Sobre el texto de Ana L. Rivoir
ASPECTOS
SOCIOLÓGICOS DE LA DEL CONOCIMIENTO
Por
José Javier León
Leer
a contrapelo el texto de Ana L. Rivoir ofrece una perspectiva
interesante para interpretar el concepto de Universidad Bolivariana
de Venezuela. Si lo sometemos a las categorías de la modernidad,
creo que nos permitirá comprender los límites o alcances de nuestro
proyecto e inscribirlo en una perspectiva contrahegemónica.
Por
ejemplo, cuando Giddens "postula tres condiciones independientes
que explican la radicalidad de la modernidad, su excepcionalidad y
velocidad" (p. 29), cita tres aspectos, el "Distanciación
espacio-temporal con la emergencia de un tiempo uniforme, abstracto y
universal, el "El desanclaje de las relaciones sociales de sus
contextos locales" y el "aumento de la reflexividad".
¿Cómo
responde la UBV a estos supuestos de la modernidad? Rechazando el
tiempo uniforme, abstracto y universal y proponiendo prácticas de
docencia e investigación concretas, en tiempo-espacios dependientes
de y articulados a sujetos específicos, localizados,
territorializados. Esto supone, al contrario de un desanclaje, un
anclaje de las relaciones sociales en contextos locales. Y esto se
logra, sí, aumentando la reflexividad, de acuerdo a esa espiral que
conocemos de acción-reflexión que forma parte de la educación
transformadora.
Como
vemos, el ejercicio aporta una lectura de la UBV a contrapelo,
insisto, de la visión teórica hegemónica impuesta por la
modernidad y que muy al contrario, nos entronca con presupuestos
teóricos amerindios, andinos, nuestroamericanos, propio de
tradiciones campesinas, afro e indígenas, que nos otorga(n) nuestra
identidad, nuestra manera de ser y hacer.
El
desanclaje de Giddens abre el camino -siguiendo la organización del
texto- a la comprensión de la "globalización" que tiene
como apunta Rivoir -comentando a Ulrich Beck- "muchas
dimensiones desterritorializadas" (p. 30). Según este, en el
mundo globalizado hay un socavamiento del Estado Nacional que lleva a
hacer sucumbir "el modelo de primera modernidad basado en una
identidad común (pueblo)". A lo que nuestro proyecto de
educación bolivariana y robinsoniana responde con prácticas basadas
en la identidad del pueblo y por ende, con diversas estrategias que
buscan fortalecer nuestra identidad como nación. Por eso la
predominancia y la fuerza del Estado nacional bolivariano frente a
las instancia internacionales creadas por el estado globalizado
neoliberal. Según Beck "El Globalismo es la concepción según
la cual el mercado mundial desaloja o sustituye al quehacer
político", precisamente contra ese globalismo, nuestro país
hace frente con instituciones pluridimensionales, si cabe el término,
o pluripolares y multilaterales como mejor las conocemos, que buscan
hacer política en un mundo ciertamente despolitizado o dominado por
el "mercado".
Al
respecto de la "sociedad en red" de Castells, Venezuela ha
respondido de diversas maneras. Primero, con políticas de inclusión
y democratización de las conexiones por internet y lo que se llama
telefonía inteligente, avances dinamitados por la guerra económica
que afectó desde la infraestructura hasta la generación y
adquisición de equipos. De modo que podemos afirmar que no es
exactamente una tendencia de la modernidad la sociedad en red basada
en la tecnología, porque no está en los países que la promueven o
propugnan que los países gocen "liberalmente" de esos
bienes culturales de la humanidad, sino precisamente lo contrario:
persiguen controlar los flujos y las conexiones con evidente sesgo y
desequilibrio geopolítico. La guerra híbrida, que es una guerra
total y multifactorial, tiene un objetivo: la desconexión, la
incomunicación, la destrucción de la infraestructura
comunicacional, con todos los problemas que eso acarrea, máxime en
un modelo de sociedad y de humanidad que precisa de la comunicación
y la información para la transformación.
Podemos
concluir al respecto, que la sociedad en red de la que habla Castells
como un hecho o tendencia consumada es en verdad una estrategia de la
globalización neoliberal que busca imponer un modelo de sociedad
hegemónico basado en el control de los flujos, las conexiones y las
redes, y que toda política soberana e independiente, nacional,
territorial y local, contraviene el plan de la red global y su
discurso único. Este plan afirma y se sostiene sobre la idea de que
las TICs son imprescindibles para lograr el "cambio social"
que exige la nueva "sociedad en red", una sociedad que
mantiene como ya hemos dicho la desigualdad y la exclusión, y que
supone la consolidación de una economía global que por lo que
llevamos visto globaliza el saqueo y la explotación y busca imponer
por la vía de hecho, la financiarización, lo inorgánico, la
especulación y la economía de casino, contra la resistencia de
bloques económicos emergentes que proponen la economía basada en el
trabajo y la producción, el intercambio de bienes, la cooperación,
la solidaridad, valores considerados demodé frente a la retórica
del Consenso de Washington.
Por
otro lado, cuando Rivoir comenta lo dicho por Castells sobre "La
debacle del Estado Nacional soberano como consecuencia de las redes
globales de la economía, la comunicación, la información y el
conocimiento" (p. 32) es más o menos evidente que se trata de
una retórica crítica de la sociología al servicio de la imposición
del neoliberalismo. O sea, Castells no es sino parte del tinglado de
pensadores que crean en las ideas las condiciones de existencia
académica de ese nuevo orden económico basado en TICs controladas
por los factores geopolíticos que buscan imponerse sobre la
destrucción de los estados nación, vale decir, de los pueblos. Da
por hecho el teórico lo que los mercados buscan imponer por la vía
de la fuerza, con sanciones, bloqueos, asfixias, invasiones, saqueos,
pillaje avalado y sancionado por los organismos internacionales que
responde exclusivamente a los intereses de las Corporaciones.
Lo
mismo cuando habla de "escala planetaria", o de "un
hipertexto electrónico interactivo que se vuelve el marco de
referencia común". ¿A escala de qué planeta, cuál referencia
común? "La exclusión digital está asociada a factores como el
ingreso, la escolaridad, la localización geográfica y la edad, de
modo que cabe esperar que se haga mayor entre grupos económicos y
sociodemográficos específicos."
Bauman,
crítico del occidentalismo, se aproxima más a los juicios que he
asomado. Es fácil coincidir con él -desde nuestra perspectiva
ubevista- cuando afirma que "la ventaja de las comunidades era
su proximidad y la facilitación de la comunicación que constituía
su fortaleza e identidad. Hoy, lejos de homogeneizar las condición
humana, la anulación tecnológica de las distancias del tiempo y el
espacio tiende a polarizarla" (p. 33) Es consecuencia de la
modernización la creación de "desechos humanos", esto es,
los no-consumidores, los que quedan fuera de los circuitos de
inclusión que coinciden con los circuitos de conexión.
Ayuda
Bauman a comprender el alcance de la crisis que padecemos y que en
nuestro caso particular sentimos de manera doméstica a escala de
pesadilla: "Todo es instantáneo, efímero, no perdurable, la
demora o dilación es un estigma de inferioridad para la gente".
(p. 34) Es la impermanencia, lo inestable, lo quebradizo, lo que se
diluye o desaparece. Sobre estas bases nada sólido puede
construirse, y sabemos que los procesos culturales de transformación
reclaman tiempo, paciencia, duración. Entonces, la educación
bolivariana va a contracorriente del tiempo y los ritmos de la
modernidad; a lo instantáneo y efímero, opone lo que permanece, lo
que se arraiga en la memoria y necesita tiempo de maduración
personal y colectiva. Tiempos y ritmos definitivamente anti-modernos.
La
crítica debe ayudarnos a avanzar en una apropiación de las TICs
sobre la base de la diversidad cultural teniendo en cuenta -como ya
se observó- la multidimensionalidad de las desigualdades.
Ciertamente necesitamos las TICs para la participación social y la
producción de conocimiento, sólo que el paradigma se complejiza si
introducimos valores anti-modernos (para decirlo de alguna manera):
vida comunitaria y comunal arraigada en tradiciones, costumbres y
territorios, elementos todos que el capitalismo neoliberal fascista y
supremacista -que se reconfigura en las redes- pretende borrar y
(geopolíticamente) exterminar.