jueves, 10 de abril de 2014

La «Guarimba» o el Terror Pánico


José Javier León
23-31/03/2014
«…los empresarios no fijaban los precios de acuerdo con la oferta y la demanda, como sostenía la economía neoclásica, sino que fijaban los precios por el procedimiento de sumar a los costes de producción un beneficio satisfactorio»
Frederic S. Lee, en «La economía poskeynesiana (1930-2000)». Entender el capitalismo, Ediciones Bellaterra, Barcelona, España, 2003, Pp. 129-154
«La relación entre rebeliones y sentimiento de inseguridad puede esclarecerse aún más mediante una nueva aproximación que hará resaltar ahora un frecuente vínculo entre las violencias colectivas y la ansiedad mal definida suscitada por un vacío de poder, lo que puede hacer que esta ansiedad gane a personas normalmente integradas a la sociedad»
Jean Delameau, El miedo en Occidente, Ediciones Taurus, 2005, p. 241)
Hace un tiempo reflexioné sobre el cuerpo y la política[1] y, aunque ya lo pensaba no llegué a escribir sobre una idea complementaria un tanto peregrina: que las «huelgas de hambre» a las que se sumaban como lluvia o goteo distintos miembros de la oposición –más allá de que, si acaso eran huelgas en absoluto eran de hambre- representaban el síntoma de una idea sobre el cuerpo-en-la-política que estaba incubándose en nuestra sociedad neoliberalizada; porque Venezuela no escapa como se pudiera creer distraídamente, a una tendencia mundial: efectivamente y pese a la madurez de la revolución bolivariana (o tal vez por eso mismo) la política es presionada por el capitalismo financiero que hace brotar con fuerza inusitada corrientes neofascistas.
El punto es que, así me decía, la «huelga de hambre» es una manera de ex-poner el cuerpo, de pre-sentarlo frente al poder omnímodo (pero sobre todo) omnívoro del Estado, fachada represiva del Capital. Ante el Estado Capitalista absolutizado, expongo mi cuerpo y comienzo a vaciarlo poco a poco de vida hasta llevarlo al límite. No tengo más sino mi pellejo, y es eso lo que le devuelvo al Capital, explotado ahora sí hasta sus últimas consecuencias.
Claro está, lo anterior no puede repetirse ni ser usado para explicar las huelgas de hambre de la derecha, en verdad puestas en escena bufas con las que incluso payaseó ese nefasto personaje de la más rancia y criminal historia política venezolana, Antonio Ledezma.
Aquí no hay un Estado que sirva de parabán para las operaciones de las trasnacionales, o que esté comprometido carnalmente con ellas, ni son políticas del Estado las estrategias hambreadoras del FMI. Obviamente que no serán sino obras de teatro las referidas huelgas, en verdad antípodas de las conclusivas de hambre con las que se enfrentan con dignidad seres humanos reducidos a un cuerpo exangüe como único y último recurso.
Esto lo recordé contemplando el espectáculo de las «guarimbas», en especial porque han significado el auto-enclaustramiento violento de un sector social que hoy expresa su miedo traducido en odio (y viceversa), levantando barricadas e incendiando, taponando los accesos a y las salidas de ¡sus propias urbanizaciones!
No entran en esta explicación las trancas en carreteras y avenidas principales que no son expresiones del cuerpo (o yo no las incluiría en el ámbito de la bio-política, al menos de manera directa) sino estrategias de subversión y terrorismo en contra del Estado revolucionario. Muy distintas por cierto, a las trancas de vías contra la circulación del Capital que ejercen los pueblos, los indígenas y campesinos en los países donde el neoliberalismo campea. Por ejemplo, véase una de las muchas reseñas sobre las trancas de vías en el Paro Agrario colombiano en agosto de 2013:  «Conflicto colombiano llegó a su quinto día sin acuerdos»[2]:
«Por un lado, Carrillo aseguró que “no habrá diálogos si persisten los campesinos en las vías y los problemas de orden público”, ofreciéndose él como garante del proceso de mediación entre los campesinos y el presidente Juan Manuel Santos. Por su parte, los paperos respondieron que no están dispuestos a desbloquear las vías, sin antes lograr acercamientos que permitan solucionar problemas relacionados con los tratados de libre comercio, el precio de los combustibles, las importaciones de leche, los precios de sustentación de productos como la papa, abonos y pesticidas
En nuestro país al revés, estas trancan ocurren en los tramos de carreteras y autopistas que surcan urbanizaciones de clase media y alta, no con el fin de ponerle un freno a la circulación de bienes y servicios del capital en defensa de los comunes y públicos, sino para crear situaciones de colapso y caos que sirvan de caldo de cultivo para una violencia en escalada.
Hablaré entonces, de lo que se dio en llamar «guarimbas», estrategia de violencia focalizada consistente en bloquear accesos en calles y urbanizaciones, especialmente en zonas de clase media y clase media alta. Naturalmente se debían registrar allí por dos razones: la densidad en el uso de redes sociales, a la postre «lugar» sin lugar desde donde dimana viralmente el «liderazgo» que llama y convoca a las «protestas». La otra, que en dichas zonas se concentra la oposición electoral, coincidiendo el alto nivel de consolidación urbana, la concentración de clase media y media alta, con redes y afectos electorales, por supuesto, emulsionado todo por una animadversión enfermiza, mórbida, si se quiere clínica, contra el gobierno inficionada a través de los medios.
Por otro lado, controlar el acceso inequitativo o desigual a las riquezas nacionales creó no sólo una clase enriquecida sino privilegiada, y es precisamente sobre la base de los privilegios que se levanta todo el aparataje –especialmente simbólico- de «costos» y precios de las mercancías, bienes y servicios. Aparato que los economistas justifican escamoteando la realidad, encubriéndola con silogismos matemático-abstractos. Lo real es que el acceso a los bienes y servicios está determinado por la construcción ideológica de los privilegios, racismo mediante.
Pues bien, lo que el guarimbero promedio siente es que la tasa de privilegios desciende dramáticamente y por lo tanto, el valor de las cosas. Ha empezado a sentir que ya no podrá acceder exclusiva ni privilegiadamente a ciertos bienes y servicios y eso, en consecuencia, repercute en el valor de los bienes y servicios que coloca (o de los cuales se sirve) en el mercado, menos para compra y venta (eso en verdad está en un segundo plano) que para exponer o poner de manifiesto su estatus social.
Al descender las cotas de privilegio y en consecuencia, al descender el valor de los bienes y servicios, el guarimbero promedio siente que la cantidad y la calidad de lo que recibe (y siente además, que debe recibir por su situación privilegiada) a través del cordón umbilical que lo une al mercado comenzará a bajar. He allí la fuente de su terror. Un terror en parte fundado, en parte infundado. Fundado porque siente que en verdad es un privilegiado, y que el mundo se hizo para él y a su medida. Infundado porque realmente el mundo es de todos y no de unos pocos, y tendrá la calidad y cantidad relativa y proporcional a su trabajo. (Por cierto, el trabajo es verdaderamente un valor propio del socialismo, porque el capitalismo niega el trabajo y lo envilece; la explotación ha subsumido el trabajo dejándolo sin sentido, por lo que el explotado no es un trabajador en sentido estricto sino un esclavo). Claro, esta verdad simple como un sol, es la verdad del socialismo, el coco con que los guarimberos promedios son asediados por los medios y redes de comunicación.
Según veo las cosas, este es el núcleo central del conflicto: la idea, la creencia de una clase de que el privilegio y por ende el acceso privilegiado a determinados bienes y servicios que detentan y de alguna manera ostentan su estatus es parte de su condición o la constituye. Si este acceso se abre, democratiza o peor, se populariza, la fuente del valor –el privilegio- pierde su capacidad de performar el valor. Si no hay privilegio, el valor de las cosas tiende a la baja. Y si el valor de las cosas baja lo harán en consecuencia los precios, lo cual abrirá las alamedas del consumo, del acceso popular a dichos bienes y servicios.
El malestar que la Ley de Costos y Precios Justos provoca en el seno de la clase media y alta que expresó su pánico en las guarimbas, lo denunció con calmoso tino Leopoldo Puchi en un artículo titulado precisamente: «¿Por qué no aceptan el 30%?»: «No es válido, dijo, incendiar la nación porque se hayan limitado las ganancias a un máximo de 30%.»[3]
Para los privilegiados que han jugado a la especulación no debe existir, pues, nada peor que una ley que lleve equilibrio y razón a un ámbito donde ha reinado a placer la arbitrariedad y la imposición superficial de un estilo y modo de vida, mientras abajo, las presiones sociales se manejaron con represión, con fuerza directa y bruta. Vale la pena citar en extenso a Orlando Araujo cuando explica el Cadivismo claro está, sin que existiera el hoy difunto Cadivi, allá por los años 60, en un libro estremecedor titulado Venezuela violenta[4] lo que demuestra por si faltara más que la burguesía parásita que aupó las guarimbas es la misma y ha sido la de siempre:
El mecanismo es sencillo como corresponde a una economía colonial: las empresas extranjeras traen dólares para costear los impuestos y los servicios requeridos por la extracción del petróleo, el gobierno gasta la renta percibida en servicios y obras públicas, la minoría perceptora de estos ingresos, a su vez, vuelca su nuevo poder adquisitivo en todo género de consumos, servidos por un comercio que de este modo, transfiere riqueza al exterior y acumula capitales en el sector.
Es un círculo continuo, cerrado, vicioso. Es el círculo de la riqueza y del poder económico concentrados. Los ahorros acumulados en este círculo no van a la agricultura, muy al contrario, los excedentes precarios de esa agricultura, que sigue siendo feudal, convergen también a ese círculo que los emplea en su propio fortalecimiento y en el refinamiento de sus consumos lujosos.
Una oligarquía de comerciantes y de banqueros van entonces prosperando y acumulando un poderío económico que se traduce en poderío político y que se refleja en la vida institucional. No es una clase creadora de riqueza como históricamente fue la burguesía en las primeras etapas del capitalismo. Esta clase no inicia el capitalismo en Venezuela, es sencillamente la proyección colonial de un sistema capitalista foráneo más avanzado. Su papel es el de un agente de ese capitalismo, su función es intermediaria y su poder económico es derivado de otro fundamental y mayor. Sus ingresos no provienen de una combinación arriesgada de factores de producción sino de una comisión: la comisión del intermediario que compra afuera y vende adentro. No es, pues, una burguesía productora sino una burguesía estéril.
La ideología de esta clase refleja necesariamente su ser social. Es la ideología que, dentro de una economía colonialista, conviene a los intereses de la clase asociada al sistema capitalista extranjero. Es la proyección ideológica de este sistema que va encarnando en leyes, instituciones, doctrinas, hábitos y en formas múltiples de la vida política, social y cultural del país colonizado (Araujo, Venezuela violenta, 2010. El Perro y La Rana, Caracas, pp. 149-150).
Si todos tenemos el mismo acceso, nadie es, en principio, social y económicamente distinto. Por lo tanto, el poder se democratiza porque nadie estará por encima. He aquí el quid del asunto: quienes detentan el acceso privilegiado a los bienes han construido ideológicamente (y refrendado religiosa y filosóficamente, con prejuicios disfrazados de ciencia y conocimiento) dicho acceso, limitándolo (cercándolo) con acciones determinadas, concretas, precisas. Acciones sobre las cuales han tendido operaciones discursivas, repito, de diversa índole con el fin de erigir su legitimidad de manera incontrastable.
Pero, cuando son otras las operaciones de legitimación, es decir, cuando lo que se consideraba privilegiado ya no lo es, y por tanto, los controles para el acceso son levantados por un accionar político de signo distinto al que venía operando; cuando el acceso se abre, populariza o democratiza, son otros los elementos que se privilegian: lo colectivo, lo público, lo social. El mercado capitalista se resiente y el valor de las cosas (para el mercado) disminuye. Crece el valor social, pero éste no se expresa en los mismos términos que en el mercado. El valor social no tiene tasa ni medida en el mercado. De modo que el precio de las cosas depende de operaciones ahora sí de intercambio, marcadas por la necesidad, vale decir, por el uso.
En el marco del socialismo los precios tienden a la baja (de ahí que la inflación aquí sea inducida de lo cual los venezolanos tenemos pruebas fehacientes…), por eso es tan importante en un país en transición, para la clase media y alta, contar con fugas, con grietas, con mecanismos de valorización que eleven los precios, es decir, que rompan los controles para seguir imponiendo la hegemonía del privilegio, la expresión consumista de la «meritocracia», palabreja por cierto referida a la «élite» petrolera que se puso de moda en los escenarios de conflictividad golpista del 2002 y 2003.
La operación consiste en poner a valer las cosas según mecanismos de valorización ajenos al circuito endógeno, lo que consistió en recurrir al dólar no oficial, el cual elevaba demencialmente los precios de manera de generar un acceso ultra-exclusivo a bienes y servicios.
Se trataba sin duda de una acción desesperada y sin demasiado futuro que el gobierno atacó en diciembre con sorpresivas y contundentes fiscalizaciones, por lo que hubo que precipitar no más entrado el mes de febrero las acciones golpistas, respaldadas por ese sector de la oposición –específicamente guarimbera- que le hizo el juego a los operadores del golpe dándole rienda suelta al terror pánico a la pérdida de privilegios. La violencia desatada era el caldo de cultivo social para en-cubrir las acciones militares, para-militares, terroristas y «políticas» de los golpistas (del otro re-cubrimiento se encargaría la coalición internacional de medios de comunicación, con CNN a la cabeza…) internos e internacionales interesados en el control privilegiado de los recursos naturales del país, control en suma, que producirá el desequilibrio, la inequidad: esto es, los fundamentos del capitalismo.
La guarimba es pues, encerrarse, quedar dentro de una matriz, conectarse a las redes para poder respirar, acudir a la despensa preparada, atiborrada para la guerra, y esperar, adentro, en el regazo materno, en el líquido amniótico de la dependencia al capital, que el Gobierno, allá afuera, donde viven los otros, allá en la sociedad de lo social, en la sociedad «colectiva» (infestada de terribles «colectivos»), caiga, se derrumbe.
Pero el gobierno no cayó en el tiempo estimado. Y el cordón umbilical necesariamente hubo de ser restituido pese a los esfuerzos de diversos voceros a través de las redes; a pesar de la inflación de tendencias y opiniones falsas, de las mentiras virales que circularon prácticamente sin cortafuegos, de las «declaraciones» del propio Imperio –que se ha tomado la molestia de atacarnos- y que naturalmente insuflan e inflan con su injerencia la violencia –localizada, focalizada, pero agigantada mediáticamente. No obstante, ha sido necesario pese a todo, abrir primero un canal, luego el otro, retirar, recoger, apartar basura, y la vida definitivamente le pasó por encima a las barricadas, comenzó a fluir…
Pero hay algo, insisto, que la guarimba entraña. El miedo a perder la conexión umbilical con el mercado; cordón que la alienación y la ideología del capital sistemáticamente oculta a las masas de consumidores acomodados, que dependen como del aire para respirar del mercado. Frente al avance del socialismo, la clase dependiente avizora un acotamiento de sus privilegios, los cuales nacen precisamente de la desigualdad social que, a su vez, es fruto del control social de las riquezas y los bienes nacionales. El mecanismo de control social que impone el mercado al consumidor lo obliga a actuar de manera individual a través del salario y el contrato.
El capitalismo rompe, desquicia la vida gregaria y comunitaria, y retrotrae al ser humano al momento primordial de la soledad frente a un todo hostil que se yergue incomprensible e impenetrable. Por cierto, ¿no forma parte del miedo individual aferrarse a Dios como único Salvador –algo que la Iglesia desde la Inquisición manipula-, y en cambio la vida en comunidad deviene panteísta o, como decían los cronistas de las indígenas, sociedades sin Dios, ni moneda, ni Ley?
El mercado, dice Enzo Del Búfalo «tiende a colapsar la sociedad en el individuo aislado y pasivo, desintegrándola en un universo de mónadas impracticable»[5]. En este escenario de miedo y violencia, la única arma con la que cuenta es el salario (y en el mejor de los casos bonos, premios a la productividad, pagos extras), la posibilidad de consumo –de salvar la vida- personal e individual. El capital convence al trabajador por la vía de los hechos de que la unión y creación de organizaciones lo alejará del salario puesto que éste es un asunto personal y privado, que sólo a él y a su patrón atañen. De ahí la fobia intrínseca a los sindicatos, pero también a cualquier forma colectiva de organización. El Estado –socialista- claro está, favorece las organizaciones, los colectivos, el trabajo mancomunado, porque parte del principio también antiguo, de que la fuerza está en la unidad del grupo. El capitalismo promovió la desagregación, el rompimiento de los lazos comunitarios, la desestructuración de la comunidad y de la vida comunitaria.
En definitiva es la persona y ella sola la que debe velar por su seguridad, de ahí el apego a las armas de uso personal en una sociedad como la norteamericana donde las caseras alcanzan cotas paroxísticas. El miedo a que sea cortado el cordón obviamente genera acciones violentas, dirigidas en especial contra todos los signos (objetos, personas, instituciones) que representan al Estado entendido como enemigo del mercado, y por ende, de los que de él -del Estado- dependen.
El capital se sostiene sobre la ficción de que paga a los trabajadores un salario justo, de modo que el trabajador siente profundamente que su vida pende del salario. Además, está convencido de que su salario es proporcional a su trabajo y, mientras más trabaja, más riqueza produce a la empresa, la cual lo recompensará mejorando el salario, generando un círculo para el trabajador, virtuoso, de dependencia. Mas lo cierto, es que el salario esconde y escamotea la explotación, vale decir la plusvalía. El trabajador es explotado y obligado a vivir en vilo, al filo de un salario que puede fluctuar pero, a la hora de la chiquita, desaparecer, dejando al trabajador en el aire, en la completa desesperación.
En un gobierno como el bolivariano se han creado, sin embargo, una serie de leyes que protegen al trabajador, al trabajo y al salario, pero la guerra contra el Estado hace que muchos trabajadores confíen más en el explotador que en el Estado que lo protege de manera integral. Es por ello que la guerra ha tocado en especial a los pequeños y medianos empresarios, presionados desde arriba por la posibilidad de altos ingresos rápidos y, desde abajo, por las mejoras laborales y salariales de sus empleados.
La guarimba se instaló en el compás mental de este sector de la burguesía parásita o estéril, que maneja nóminas y se cree por tanto liberado de rendir cuentas al dueño del capital, sin entender –políticamente- que forma parte del correaje capitalista. Es este sector el que con más fuerza tilda de «enchufados» a los que dependen de un salario proveniente del Estado como patrono. En el fondo, envidian la seguridad que proporciona el salario estatal, y denigran de la supuesta improductividad de las «empresas del Estado», comparándolas con la «productividad» capitalista… La rabia desatada contra el Estado y todo lo que lo represente, es consecuencia del miedo atávico a la inseguridad frente a la incertidumbre. El asalariado capitalista vive el miedo arcano de nuestros arquetípicos antepasados frente a la noche y las bestias. La seguridad provendría del grupo, de la comunidad, pero esta ha desaparecido –y su restitución hoy entraña todo un proyecto civilizatorio enunciado en el Buen Vivir o pachamamismo, es decir, la insurgencia de las corrientes indígenas que animan el eco-socialismo- y lo único que (le) queda es el salario como puente a la sobrevivencia.  
El guarimbero promedio –sin guarimbas- vive ahora en el espesor cotidiano del pánico, ha sufrido una «aprensión demasiado prolongada (que lo ha conducido a) un estado de desorientación y de inadaptación, una ceguera afectiva, una proliferación peligrosa de lo imaginario (y a) desencadenar un mecanismo involutivo por la instalación de un clima interior de inseguridad» (Delomeau, 2005:33). En efecto, «Las colectividades mal-amadas de la historia son comparables a niños privados de amor materno y en cualquier caso se hallan situadas fuera de las puertas de la sociedad; por eso se convierten en clases peligrosas (…) Este rechazo del amor y de la ‘relación’ no deja de engendrar miedo y odio» (Delameau, 2005:34); porque «Las inhibiciones, carencias de afecto, represiones, fracasos, sufridos por un grupo acumulan en él cargas de rencor susceptibles un día de explotar» (Delameau, 2005:36-37).

Esto confirma lo que hay detrás de las campañas mediáticas que llevan a personas que prácticamente lo tienen todo y en abundancia, a creer que nada tienen y que lo que tienen, lo perderán… incluso la potestad de los hijos…
El guarimbero promedio mal-amado, niño privado de afecto, saturado de «represiones y fracasos» ha sido llevado hoy por la derecha internacional a «movilizaciones de energía», pánicos, revueltas, y se le ha instalado en un «clima de ansiedad, de neurosis incluso, capaz por sí mismo de resolverse más tarde en explosiones violentas o en persecuciones de chivos expiatorios» (Delameau, 2005:37). Cito para que veamos la operación sicológica que subyace en las guarimbas y en el terror pánico al Otro, a lo Colectivo Indeterminado.
Para alcanzar la paz, la estrategia debe estar fundada en el amor, en la construcción política de los afectos; no puede ser afectación pasajera sino –quién lo iba a creer- política de Estado. Otra vez Chávez, y su crucifijo…
Decía el Che, ya para terminar: «Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor.»[6]

[1] Lo hice en un texto titulado «Chávez hecho millones. Cuerpo y Política», y que puede ser leído en http://josejavierleon.blogspot.com/2014/03/chavez-hecho-millones.html
[5] Enzo Del Búfalo, 1998, Individuo, mercado y utopía, Monte Ávila, Caracas

domingo, 2 de marzo de 2014

Néstor Francia contra los criticones de la izquierda habladora de paja


La ultraizquierda dogmática y minoritaria, aislada del pueblo y agazapada lamentablemente en Aporrea, dispara sus dardos contra Nicolás Maduro, emulando a los opinadores de la derecha (aunque con argumentos diferentes, es verdad). Casi todos hablan con tono pontificador y poses de sabihondos. Ven pequeños burgueses por todos lados, pero ellos mismos son presas del subjetivismo pequeño burgués. Lo cierto es que demuestran gran ignorancia de la historia, incluso de la más reciente, y una asombrosa ceguera que les impide ver la terca realidad.

Ahora cargan con furia y presentan a Maduro como un traidor al legado de Chávez por haber convocado la Conferencia Nacional por la Paz. Para ello echan mano de un recetario socialista libresco y maniqueo.
¿Tiene el tema de la paz relación con la lucha de clases? Por supuesto que sí, pero no en el sentido simplón de estos revolucionarios sin pueblo (a menos que se crea que el pueblo son los pocos miles de lectores de Aporrea, sin desmeritar a este medio que promueve el debate interno, como debe ser). Lo de sin pueblo tiene que ver además con el hecho de que no es necesario hacer encuestas para saber que el pueblo mayoritario respalda esa iniciativa de Maduro, basta con conocer encuestas anteriores para inferir la opinión de la mayoría.

Veamos algunos ejemplos de cómo han manejado grandes líderes revolucionarios, con gran flexibilidad táctica, el tema de la paz, así como diversas alianzas con la burguesía e inclusive con actores imperialistas. Son varios:

1.- El Tratado de Brest-Litovsk
Uno de los acontecimientos que influyó notablemente en el desenlace victorioso de la Revolución Soviética fue la Primera Guerra Mundial. La entrada del Imperio zarista en la Primera Guerra Mundial incrementó la pobreza y los sufrimientos del pueblo ruso. Las derrotas militares exacerbaron el descontento de las masas populares. El descontento popular contra la guerra fue uno de los factores que impulsaron la abdicación del Zar Nicolás II, ante la amenaza de una sublevación masiva contra la monarquía. El Gobierno Provisional Ruso de Alexander Kerensky, pese a que la mayoría de la población rusa deseaba concluir el conflicto contra los Imperios Centrales, se negó a terminar la guerra, argumentando que la incapacidad del mando militar zarista era la principal causa de las derrotas y que una victoria importante incrementaría la fortaleza de su gobierno. A finales de abril de 1917, dos millones de soldados rusos habían desertado en un período de dos meses. Los bolcheviques aseguraban que podrían obtener la paz sin que Rusia debiera ceder territorio ni pagar indemnizaciones de guerra. El tiempo demostró que esto era una ilusión, de la cual participaron Lenin y Trotsky, pues las condiciones reales negaban esta posibilidad.

Después de varios descalabros militares de los rusos y del fortalecimiento de las posiciones del Imperio Alemán, se produce la Revolución de Octubre que lleva a los bolcheviques al poder. Desde ese momento se producen dos grandes corrientes entre los revolucionarios rusos, una liderada por Lenin que proponía la salida inmediata de Rusia de la guerra, aunque esto significara pactar la paz con el Imperio alemán y el Imperio otomano, lo cual significó a la sazón la pérdida de grandes porciones de territorio para Rusia: Finlandia, Polonia, Estonia, Livonia, Curlandia, Lituania, Ucrania, Besarabia, Ardahan, Kars y Batumi. El tratado de paz impulsado por Lenin fue más bien una capitulación necesaria para poder salvar la naciente revolución bolchevique y evitar que el Imperio alemán se apoderara de toda Rusia. La otra corriente, radical a rajatablas, era contraria al armisticio y la comandaba Nicolás Bujarín. ¿Cuáles eran los argumentos de este radical? Bujarín afirmaba que una paz duradera entre un estado capitalista y una república socialista no era posible, y se oponía firmemente a la firma de cualquier tratado. Pero Lenin no pensaba en ninguna paz duradera, sino en la salvación de la Revolución y de la Patria rusa, ante la irrebatible realidad de que el ejército rojo estaba en camino de una inevitable derrota. Fue esta última posición sensata la que se impuso. El 22 de febrero León Trotsky, que había mantenido posiciones intermedias y trataba de que se prolongarán las negociaciones al máximo posible, firmó el Tratado que sacó a Rusia de la guerra, convencido ya de que no había ninguna posibilidad de que el ejército rojo alcanzara la victoria. Ese mismo año, Alemania resultó derrotada por las fuerzas que se le oponían y Rusia no solo preservó la Revolución bolchevique, sino que además recuperó la mayoría de los territorios perdidos. Si los revolucionarios hubiesen tomado el camino dogmático y radical de Bujarín, otro gallo hubiese cantado. De este modo el tiempo demostró que Lenin, al acordar la paz con los imperialistas alemanes en condiciones desventajosas, no había traicionado ni a la revolución ni a su Patria, sino que había actuado con realismo y acierto.

2.- El pacto de Mao Zedong y Chiang Kai-skek
El líder del Kuomintang, el partido anticomunista respaldado por Estados Unidos en los años de la Segunda Guerra Mundial, Chiang Kai-shek, lideró la guerra civil entre sus fuerzas y las del Partido Comunista Chino, dirigido por Mao Zedong. Cuando Japón invade China, se produce el llamado incidente de Sian, cuando los japoneses hacen prisionero a Chiang. Mao había hecho contactos con dirigentes del Kuomintang a fin de proponerles la suspensión de la guerra civil y la unión de fuerzas para enfrentar a los imperialistas japoneses. Finalmente, este acuerdo de paz se realiza, se unen los comunistas y los anticomunistas, y derrotan a los japoneses. Después de esa victoria se reedita la guerra civil entre los seguidores de Mao y de Chiang, hasta que los comunistas triunfan y en 1949 se corona la Revolución China.

3.- La Revolución democrática burguesa en China
Muchos ignoran que cuando lo comunistas chinos toman el poder, no declararon la revolución como socialista. Los líderes revolucionarios, con Mao a la cabeza, hacen un pacto de clases que comprende al proletariado, el campesinado, la pequeña burguesía y la burguesía nacionalista. Esta política ajustada al carácter atrasado y semifeudal que tenía la sociedad china, fue llamada “Nueva Democracia” y soportó ataques desde la derecha y desde la “izquierda”. Dejemos que el mismo Mao hable, en un material que lleva el sugerente y apropiado título “Refutación de la palabrería de ‘izquierda’”: “Siendo impracticable el camino capitalista de la dictadura burguesa, ¿es posible entonces el camino socialista de la dictadura del proletariado? No, tampoco es posible…No cabe duda de que la actual revolución, que es la primera etapa, se desarrollará hasta llegar al socialismo, que es la segunda. Sólo con el socialismo conocerá China la verdadera felicidad. Pero todavía no es el momento de realizar el socialismo. Luchar contra el imperialismo y el feudalismo es la actual tarea de la revolución china, y mientras no se la haya cumplido, no se puede hablar de socialismo. La revolución china pasará forzosamente por dos etapas: primero, la de la nueva democracia, y luego, la del socialismo. Además, la primera llevará bastante tiempo, no puede consumarse de la noche a la mañana. No somos utopistas y no podemos apartarnos de las condiciones reales que enfrentamos”. Sobre los radicales “izquierdistas” que atacaban estas líneas con su “palabrería”, dijo el gran líder chino: “… hay otros que, al parecer sin mala fe, se han dejado embaucar por la ‘teoría de una sola revolución’ y por la idea puramente subjetiva de ‘hacer de un solo golpe la revolución política y la revolución social’; no comprenden que la revolución se divide en etapas, que sólo se puede pasar a la segunda etapa luego de cumplida la primera y que es imposible hacerlo todo ‘de un solo golpe’. Su punto de vista es igualmente muy dañino, porque confunde las etapas de la revolución y debilita los esfuerzos dirigidos a la tarea presente”.

4.- La reunión Nixon-Mao
A los ultraizquierdistas dogmáticos ha de darles escozor la famosa foto de Mao Zedong y Richard Nixon, presidentes de China y Estados Unidos, sonrientes y dándose las manos en Beijing, en febrero de 1972. Al finalizar la visita, los dos países firmaron el “Comunicado de Shanghái”, que abrió las puertas a la normalización de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones. Poco después, Estados Unidos retiró sus fuerzas militares de Taiwán, aunque mantuvo acuerdos militares con este enclave. Igualmente, Estados Unidos aceptó poco después oficialmente el postulado de “Una sola China” que el gobierno de Beijing ya había formulado para fundamentar sus reivindicaciones de soberanía a ambos lados del estrecho de Taiwán. Nixon y el gobierno de Estados Unidos reafirmaron sus intereses en una solución pacífica al problema de Taiwán, que pudiera ser acordada también por los propios chinos. Esta declaración habilitaba al gobierno de EEU.UU. y a la República Popular China a omitir de modo temporal “la cuestión crucial que obstruye la normalización de las relaciones”, refiriéndose al estatuto político de Taiwán y la apertura comercial entre ambos países.

Estos son ejemplos de reuniones y pactos que los dogmáticos describirían como “contra natura”, pero que se fundamentaron en situaciones reales, concretas, no capítulos de algún libro, que afectaban a las fuerzas revolucionarias, las naciones, los Estados, en medio de las complejidades de la sociedad, las cuales no pueden ser manejadas con ideas fijas, manuales, recetas ni reduccionismos.

Pues bien, para el final hemos dejado la joya de la corona de nuestro artículo, la reunión secreta (después develada) que sostuvieron el 18 de junio de 2004 Hugo Chávez y Gustavo Cisneros, a la sazón el burgués por antonomasia, el más grande ricachón de Venezuela, el símbolo nacional del capitalismo. Poco más de un año antes, en un discurso pronunciado el 10 de enero del 2003, Chávez se refirió a Cisneros en términos que claramente lo definían como uno de los mayores enemigos del pueblo venezolano: “por allá por Naciones Unidas, muy cerca de las instancias máximas, anda uno de ellos, anda un fascista, anda un golpista y que es dueño de una televisora aquí en Venezuela, que se llama Gustavo Cisneros, ese es uno de los más grandes responsables de lo que aquí está pasando en Venezuela, uno de los más grandes responsables y yo lo acuso ante el pueblo y ante el mundo por golpista y por fascista”.

Dos días después del encuentro, que ya se había conocido públicamente, Chávez dijo: “Yo al señor Cisneros le dije, y le di mano, bienvenido, bienvenido y qué gusto me da que nos podamos sentar a conversar, porque usted es un venezolano, y vamos a tomarnos un café y vamos a conversar, y lo haría con cualquier venezolano que de verdad quiera venir a hablar de cosas serias. Dentro de la Constitución todo, fuera de ella absolutamente nada”. Y días después, en entrevista que le hiciera Eleazar Díaz Rangel: “Cisneros sabe que él, su medio, su empresa y su familia puede coexistir con este proyecto, siempre y cuando respete la Constitución y las leyes, y reconozca las autoridades como lo ha venido haciendo”.

En cuanto a Cisneros, este dijo, igualmente poco después de la reunión: “Hablamos extensamente acerca del problema de la pobreza en Venezuela. El Presidente Chávez y yo compartimos la misma opinión: el tema de la pobreza debía unir al país, sobre todo en vista del alto crecimiento de hogares que se colocaban bajo la línea de la pobreza. Por mi parte, insistí en que una vez finalizado el proceso de referendo, el diálogo nacional debía enfocarse en la búsqueda de soluciones al citado problema. Manifesté que los venezolanos debían dirigir sus esfuerzos a mejorar la educación y a estimular las capacidades empresariales nacionales, para así competir exitosamente en los mercados mundiales”.

Al reunirse Chávez con Cisneros ¿Se estaba traicionando a sí mismo? ¿Estaba traicionando al pueblo y a la Revolución? Recordemos en qué situación se dio esta reunión. 15 días antes, el 3 de junio de aquel año, Chávez reconoció en cadena nacional que la oposición había recogido las firmas suficientes para activar el referendo revocatorio, que en esa misma fecha fue convocado para agosto. El imperialismo y la derecha fascista, relativamente recuperados de sus derrotas del año 2002, enfilaban todas sus baterías contra el Gobierno revolucionario. La Revolución estaba en peligro inminente. En esa circunstancia, el papel de los medios de comunicación era fundamental. Los actores de la reunión expresaron que en la misma no se había hecho ningún pacto. Sin embargo, los resultados se vieron de inmediato. A dos meses de aquel referendo decisivo, uno de los tres más importantes canales de TV privados nacionales, Venevisión, se vio neutralizado hacia el final de la batalla del revocatorio, y poco tiempo después lo siguió otro de los tres grandes, Televen, y el imperialismo y la derecha fascista perdieron dos armas de alto calibre. La evidencia de esto se registró finalmente dos años más tarde en el Informe Final Elección Presidencial Venezuela 2006, realizado por la Unión Europea, a propósito de su papel como observador internacional de la contienda electoral presidencial del año 2006, evento donde el presidente Chávez logró su reelección como primer mandatario: “El tono de Televen y Venevisión fue poco crítico en general con las dos principales coaliciones, pero, desde un punto de vista cuantitativo, las dos favorecieron abiertamente la posición oficialista. Venevisión dedicó 84% del tiempo de información política a la posición oficialista y sólo 16% a la coalición ‘Unidad’ –opositora-, mientras que Televen le dio 68% a la coalición de Chávez y 32% a la de Rosales”. La reunión con Cisneros fue una jugada de alto vuelo político, estratégico, de Hugo Chávez, a la cabeza de una revolución que desde un principio se ha fundamentado en la proclama libre y anti dogmática de Simón Rodríguez: o inventamos o erramos.

Finalmente ¿En qué condiciones se da la convocatoria hecha por Maduro a una Conferencia Nacional por la Paz? Enumeremos, para facilitar la comprensión:

1.- Está en marcha un plan imperialista de alta intensidad destinado al derrocamiento violento de Nicolás Maduro por cualquier medio, incluido por supuesto el militar y/o el intervencionismo en cualquier modalidad
2.- Están actuando comandos violentos entrenados y armados para la ocasión, con acciones de laboratorio que pretenden establecer una situación de violencia crónica en un planteamiento de caos sostenido que afecte la gobernabilidad del país, profundice problemas económicos y de servicios públicos, y prepare el escenario, al mediano plazo, para la intervención internacional por cualquier vía
3.- Toda la oposición política, en su conjunto, se ha sumado al plan golpista con distintos niveles y modalidades de participación, incluida la omisión interesada
4.- Se ha creado, a través del sabotaje, el acaparamiento y la especulación, una difícil situación económica para el pueblo, caracterizada por alta inflación y escasez relativa de productos, para generar distintos niveles de descontento que erosionen la base social de la Revolución
5.- Está en desarrollo, nacional e internacionalmente, la que probablemente sea la más extendida e inclemente campaña mediática de desprestigio y satanización de la Revolución desde 1999, con Nicolás Maduro como foco principal
6.- Se han activado de manera creciente factores políticos internacionales para tratar de profundizar el desprestigio de la Revolución e intervenir directamente en la situación venezolana. Muestra de ello son las posiciones asumidas por el propio Estados Unidos, la Unión Europea, Colombia, Panamá, la relatoría de derechos humanos de la ONU, la CIDH, la secretaría general de la OEA
7.- Se activan igualmente los aparatos institucionales creados por el imperialismo para manipular con el tema de los derechos humanos, como por ejemplo Amnistía Internacional y Human Rights Watch
8.- Se suman programadamente factores que no se habían hecho presentes en conspiraciones anteriores con tal fuerza, como es el caso de figuras nacionales e internacionales de la farándula, manejadas por corporaciones mediáticas y audiovisuales de Estados Unidos donde tienen influencia el gran capital internacional y la gusanera cubana de Miami
Es en este contexto que el presidente Maduro lanza su iniciativa de la Conferencia Nacional por la Paz, una táctica política correcta en el contexto antes mencionado, por las razones que igualmente enumeramos:
1.- Es absolutamente necesario determinar cuál es el enemigo principal de la Revolución Bolivariana en esta etapa: el imperialismo norteamericano y la derecha política fascista aglutinada en la MUD, entente opositora que se ha puesto a la cola de sus factores más radicales
2.- Siendo así, la táctica de paz nacional busca aislar políticamente a estos factores y desenmascarar sus designios violentos ante la mayoría del pueblo que no apoya las guarimbas, las trancas de calles, las prácticas incendiarias y el ataque a bienes públicos, incluidos aquellos de los cuales se sirve directamente el pueblo, como los sistemas de transportes y los centros de misiones sociales.
3.- Las justas consignas de paz han logrado mantener al pueblo en las calles a diario, ya que se trata de un anhelo nacional, como lo demuestran las magníficas demostraciones de estudiantes, mujeres, trabajadoras y trabajadores petroleros, personas de la tercera edad, campesinos y campesinas, motorizados y otros sectores
4.- Así como en el juego del ajedrez los jugadores experimentados hacen cada jugada adelantándose a tres, cuatro, cinco y hasta más probables jugadas, los políticos de buena estirpe deben pensar más allá de la coyuntura del momento. La situación económica del país es un peligro por la posible erosión del apoyo popular a la Revolución, lo cual podría reflejarse negativamente en las próximas batallas electorales (parlamentarias de 2015, probable referéndum revocatorio de 2016). Por ello es correcto tratar de llegar a acuerdos puntuales con sectores de la burguesía, si se apartan de la conspiración actual en marcha, que faciliten el abastecimiento de productos y en control de la inflación. Las posibles alianzas económicas puntuales (tácticas) con sectores de la burguesía deben realizarse sin complejos y con visión de mediano alcance. Por supuesto, persisten y persistirán las contradicciones estratégicas antagónicas con la gran burguesía monopolista.
El Plan de la Patria que diseñó Chávez tiene como punto señero la defensa de la independencia de Venezuela. Derrotar al imperialismo y a sus lacayos en su plan actual de derrocar a Maduro y acabar con la Revolución Bolivariana, persigue en primer lugar ponernos al servicio de los intereses del imperialismo y acabar con el camino de liberación nacional que señaló Hugo Chávez. Quien no apoye sin cortapisas a Nicolás Maduro en la ardua tarea de salvaguardar la continuidad de la Revolución y enfrentar la gran conspiración que adelanta, con todos los hierros, el Imperialismo, se convierte objetivamente en cómplice de ello, así no sea esa la intención. Como reza el adagio: de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno.

¡Frente al plan criminal fascista imperialista, unidad, lucha, batalla y victoria!
¡Viva la Conferencia Nacional por la Paz!
¡Viva Nicolás Maduro!
¡Viva la Revolución Bolivariana!
¡Chávez vive, Maduro sigue!

jueves, 27 de febrero de 2014

BOLÍVAR Y EL PERIODISMO

Por

Roberto López

“La imprenta es tan útil como los pertrechos de guerra y ella es la artillería del pensamiento”

Hoy 27 de junio se celebra el día del periodista. El origen de esta fecha está en que un 27 de junio de 1818 circuló por primera vez el Correo del Orinoco, periódico editado por Simón Bolívar durante la etapa decisiva de la guerra de independencia.

El Correo del Orinoco circuló entre 1818 y 1822. En ese lapso aparecieron 133 números, entre ellos algunos extraordinarios como los que anunciaron las victorias en Boyacá y en Carabobo.

Para hablar de Bolívar y el periodismo hay que establecer el contexto de la época:


Es evidente que para inicios del siglo XIX los medios de comunicación no jugaban el papel tan preponderante que hoy juegan en pleno siglo XXI. El principal medio eran precisamente los periódicos, en una sociedad mayoritariamente analfabeta, como era el territorio venezolano en ese entonces. Por tanto, el alcance de la acción comunicadora llevada a cabo por Bolívar y demás patriotas se circunscribía a determinados y minoritarios grupos sociales. Aunque es probable que las ideas transmitidas por escrito inicialmente, se difundieran luego por lo que ahora llamamos “radio bemba”, a través de comentarios de boca en boca; aunque es obvio que la fuerza del mensaje escrito se va perdiendo en la medida en que se difunde por medios orales.

Cuando Bolívar publica el Correo del Orinoco, esta respondiendo a la campaña similar que desde Caracas se hacía en contra de la independencia a través de la Gazeta de Caracas, cuyo editor era el realista José Domingo Díaz, feroz enemigo de los patriotas, y quien dijera lo siguiente sobre nuestro Libertador: “La imprenta es la primera arma de Simón Bolívar, de ella ha salido el incendio que devora a América, y por ella se ha comunicado con el extranjero”.

El período en que se publicó el Correo del Orinoco fue precisamente en el que se decidió el destino de la guerra de independencia. La importancia del periódico como parte de la estrategia político-militar bolivariana está resaltada en esta circunstancia: la difusión de las ideas de independencia mediante la prensa revolucionaria.

Simón Bolívar, al igual que Francisco de Miranda, consideró que la prensa era un arma fundamental dentro de la estrategia independentista. En su expedición de 1806, Miranda traía consigo una imprenta. Bolívar por su parte, en la campaña de los andes peruanos y bolivianos, llevaba una imprenta a lomo de mula y editaba un periódico que se llamaba “El centinela en campaña”.

Bolívar en su labor periodística hizo énfasis en aspectos principales de lo que debe ser una prensa revolucionaria:

· Bolívar divide al Correo del Orinoco en lo que hoy se llamarían “cuerpos”, estableciendo una jerarquía de las noticias. Primero deben ir los comunicados oficiales. Luego, la política internacional. En tercer término, los problemas del país, la situación económica. Finalmente, lo “curioso”, lo “anecdótico”, que hoy pudiéramos llamar la crónica y el reportaje.

· Bolívar se preocupaba por la redacción, por el estilo, la ortografía, el tamaño de las letras, por la diagramación general del periódico.

· Prefería un periódico grande, de un pliego, a pequeños pasquines.

· Hacía énfasis en los textos cortos, de fácil y atrayente lectura. Bolívar escribió en frases concisas. Odiaba la retórica. Nunca escribió más allá de pocas decenas de cuartillas. Su intención era comunicar ideas políticas destinadas a la acción inmediata, más que explayarse en conceptos filosóficos que fundamentaran la lucha de independencia. “El lenguaje debe ser sencillo, directo”. “Que los artículos sean cortos, que sean agradables, que sean fuertes, que sean picantes”.

· Igual énfasis tenía en los títulos. El título debía ser atrayente. Debía hacer referencia al contenido del texto, y en cierta forma, resumirlo. Esto lo proponía por aquello de la poca capacidad de lectura de la población, y estaba consciente de que muchas veces sólo iba a ser leído el título de los artículos. “Titule, titule, porque los títulos llaman la atención del público, pero debe tenerse mucho cuidado de la sección corresponda al título”.

· Otra característica de Bolívar es lo que hoy llamaríamos “encuesta de opinión”. Bolívar llegaba a cada pueblo y se informaba sobre las necesidades de la región, sobre las quejas y requerimientos que los pobladores hacían a las fuerzas patriotas.

· Finalmente, Bolívar usó también la desinformación como estrategia político-militar. Orientó a Santander a realizar ediciones falsas de la Gaceta de Bogotá, con el fin de desorientar al enemigo con noticias falsas sobre la situación en España. Esa edición falsa iba acompañada de una edición verdadera que era la que se difundía más ampliamente.

Bolívar fue un revolucionario profesional, y su labor como comunicador estuvo concebida como parte de la estrategia revolucionaria para conquistar la independencia de España. Su objetivo era también difundir internacionalmente la causa patriota. Gracias al Correo del Orinoco y otros periódicos independentistas, la causa de la independencia hispanoamericana se dio a conocer en toda Venezuela, en todo el continente latinoamericano, en Europa y en los Estados Unidos, concitando apoyos, difundiendo nuestro programa emancipador y aclarando las dudas y tergiversaciones que al respecto existían.

El ejemplo de Bolívar al utilizar la fuerza periodística como estrategia comunicadora, asociada a la estrategia política y militar que finalmente permitió conquistar la independencia, constituye hoy una referencia para la revolución bolivariana. Este proceso revolucionario necesita de comunicadores como Simón Bolívar y de medios de comunicación como el Correo del Orinoco. Que cumplan ese papel utilizando las nuevas tecnologías del siglo XXI. Los líderes del proceso, los que están al frente del partido, al frente de las instituciones del estado, deben ser ante todo comunicadores. Es una tarea que no debe ser dejada a la iniciativa individual, tiene que ser una labor organizada nacionalmente, regionalmente, localmente, un esfuerzo simultáneo que cuente con el apoyo del estado y que se fundamente también en las organizaciones populares. Hay que engranar el excelente papel comunicador jugado hasta ahora por el presidente Chávez, con las iniciativas que desde los consejos comunales y otras organizaciones del poder popular se implementen con el fin de enfrentar la ofensiva mediática del imperio.

Quien gane las batallas de las ideas, ganará la batalla por la construcción del socialismo en esta Venezuela bolivariana y en todo el continente latinoamericano.

“Los soldados ganan batallas, y el Correo del Orinoco gana la guerra”.

Roberto López Sánchez.
Maracaibo, 27 de junio de 2009.

sábado, 22 de febrero de 2014

Balance sobre la descomposición opositora a la luz del futuro

Por 

José Javier León 




José Javier León
20/02/2004
Un elemento que debemos destacar de los últimos acontecimientos en la República Bolivariana de Venezuela es que la revolución está avanzando y consolidándose. Ello se explica y se evidencia por un signo revelador: son los ricos, a través de sus lacayos («estudiantes» y sicarios, mercenarios y diversa variedad de infiltrados) quienes están aupando las «protestas». Que no son «protestas» sino actos vandálicos con un fin político-terrorista queda claro cuando vemos como se deslizan uno tras otro los móviles políticos, los petitorios, los reclamos y cuando todos conducen a esa suerte de mantra negativo en que se han convertido los deseos oposicionistas: «Chávez-Maduro Vete Ya».
Las «protestas» además son una réplica llena de basura y chamusquina del mapa de los resultados electorales. Lo que confirma que todas estas acciones son la resaca de las cuatro derrotas electorales en fila que han sufrido la CIA, el Departamento de Estado y por retruque, la derecha fascistoide venezolana. No han podido torcer la conciencia del pueblo entonces recurren a la guerra de alta o baja intensidad para «corregir» lo que no obtienen por los votos. Es típico y seguir por ese lado es redundar.
Lo interesante entonces, hoy, es que la derecha sabe a ciencia cierta que Maduro se consolida y que la revolución está cada vez más fuerte, es decir, los privilegios de los siempre privilegiados van a comenzar a entrar por un rasero democratizador de la renta pública. Saben que es indetenible la voluntad del gobierno de transformar la inequidad y los desequilibrios, y de ahí que se revuelvan como serpientes. Ayer escuché a un alto representante de la Samsung hablando de Precios Justos y eso me confirmó lo que hay en el fondo de las «manifestaciones» terroristas de la «oposición» callejera: miedo a lo justo. También lo decía anoche Maduro, no será fácil equilibrar la economía. Cierto, porque son demasiados los años (y de ahí claro está las estrambóticas riquezas que ostentan) de parasitismo.

Otra cosa que les escuece es la inminente activación del Plan de Pacificación, que incluye por ejemplo, el Patrullaje Inteligente, esquema levantado sobre el mapa que produjo la inteligencia social a partir de la zonificación y localización de la criminalidad y la violencia, la penetración del narcotráfico y el paramilitarismo, que se ha venido infiltrando e incubando en la sociedad, y cuyos retortijones estamos viendo hoy, sobre todo en Táchira...
Si la derecha en especial internacional interpreta que Maduro y la revolución avanzan en la consolidación que le permitirá aplicar las Leyes Habilitantes, naturalmente arreciará los ataques. Ya lo intentaron en el 2002 con el Golpe de Abril (tras las 49 Leyes Habilitantes y en particular la Ley de Tierras cuya aplicación lleva centenares de campesinos asesinados), y luego con el sabotaje a la industria petrolera del 2002 y 2003. Lo intentaron con la desestabilización que condujo a la victoria popular en el referéndum del 2004 (previa guarimba) y la Reelección del 2006. A lo que han seguido, uno tras otro, resonantes triunfos electorales. Los cuatro últimos han sido decisivos para que los ataques aumenten. En efecto, podemos decir, que la violencia y el odio es inversamente proporcional a la victoria electoral de los Hijos de Chávez. 
Con otras palabras: tal como en su momento pasó con el Comandante Chávez y el golpe tempranero de 2002, hoy intentan desbancar a menos de un año en el poder al Presidente Maduro. La cuenta por supuesto que no entra en sus cálculos es que el mandato de Chávez pasó al Presidente obrero traducida no sólo en votos sino en fuerza y organización popular conscientemente «chavista». Lo que estamos hoy defendiendo es pues, un legado, una forma de hacer las cosas, una ética, un proyecto histórico. 
Por otro lado, EEUU no tiene otro plan para el mundo que la fabricación a trote y moche de Estados Fallidos. En cuanto a guerras tiene 60 años que no gana ninguna, pues para sus intereses es más rentable perderlas o, mejor, hacer que nadie gane explícitamente para que, en medio del desorden y el caos, las transnacionales puedan asentar sus reales en zonas y/o regiones con acceso franco a recursos energéticos, bio-diversos o con abundante mano de obra. En otras palabras, el plan consiste en destruir el Estado para que las trasnacionales puedan «gobernar» sobre territorios desmembrados. Para ello no existe problema alguno en aislar territorios enteros y someterlos a «gobiernos» ad hoc, o de facto, apartados de los medios de comunicación y las noticias. En esas condiciones, las trasnacionales de la energía o farmacológicas se encargan de explotar sin restricciones «político-ambientales» mientras los pobres son condenados a matarse entre sí y los ricos a vivir en cápsulas de confort consumista.
La violencia callejera a la que hoy asistimos tiene el objetivo de convencernos de que el Estado venezolano ha «fallado» en brindarnos seguridad, primero por «represor» (de ahí la lluvia demencial de imágenes por decir lo menos, descontextualizadas) y luego por «falta de autoridad», por «falta de gobierno». Los escuálidos quieren pues dos cosas increíblemente disociadas: que los repriman (porque el gobierno y las fuerzas del orden hasta ahora sólo han contenido) y que el gobierno «ejerza la autoridad y evite el caos». Caos, de paso, propalado y auspiciado por muchos de los mismos que hoy piden que desaparezca. 
Porque el punto es que necesitaban una «salida» y esta no ha ocurrido. ¿Qué ha ocurrido? Que el líder de la oposición fascista fue detenido y conducido a los tribunales bajo la protección del gobierno que impidió que la misma derecha lo matara. Lo cual demuestra dos cosas: que tampoco era el líder sino un títere y que lo que vemos hoy desplegado en las calles de algunas ciudades y en algunas zonas de éstas, son las diseminación en la población entre confundida e infiltrada, de la violencia de la derecha o el capital internacional (que es exactamente lo mismo) que quiere replicar los acontecimientos de Siria u, hoy mismo, de Ucrania. 
La «salida» que ansían entonces no está cerca y sí, sin embargo, todo lo contrario: la entrada y radicalización de una nueva etapa de la revolución: el capítulo pendiente y decisivo: la re-producción socialista del Socialismo venezolano. 
Esa es la luz al final de este túnel (después del laberinto despejado por Chávez) lleno hoy de chamusquina y basura, entre opositores algunos ya aburridos que se debaten entre la violencia sin objeto y la perspectiva ya encimada de las vacaciones carnavalescas all inclusive
Y si no es el carnaval, será la lluvia.

sábado, 15 de febrero de 2014

COMUNICADO CONTRA EL FASCISMO


Las autoridades universitarias frente a los lamentables y condenables acontecimientos ocurridos durante el día 12 de febrero en nuestro país. Acciones estas muy similares a las ocurridas el 11 de abril de 2002 como parte del golpe de Estado, derrotado por la movilización popular y la unidad cívico militar que logró el retorno victorioso del Comandante Presidente Hugo Chávez. Hemos juzgado necesario e imprescindible fijar posición ante la opinión pública nacional e internacional. En este sentido, expresamos:
1. La condena más enérgica de dichos acontecimientos por cuanto son la expresión palmaria de intentos, programados con antelación, de un golpe de Estado contra el gobierno legítimo del presidente Nicolás Maduro.

2. Repudiar los incidentes violentos que ocasionaron la muerte de tres venezolanos y decenas de heridos, tanto en la capital como en otras ciudades del país.

3. Rechazar los ataques arteros contra las sedes  de instituciones públicas, incluida la sede regional de la UBV en el Táchira, quema de vehículos y la destrucción de espacios públicos; todos organizados y promovidos por grupos fascistas que han pretendido irrumpir contra las instituciones y el Estado en general, con la intención abierta de implantar un gobierno de facto en nuestro país, a partir de un deliberado y orquestado plan de desestabilización, aupado por diversos sectores anti-patrióticos.

Ante tales circunstancias, las autoridades y la comunidad Ubevista en general, manifiestan su apoyo irrestricto al Gobierno Bolivariano y chavista liderado por el presidente Nicolás Maduro, y convocan a toda la gran comunidad universitaria nacional ha manifestar su apego a la Constitución y al estado de derecho vigente en nuestro país, así como a estar unidos y vigilantes junto a todo nuestro pueblo, con la convicción de que sabremos defender las irreversibles conquistas y el legado del presidente eterno Hugo Chávez.

Finalmente, la UBV quiere reafirmar su respaldo a los esfuerzos del Presidente Maduro y de la Dirección Político-Militar de la Revolución Bolivariana, para preservar la paz y la justicia para todos los venezolanos.

En Caracas, a los 14 días del mes de febrero de 2014

martes, 4 de febrero de 2014

Dictarán Taller de Producción Poética en la UBV Zulia



Unidad de Cultura

Prensa UBV eje Cacique Mara
Unidad de Cultura  
Texto: Gisela Farías

Con el propósito de crear textos poéticos originales que promuevan y motiven una lectura imaginativa y creadora la Coordinación de Cultura de la Universidad Bolivariana de Venezuela desarrollará  el taller de Producción Poética, dictado por el profesor José Javier León.
Según el facilitador, quien es licenciado en letras, la  didáctica del taller “consistirá en la construcción de un espacio colectivo de creación poética, que a través de la instrumentación de una estrategia basada en la selección aleatoria de palabras e ideas, lleve al grupo a la producción de textos originales en forma de verso libre.” De esta manera la UBV abre sus espacios para que  tanto  la comunidad universitaria como  el público en general encuentren un espacio para dibujar las palabras en papel y producir textos que serán editados de manera artesanal.
Las inscripciones están abiertas en la Coordinación de Cultura, edificio Simón Rodríguez, sector la retirada, municipio Maracaibo (antigua sede de URU). Igualmente puede comunicarse por el teléfono 0261-3257238.