es importante tener estas oportunidades de compartir
los saberes, los conocimientos que uno tiene, y nutrirse de los conocimientos y
saberes que con los que compartimos tienen. La intención es poder hacer de esta
mañana un intercambio de impresiones.
A mí me han invitado
para que yo les dé una visión, un panorama lo más completo posible de cuál es
la situación del periodismo en México en la actualidad. Obviamente, en unos cuantos
minutos es difícil poder desarrollar un tema tan amplio como ese, pero hagamos
el esfuerzo de darles a conocer desde mi perspectiva la percepción que yo tengo
de cuál es la situación del periodismo en mi país. Trataré en ese sentido de
presentar un esbozo y a partir de la percepción que yo tengo de lo que sucede
en mi país y de cómo se llevan a cabo las relaciones de los periodistas y los
medios de la sociedad abocarme a las inquietudes, a las dudas que ustedes
tengan con respecto a lo que yo les comente.
Después de este
preámbulo vamos a tratar de entrar en materia. La intención es esta, la idea
que tengo es que platiquemos, charlemos, obviamente no soy la biblia, inclusive
la idea de que yo les hable de mi país nace porque como vengo de México algunos
colegas dijeron que les podía hablar del periodismo allá en mis tierras, pero
lo que me trae aquí no es eso –por eso decía que les voy a dar el esbozo de la
percepción que yo tengo sobre la situación del periodismo en mi país. Pero no
es algo con lo que yo esté trabajando, por lo tanto tampoco espero que la
expectativa vaya más allá de ser simplemente el testimonio de un mexicano; pero
habrá otros mexicanos que quizás tengan percepciones distintas.
Por eso voy a ser lo
más preciso, y lo que les comente tendrá ciertos fundamentos para que no sea sólo
mi percepción sino que esté basado en situaciones concretas, en hechos que me
permitan en determinados momentos hacer los juicios sobre el periodismo en
México.
Es complejo, es
difícil hablar de qué pasa en un país con respecto a algunas situaciones en
particular porque hay muchas cosas, muchas situaciones que se van entrelazando
para que una realidad se concrete. Y en ese sentido a veces el proceso
cognitivo de un solo individuo es difícil, pues es difícil tener todos los
amarres de todas las variables que intervienen para que un hecho se dé.
¿Cómo abordar esto de
qué pasa en México con el periodismo, o cómo se está viviendo hoy? Hay una
corriente metodológica, la fenomenología, que explica que para conocer una
realidad primero hay que formar o construir una realidad utópica: cómo debiera
ser lo que nosotros queremos conocer para ir a algunos de los hechos y entonces
tener ese constructo que hicimos de manera ideal como referente y poder ver qué
tan cerca o qué tan lejos estamos de cómo pensamos debieran ser las cosas. Yo
retomo esta postura fenomenológica, ese principio, para poder hacer mi
análisis, somero y breve sobre el periodismo en México.
Para poder entonces
responder qué sucede con el periodismo en México habría qué responder a la
pregunta, qué es el periodismo. Para qué sirve un periodista o cuál debe ser la
labor de un periodista. Para que, en función de eso yo pueda después ver cómo
se está haciendo el periodismo en México, bajo qué condiciones, cuáles son los
aspectos preponderantes de ese quehacer y cuán cerca estamos de ese ideal o qué
tan lejos.
En ese sentido, el
periodismo lo defino como la actividad mediante la cual se informa a una
sociedad sobre el acontecer político, social, económico y cultural de su
entorno. ¿Para qué o con qué fin se le debe informar al ciudadano sobre su
realidad social? El objetivo del periodismo es informar para dotar al individuo
de elementos que le permitan conocer y analizar su realidad inmediata y en
consecuencia formarse una opinión y orientar su comportamiento dentro de la
sociedad.
Es decir, no es
informar sólo por informar, sino que debe haber un objetivo, un propósito y ese
propósito es hacer que el ciudadano se convierta en un agente que pueda
analizar y reflexionar sobre su realidad y en consecuencia poder orientar su
comportamiento con respecto al grupo social al que pertenece.
Desde esa perspectiva
informar a la gente sobre lo que sucede orienta su comportamiento y le permite
formarse una opinión. Y entonces, en razón de la opinión que tenga sobre lo que
está sucediendo en su entorno va a tomar decisiones, va a actuar de alguna
forma junto al grupo social, esa es la importancia de la información y del
periodismo. Podemos decir entonces, que el periodismo crea conciencia, el nivel
de información que un sujeto tiene sobre su realidad le hace estar consciente
de qué está sucediendo, qué cosas están bien, y qué cosas no, qué hay que
mejorar, qué hay que transformar, y a mi en lo particular: qué me toca hacer
para que esa realidad que no favorece al conjunto social pueda cambiar. Digamos
que ese sería de manera ideal lo que el periodismo debe aportar a la sociedad.
-Esto que acabo de
decir lo solté así de manera muy tranquila, sencilla, simple, sin mayor
problema. Y las cosas normalmente así son, es fácil decir las cosas, pero
hacerlas implica ya dificultades. Entonces, entrar al terreno de la creación de
conciencia, la formación de opinión, que favorezca la toma de conciencia del
sujeto sobre su realidad y tratar de transformarla, es bastante complicado.
Porque cuando hablamos de información y
de opinión, ello está relacionado directamente con el aspecto de «verdad», la
veracidad de la información que se le da a conocer al individuo-.
Y cuando entramos a
hablar de verdad en realidad entramos a un terreno sumamente movedizo, no hay
firmeza. Dice por ahí la filosofía, que no hay verdades absolutas, que la
verdad es relativa y que, en función de eso, no hay una sola verdad sino
diferentes y distintas verdades. Entonces, cuando hablamos de verdad, es ¿la
verdad de quién? Sobre un hecho puede haber diferentes opiniones, sobre una
misma situación puede haber distintas visiones, distintas percepciones y esto
hace complejo hablar de verdad, y también hablar de verdad está muy unido al
concepto de realidad, porque todos decimos que hay que informar sobre la
realidad de las cosas, pero resulta que también la realidad no es única, la
realidad es múltiple; verdades y realidades son conceptos que la misma
filosofía ha debatido y estudiado profundamente para tratar de dilucidar qué
debemos entender por uno u otro concepto, y se entra a cuestiones como les
decía yo más complejas, más difíciles.
La misma
fenomenología a la que me referí al principio como una postura metodológica,
filosófica, determina que la realidad no es única y que la realidad es una
construcción mental que hacemos los sujetos. Ahora mismo, estamos en un mismo tiempo
y un mismo lugar, en un mismo espacio que estamos compartiendo, y es real que
yo estoy frente a ustedes, no es una alucinación, no estoy soñando, no me metí
ningún sicotrópico y estoy acá en el viaje y suponiendo esto; esto en realidad
está pasando pero cada quien está teniendo esta experiencia vivida de manera
distinta; yo estoy asumiendo un papel de expositor, de invitado y en
consecuencia tengo que actuar y comportarme de cierta forma, y asumir cierta
actitud, y la de ustedes es muy diferente a la mía, ustedes me están viendo,
algunos me estarán midiendo, «este tipo qué onda…, está soltando todo un
rollo…, qué tan cierto pueden ser los juicios que me está dando… etc.» Entonces
tenemos una perspectiva diferente de lo que estamos viviendo aquí, inclusive
espacialmente yo tengo un ángulo de visión diferente al de ustedes, yo veo lo
que ustedes no ven desde el lugar donde estoy, y ustedes están viendo cosas que
yo no veo por la posición que tengo. Todo eso tiene que ver cuando
reconstruimos las cosas que vivimos aquí, cada quien lo va a platicar de manera
diferente y va a tener impresiones distintas. Yo lo estoy viviendo de una
manera diferente y entonces la versión que tendré de lo que pasó aquí va a ser
distinta a la que ustedes tengan. Es un simple ejemplo de cómo, a pesar de que
estemos en un mismo lugar y tengamos una misma experiencia, la estamos
obteniendo de manera diferente y distinta. Por lo tanto la realidad no es la
misma para todos los que estamos aquí. Cada quien está construyendo esta
realidad cognitivamente de manera distinta.
Entonces, lo que
nosotros informamos es la subjetividad con la que interpretamos estos hechos.
Luego, esto de la objetividad también se vuelve un mito, porque la objetividad
como tal es imposible. Somos sujetos, por lo tanto somos subjetivos, si
fuésemos objetos entonces seríamos objetivos. Pero no es así, tenemos ideas,
tenemos creencias, tenemos afinidades, en fin, esto está haciéndose cada vez
más complejo y no tan simple como lo enunciaba.
Cuando
entramos en ese terreno de la realidad, de la verdad, todo tiene sus matices. Y
con eso es con lo que el periodista trabaja, y si a eso le agregamos que hay
intereses de por medio, intereses políticos, económicos, en esto del fruto de
la información, ¿qué es lo que le piden al periodista y al periodismo en
general? Bueno, si no puede ser totalmente veraz, si la verdad como tal –como
ya dijimos- es múltiple, entonces se le pide imparcialidad. Y esto de la
imparcialidad tiene que ver con la neutralidad. A pesar de que yo tenga cierta
afinidad o cierta cercanía con algún conjunto de ideas, a la hora de
interpretar los hechos intentaré ser neutral. No sesgarme para un lado o para
el otro. Y eso también se dice fácil pero precisamente por eso hablaba de la
subjetividad, porque nuestra interpretación
siempre va a estar
impregnada de las ideas y de las creencias que como sujetos tenemos.
¿Qué nos queda? Ser plurales. Buscar la pluralidad, es decir, en el ámbito de las ideas éstas son múltiples, diferentes, todos pensamos distintos, todos tenemos derecho a poder expresar nuestro punto de vista, dar nuestra opinión, expresar la forma en que pensamos. Respetar esa diversidad de pensamiento es ser plural, dar cabida a la pluralidad. De tal manera que le demos voz a los diferentes actores que intervienen en un mismo hecho, así estaremos contribuyendo a esa diversidad, a dar cabida a la diversidad de pensamiento, de ideas y en ese sentido dejaremos que sea el lector, el escucha, el televidente, etc., el que con la información que le estamos proporcionando pueda normar su criterio, normar una opinión y en consecuencia tomar una actitud, una conducta o un comportamiento de una manera o de otra.
Eso sería a grandes
rasgos lo que esperaríamos del periodismo, desde esa perspectiva lo que
buscamos es crear una opinión pública que favorezca el bien común, buscamos
informar a la gente para que en conjunto la sociedad tome conciencia de una
determinada situación y se busque la transformación. Pero esa transformación no
es buscando el bien particular o personal sino el bien común.
Desde esa perspectiva
para algunos el periodismo puede servir de vigía, como vigilante de los que
están encargados de llevar a cabo el gobierno de nuestras sociedades, la
administración de los bienes que son de la comunidad. A quienes damos la
potestad para que manejen los bienes que son de todos, tenemos pues que vigilar
que lo hagan bien, así como el marido que le da el gasto a la mujer vigila que
no haya desvíos (risas), que compre lo que debía comprar que haya víveres, que
esté lo que se necesita, etc. Se trata de ver de alguna manera cómo están las
cuentas públicas, si no se están enriqueciendo ilícitamente, si no están
haciendo negocios personales sino favoreciendo con el gasto público a las
necesidades de la sociedad.
Acuérdense que en los
países latinoamericanos estamos construyendo nuestras democracias. Vivimos
democracias que están en proceso de perfeccionamiento. En México, nuestra
democracia la estamos construyendo, todavía es una democracia incipiente, de
modo que el periodismo contribuye de alguna manera a esa construcción de la
democracia, y en democracia entonces tiene que haber una rendición de cuentas
claras acerca de las administración pública, acerca de los bienes que nos
pertenecen a todos, entonces los medios de comunicación se convierten en ese
sentido, en vigilantes de eso porque pueden señalar, pueden denunciar, pueden
demandar lo que no se está haciendo bien y obligar a los gobernadores, a las
autoridades a reorientar sus políticas, a rehacer lo que no se está haciendo
bien; etc.
Ejemplos hay muchos. En
EEUU se vivió el derrocamiento de un presidente, el presidente Nixon, cuando un
grupo de periodistas de un diario dio a conocer desvío que se estaba haciendo
para la compra de armamentos… el famoso Watergate[2]
(17 de
junio de 1972). Los que son muy jóvenes no se acuerdan de eso, pero los que
estamos un poco más allá que de acá, tenemos muy presente esa situación. Por
eso es que a los medios en ocasiones se les llama el Cuarto Poder, en
particular a la prensa. Está el poder ejecutivo, el poder legislativo, el poder
judicial y este Cuatro Poder, el de los medios de comunicación. Porque igual
que pueden levantar e impulsar ciertos liderazgos políticos también los pueden
hacer caer. Por eso hablaba de que en los flujos de información tiene que haber
o hay intereses de tipo político o económico, a eso me refería, a la fuerza que
en ocasiones puede tener la información como tal.
En México hay también
experiencias al respecto. En México un gobernador tuvo que renunciar a su
gubernatura[3]
porque hubo un hecho en el estado de Guerrero, un grupo de campesinos que se
dirigía a un mitin, a una manifestación de un partido de izquierda, un partido
político, fueron emboscados por un grupo armado que prácticamente liquidó a la
mayoría. Era un camión de carga que iba lleno de campesinos, treinta o
cincuenta campesinos, llega este grupo armado, ametralla y prácticamente mata a
casi todos, y entonces decían que había sido un problema de venganza de un
pueblo con otro, sobre la propiedad de algunas tierras, etc., y de repente a la
televisión se le filtra un video en donde se ve que quiénes hacen esta masacre
son policías estatales, y obviamente ese grupo policíaco tuvo que recibir
órdenes pues pertenece al estado, etc., etc., entonces el que encabeza todo eso
es el gobernador y ante esa evidencia no quedó otra que dimitir a su puesto,
fue enjuiciado por esa situación. Y fue porque precisamente se dio a conocer a
través de los medios, en un espacio noticioso[4]. A eso me refiero
cuando hablo de que el periodismo en un determinado momento, una de sus
funciones entre otras, es la de servir como vigía.
Ante esta situación
de qué es el periodismo, para qué sirve el periodista, cuál es la función que
debe cumplir, puedo hacer un análisis de lo que sucede en mi país y un análisis
crítico y establecer bajo qué condiciones se hace periodismo en México. Pasamos
entonces a la segunda etapa de mi plática. Para hacer este análisis voy a
retomar una declaración que hizo una colega mía en México, Fátima Fernández
Christlieb[5]. Ella hizo un
estudio sobre los medios de comunicación y allí concluye que en la prensa
escrita de México se puede hablar de todo, en la radiodifusión, en el medio
radiofónico se puede hablar casi de todo, y en la televisión mexicana no se
puede hablar de nada o bien, no se dice nada.
Para algunos el
problema de los medios no está en lo que dicen sino en lo que no dicen, en lo
que dejan de decir, porque cuando las cosas se ocultan no se saben, no son del
dominio público y entonces no hay nada que se pueda hacer para revertir, para
que se enmiende algo que está mal. Por ejemplo, en México, cuando asumió la
presidencia el presidente, ahora ex presidente, Vicente Fox, a las pocas
semanas empezó a circular por las redes sociales el presupuesto que se estaba
erogando para los gastos de la Casa Presidencial, y en ese presupuesto estaban
cotizadas las toallas de baño en 150 mil pesos, esto quiere decir
aproximadamente algo así como 20 mil $. ¿Cómo una toalla por muy fina que sea
va a costar eso? Evidentemente que ahí se estaba haciendo un mal uso del gasto
público, y bueno debo reconocer también que en mi país desgraciadamente no es
muy honroso el que ocupemos los primeros lugares en corrupción. Se ha hecho la
corrupción parte de la cultura y eso se ha convertido en uno de los principales
problemas por los cuales no podamos avanzar y tener el desarrollo que
quisiéramos. Pero ese es un ejemplo de cómo la corrupción se empieza a dar. Y
bien, si no es dada a conocer esta situación entonces, los que la están
haciendo siguen impunes, cuando se dan cuenta que esto ya es del dominio
público tienen que explicar, tienen que dar cuentas, si no tienen
explicaciones, si no hay razón, tienen que dejar sus puestos, en fin, son
enjuiciados, etc., y entonces de una u otra manera esto tiene que corregirse.
Obviamente, los
principales noticiaros de televisión nunca dijeron nada sobre esto, esto se
supo porque trascendió en los medios digitales, a través de las tecnologías de
la información y la comunicación, y por eso aquello de que en la prensa se
puede hablar de todo, en la radio casi de todo y en la televisión, de nada.
¿Por qué es esto? Porque en México la prensa escrita es diversa y plural, es
diversa porque lo mismo encontramos diarios de derecha, diarios de derecha que
están montados digamos en el centro y diarios que tienen una tendencia hacia la
izquierda, de tal manera que cuando compramos un periódico ya sabemos cuál es
su tendencia. Hay un periodismo militante y cuando hablamos de la verdad y esas
cosas, claro que se vale, se vale tener una postura, asumirla y decirla, yo voy
por aquí o por aquí, pero decirlo abiertamente, porque no se puede andar por la
vida nadando hacia donde nos lleve la corriente, sino que hay que asumir una
postura y en función de esto es válido, y en ese sentido en la prensa escrita
hay diarios y periodistas que deliberadamente hacemos periodismo que defiende
posturas de izquierda y es esa nuestra ideología y por ahí transitamos. Lo
mismo hay periódicos que dicen no, nosotros somos de derecha, somos
pro-empresariales, por ahí vamos y defendemos las posturas…
Pero a pesar de que
los periódicos tienen sus tendencias, en las secciones de opinión se busca que
haya equilibrios, y entonces hay plumas que escriben desde la derecha o desde
la izquierda, desde la derecha desde un periódico de izquierda; en esas páginas
podemos ver cómo se dan argumentos, razonamientos defendiendo o atacando
ciertas posturas, pero eso es lo enriquecedor y lo importante. Yo como lector
puedo leer una columna u otra y entonces tengo las dos versiones sobre una
misma situación y en función de esto elijo quién me convenció más, quién me
parece que dio argumentos más contundentes, en fin, eso me permite ir
desarrollando una opinión y tener una manera de pensar y de analizar y ver las
cosas.
Por eso se dice que
en los diarios se puede hablar de todo, en ese sentido inclusive los diarios
que han recibido muchas veces ataques, embates fuertes de algunos gobiernos, se
mantienen y sostienen. Eso es lo importante, ir avanzando en estas democracias
incipientes, en ese terreno del respeto a las ideas. No es posible que en pleno
siglo XXI, cuando ya conquistamos el espacio, cuando ya podemos hacer
clonaciones, descifrar el genoma humano, es decir hay una serie de avances en
el terreno de las ciencias y la tecnología, todavía pueda haber gente
perseguida por su forma de pensar, por sus ideas; como que ahí choca esta
situación. Entonces tenemos que ir avanzando como sociedades en ese sentido.
La desilusión viene
porque en México se lee poco. En los medios impresos hay una gran diversidad,
hay pluralidad pero desgraciadamente la influencia que tienen en la nación es
poca porque se lee poco. Periódicos de nivel nacional en México tienen tirajes
de 350 a 400 mil ejemplares diarios, para una población de 120 millones es muy
poco en realidad. Cuando un programa en horario Triple A tiene audiencias de
30, 40, 50 millones esos 350 mil ejemplares prácticamente se pierden. Hay
revistas, semanarios, que suelen hacer análisis muy fuertes, muy críticos, pero
que igual tienen tirajes de 100 o 200 mil. Una revista del mundo del
espectáculo en TV y telenovelas tiene un tiraje de 1 millón de revistas; eso es
lo que más se lee y digamos que así somos, en esa etapa estamos. Muy distinto
sería si los niveles de lectura fueron mejores, pero bueno de cualquier manera
allí está y si no se lee mucho entonces los que leen son sectores que tienen
también cierta influencia en el conjunto social, las clases medias altas, los
sectores académicos de las universidades, que es donde está la gente pensante,
bueno los que leen, lo que revisan los diarios, y entonces el resto de la
población, no.
En la radio, se puede
hablar casi de todo, hay una gran variedad pero comienza a darse el fenómeno de
la concentración, los medios de comunicación concentrados en muy pocos. La
radio en México está copada por seis familias, tenemos un dial radiofónico de
cerca de mil 200 estaciones de radio, pero esa cantidad está concentrada en
seis familias, entonces aunque el número sea bastante, quienes deciden qué se
dice, cómo se dice, de qué debemos estar enterados los ciudadanos son seis
familias, y obviamente familias pudientes, familias con capital, con poder
económico, para poder concentrar y poder apropiarse de las estaciones de radio.
Son grupos, un grupo radiofónico que tiene 100 o 200 estaciones de radio a lo
largo y ancho del país, y que tienen mucho dinero.
Tenemos las radios
culturales, radios que operan en algunas universidades, en algunos centros
educativos, que tienen su propia frecuencia y pues, trasmiten. Y tenemos radios
estatales, que operan desde el Estado. Eso ofrece la posibilidad de que haya
cierta diversidad, y espacios radiofónicos donde se le da cabida a voces
disidentes, altisonantes, como pueden ser algunas voces en ocasiones. Y después
pasamos a la televisión y le decía que en la TV prácticamente no se puede
hablar de nada, porque la televisión en México está copada… si la radio por
seis familias, la televisión por dos. La familia Azcárraga Jean, que es el
presidente del grupo Televisa[6]
y Ricardo Salinas Pliego, que es el presidente, el dueño de TV Azteca[7].
En México en la
televisión tenemos un duo-polio, son dos los grupos que copan casi el 100 % de
la imagen o la televisión. Pero además TELEVISA que es el grupo de televisión
que tiene más años, que surgió a mediados del siglo pasado por lo que está
ahorita festejando 60 años, aparte de ser el grupo que tiene el mayor número de
canales de televisión también tiene estaciones de radio, periódicos, revistas,
productoras de cine, entonces las principales emisoras de cable y satélite son
filiales de Televisa, Sky, Cablevisión, en fin, prácticamente es un pulpo,
tiene muchos brazos, y se ha ido extendiendo en el mundo mediático y en el mundo
del espectáculo en general y la farándula. Su fuerza y su poder trasciende ya
las fronteras del país y tiene canales de televisión en España, es el principal
exportador de telenovelas, ustedes habrán visto algunas, conocerán algunos
protagonistas precisamente por esa amplia difusión que tiene, un ejemplo de
cómo exporta contenidos es el Chavo del 8,
El Chapulín Colorado, muy conocidos,
cuando uno sale fuera de su país y le preguntan de dónde viene, de México dice
uno, responden ah El Chapulín Colorado, no contaban con mi astucia, síganme los
buenos, y cosas así (risas), todo eso es gracias a Televisa.
También hay otras
cosas importantes, pero de eso no nos sentimos muy orgullosos algunos, muchos
sí se sienten orgullosos pero algunos no sentimos que sea lo mejor porque no se
está dando a conocer la verdad, lo mejor que hay en México.
Entonces,
si dos familias tienen el dominio de la televisión son muy pocas las personas
que deciden qué es lo que deben conocer, ver, saber, el resto de la población.
Son unos pocos los que deciden la información que ha de recibir la inmensa
mayoría, porque como les comentaba a ustedes en México se lee poco, y entonces
la televisión aún con el surgimiento de las tecnologías de la información y la
comunicación, internet, las redes sociales, todas estas cosas que están en boga
ahora, la televisión sigue ocupando un papel preponderante dentro de los medios
de comunicación, la televisión ocupa un papel hegemónico
con respecto a los demás.
El nivel de
penetración y la cobertura que tiene la televisión es inmensa, es muy fuerte.
Alguna vez alguien me pregunta, pero bueno se habla de la industria de la
televisión y cuando hablamos de industria hablamos de instancias donde se
producen cosas para vender, la industria del calzado vende zapatos, la del
vestido ropas, etc., entonces la industria de la televisión ¿qué vende? Si
nosotros podemos tener nuestros aparatos, nuestras antenitas y, si nos
contratamos el servicio de paga, pues tenemos la televisión y las señales.
Entonces decíamos que la televisión lo que vende es precisamente eso:
espectadores, la televisión se encarga de tener el mayor número de audiencia.
Eso es lo que vende, le vende a las agencias publicitarias televidentes,
mientras más gente
esté
viendo un programa mejor se cotiza para que las grandes empresas se anuncien en
ese espacio.
Entonces la Coca-Cola
decide anunciarse en la trasmisión de determinado programa porque mi anuncio lo
verán 50, 60 o más millones de personas, y no sólo de mexicanos sino que me van
a ver también en Panamá, en Costa Rica, en España, en otros muchos lugares. Y
entonces es eso lo que la televisión ofrece y vende, lo que produce es
televidentes, la televisión produce audiencia y esa audiencia es la que vende,
por eso a los niños los comienzan a acostumbrar, a formar como televidentes para
que se vuelvan asiduos a un determinado género, a un determinado tipo de
programa, para que siempre los estén buscando. Hace poco platicaba con un
colega acerca de cómo el futbol tiene un poder económico muy fuerte, ahí se
hablan de cantidades exorbitantes por los derechos de trasmisión, por las
audiencias que un partido puede tener a nivel mundial, entonces en los
mundiales que organiza la FIFA y en el especial en las finales es cuando se ha
tenido el mayor número de personas sintonizando una emisión televisiva, y eso
se convierte en mucho dinero porque ahí se anuncian las principales marcas:
Adidas, Nike, Coca-Cola, etc., entonces ese es el gran negocio, porque esa
audiencia le interesa a los anunciantes porque son consumidores potenciales,
entonces la televisión promueve y lleva a cabo ese proceso de convertirnos en
consumistas, algunos ya son compradores compulsivos, buscamos obsesivamente una
marca, en fin.
Eso es lo que la
televisión entre otras cosas vende. Entonces, para la televisión no está entre
sus principales objetivos o propósitos informar a la población, busca captar la
atención. Y ¿cómo capta la atención? Pues, con el entretenimiento, con lo que
le puede resultar a la gente espectacular, lo que puede hacer para que sea
atrapado y estar ahí para que esté pendiente de una emisión particular, y
entonces el rating se vuelve un parámetro, entre más altos niveles de rating es
que hay más gente viendo ese programa, cuando el programa tiene bajos niveles
de rating lo sacan del aire porque no es rentable, entonces se necesitan
ciertos mínimos de audiencia para que permanezca en el aire. Esas son las
prioridades de la televisión, y pedirle a la televisión que informe de manera
veraz, plural, diversa, no le interesa a la televisión porque eso no le da a la
televisión audiencia.
Y eso también ha
hecho que la televisión, al tener la atención de amplios sectores de la
población, se vuelva atractiva para los políticos. Estos todavía piensan en mi
país que presencia en la televisión es igual a votos. Entonces ellos buscan
afanosamente tener espacios en la televisión, y la televisión le ofrece sus
espacios al político pero a cambio de la concesión, del respeto a que yo me
expanda como negocio, hasta el punto que el político se ha convertido en un
producto de la televisión y lo que tiene realmente la fuerza y el poder son los
medios en general, pero en particular la televisión.
En México se ha
posicionado una sola familia con la industria televisiva más grande y más
importante, algunos se atreven a decir que ya no es solamente de México sino
que es una de las empresas más grandes de Latinoamérica, o por lo menos del
mundo de habla hispana, entonces ese es el tamaño de Televisa, su fuerza. En
ocasiones, los políticos o la sociedad no establecen los asuntos que deben ser
analizados y debatidos socialmente, es la televisión la que manda.
Es decir, si la
televisión no nos dice cómo pensar… Pues muchos estudios afirman que la
televisión tiene gran penetración y todo lo que quieran, pero –aseguran-, la
población tiene la capacidad de raciocinio y lo que ve y escucha de la
televisión lo puede creer o no, puede estar de acuerdo o puede aceptar o
rechazar, entonces está ese proceso de resistencia y uno dice, sí podemos creer
que aún los sujetos tenemos esa capacidad de razonamiento que nos permite ante
los contenidos de los medios decidir con qué y con qué no estamos de acuerdo.
Pero, lo que sí es
contundente es lo siguiente: los medios nos dicen en qué debemos pensar; no
cómo, pero sí en qué. Porque son los que establecen la agenda, son los que dan
a conocer los temas.
Lo
que la televisión da a conocer se vuelve del dominio público, lo que dice un
personaje de la televisión al siguiente día todo el mundo lo sabe, entonces lo
que los principales noticiarios de televisión en México dan a conocer es sobre
lo que se discute, sobre lo que se habla. Por eso decía yo, muy al principio de
la plática, que el problema con los medios muchas veces no está en lo que dicen
sino en lo que no dicen, en lo que ocultan, y entonces entre la TV y los
políticos se ha dado una complicidad, yo te beneficio, yo establezco una norma,
una regulación jurídica laxa, que no te afecte, que puedas seguir
expandiéndote, creciendo, pero me das espacios, das a conocer lo que yo quiero
que se conozca.
En México se dice que
hacemos un periodismo de «declaracionitis», es decir solamente se reproduce lo
que dijo tal o cual secretario de estado, o lo que dijo el Presidente, o el
director de un centro, no hay mucho periodismo de investigación. Cuando se
investiga se busca, se hurga qué se está haciendo y cómo, y se dan a conocer
resultados de trabajos de investigación, es cuando se descubren cosas, pero
cuando sólo estamos repitiendo lo que dijo el secretario de economía, que la
economía va bien, que estamos recuperando el poder adquisitivo, entonces no
estamos comprometiendo en nada a que este señor nos de cuentas sobre algún
problema que la población esté viviendo, entonces algunos periodistas no salen
como dice por ahí de sus «zonas de confort», voy a la conferencia de prensa, me
dan un boletín, lo reproduzco y eso es lo que doy a conocer.
En México se le dice chayote[8]
al dinero que le da una secretaría de estado al reportero que cubre esa fuente.
¿Para qué le dan esa lanita? Pues para que reproduzca lo que le están dando
como noticia.
Entonces, ahí hay
ciertos vicios, ciertas situaciones que no favorecen todo lo que decía al
principio, de que el periodismo debe ser vigía, de que debemos darle cabida a
la pluralidad, a la diversidad, etc., etc., con estas condiciones el periodismo
encuentra un panorama difícil, muchas veces el reclamo es que, bueno, a mi la
escuela me está formando, me está profesionalizando para ejercer una actividad
que cuando salgo resulta que no puedo decir lo que quiero decir porque me
enfrento a una política editorial que, si no respeto, pues me dan las gracias. Porque
los dueños medios de los medios establecen sus líneas, sus políticas
editoriales, con el financiamiento de los medios se cumple aquello de que
«quien paga, manda», entonces si un laboratorio farmacéutico está anunciándose
en un periódico, en una revista, en una radio o en la misma televisión, si hay
una información que comprometa o no hable bien de ese laboratorio, éste habla
inmediatamente con el dueño y dice, oye, yo estoy pagando ahí y ahora resulta
que me están golpeando.
En México hay una
anécdota de un presidente que tuvimos, José López Portillo, que hizo una
declaración pública porque retiró la publicidad que pagaba su gobierno a unos
diarios y muchas veces la publicidad que los gobiernos pagan a los medios les
representa su sustento, de tal manera que cuando el Estado les retira la
publicidad casi-casi los condena a la bancarrota, entonces este presidente se
excusó de la siguiente forma, dijo: «Es que yo no pago para que me peguen». Si
tengo publicidad pagada y ese periódico está hablando mal de mí y de mi
gobierno, ya no le pago; y en general a ese tipo de cosas se enfrenta el que
tiene un medio o los que trabajan en algún medio.
Esto hace que en
ocasiones haya altos niveles de frustración, pero hay formas y salidas, esto
del periodismo como cualquier otra actividad pues también tiene mucho que ver
con aspectos éticos, la deontología debe estar muy precisa. Uno de los valores
precisamente del periodismo es la imparcialidad, la pluralidad, la diversidad,
tratar de democratizar los medios, de que el mayor número de gente tenga
acceso. Por eso las nuevas tecnologías para algunos analistas de los medios y
las comunicación las ven como esperanzadoras, porque son medios democráticos ya
de nacimiento, porque se puede tener acceso directo a estas… claro, quién tenga
para adquirir las herramientas de esta tecnología de la información y la
comunicación, quien tenga la conectividad y demás, pues ya tendría libre acceso
para difundir, para emitir contenidos. Ya no solamente para consumir sino
también para producir, y bueno en ese sentido se dice que estas nuevas
tecnologías pues ya son democráticas, no como en el caso de la prensa, la
radio, la televisión, el cine, que tienen una verticalidad y que, como
decíamos, los que tienen acceso a estos medios son los que estructuran y
establecen los contenidos que han de ser difundidos, para que sean consumidos
por una gran masa. Por eso la era de la comunicación masiva, entre más gente
reciba ese mensaje, para el medio es mejor. Sólo que nada más va en una sola
dirección.
Bueno, para ya no
cansarlos ni agobiarlos con tanta perorata, este es mi análisis, la percepción
que tengo de cómo se está llevando el periodismo en México, en mi país, y si en
ese sentido hay algunas inquietudes o quieren que precise algunos puntos o
aspectos, pues con mucho gusto estoy aquí para tratar de resolver sus
preguntas.
Por su atención,
muchas gracias.
Grabación, transcripción e investigación: José
Javier León.
Fotos: José Javier León y Miguel Fuenmayor
Correo: joseleon1971@gmail.com
[1]
Rafael Ahumada Barajas (México, 1956) Dr. Ciencias políticas y sociales con
orientación en Ciencias de la Comunicación, por la Facultad de Ciencias
Políticas y Sociales de la UNAM. Profesor investigador en la FES Aragón UNAM. http://rahumada.blogspot.com/2010/09/datos-personales-nombre-rafael-ahumada.html
[2]
Para una reseña del caso podemos ir a «El escándalo Watergate», en Ecured.cu http://www.ecured.cu/index.php/Esc%C3%A1ndalo_de_Watergate
[3]
Interesante reflexión sobre esta palabra, gubernatura, al parecer sólo de uso
periodístico en México: http://gramatikus.wordpress.com/2010/03/06/%C2%BFse-dice-gubernatura-o-gobernatura/
[4]
Se refiere a la Masacre de Aguas Blancas del 28 de junio de 1995. Ver: http://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_Aguas_Blancas
[6]
Ver: «Azcárraga, el poder más allá de sus empresas», en: http://elpueblopuedesalvaralpueblo.blogspot.com/p/azcarraga-el-poder-mas-alla-de-sus.html
[8]
Ver artículo interesante sobre el tema: http://revistareplicante.com/la-amistad-en-la-nomina/
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