“La Universidad Bolivariana, es motor, es vanguardia, es caballo, es lanza, es bandera, de un nuevo modelo educativo de liberación. Ustedes son actores fundamentales de esa vanguardia, siéntanse orgullosos mujeres y hombres”

Fragmentos del discurso del Presidente Hugo Chávez, Caracas, 08/11/2003, en el marco de la inauguración de la sede UBV Zulia.

miércoles, 27 de junio de 2018

El capitalismo opera en las sombras


José Javier León

I
Muchas cosas ha hecho el capitalismo en nosotros, la peor acaso sea el habernos extrañado de la vida. Lo hizo a través de la instrumentación del dinero, o mejor, del salario. Nos dijo que, si trabajábamos (aunque no nos dijo que para él), percibiríamos un salario que nos permitiría comprar o adquirir lo supuestamente necesario (para continuar vivos), lo cual equivalía a continuar más o menos vivos para seguir trabajando. En el fondo resonaba que si trabajábamos muy duro recibiríamos mucho más, lo cual desnuda la farsa si vemos el destino de los campesinos, albañiles o las amas de casa, por poner sólo tres humildes ejemplos.

II
La historia del salario nos dice que para la gran mayoría de la población apenas alcanza para vivir y no en pocos países se deben tener dos y tres trabajos que aporten cada uno un sueldo mínimo. No está de más recordar (algunos ni siquiera lo pueden recordar pues sencillamente lo ignoran) que la plusvalía existe, es decir, que el salario está muy por debajo de la ganancia que el patrón recibe por el producto de nuestro trabajo. Regularmente en una jornada el trabajador o la trabajadora producen para el dueño en términos de ganancias, mucho más de lo que al final de mes percibirá como salario, y aún esta ínfima expresión en muchos casos la entrega retaceada o en fracciones alegando el alto costo de la vida y la difícil situación…
Ocultar este gigantesco robo es una de las funciones de los medios de comunicación. Otra parte se logra evitando hablar de estas cosas en los salones de clase o en cualquier espacio público. La estafa queda oculta y los trabajadores/esclavos creen que el salario que reciben equivale a su “trabajo”, a lo que hicieron o produjeron, de modo que no ven una relación directa entre la buena vida que se da el dueño de la empresa y la muy mala que le queda a él y a los suyos.

III
Y si por un milagro -casi un error histórico- cuenta con un gobierno que obligue a los dueños a aumentar los sueldos, no sólo se pone del lado del dueño sino que lamenta tal cosa como si del mismo dueño se tratase. Valga recordar que los golpes de estado en Haití y en Honduras a Aristide (2004) y Zelaya (2009) respectivamente, fueron por apenas mínimos aumentos de sueldo que sin embargo las transnacionales no estaban no sólo indispuestas a pagar, sino que se hicieron de manu militari y complotados con los organismos internacionales, en sendos vuelos hicieron secuestrar a los presidentes para imponer las dictaduras correspondientes que derechizan las cosas poniéndolas en su santo lugar; o sea, todo para los ricos, nada para los pobres.


IV
Hoy nos pasa que prácticamente todos los días los empresarios usureros cartelizados inflan los precios pero, si el gobierno da un aumento que apenas pellizca la inflación inducida, los asalariados brincan no de la alegría sino de la rabia porque los precios, en consecuencia, dicen, aumentarán. Es parte de la inversión (o alienación) que logra el capitalismo en la conciencia de los trabajadores.

V
Siempre he pensado que el poder del capitalismo proviene de que -(expropia y se apropia por la vía del robo y luego)- comercia cosas esenciales. En ese sentido el sueño húmedo del capitalismo es vender el aire, el agua, como ya vende la tierra, y por supuesto lo que ella da. Vende (luego de robar) la vida, por eso es capaz de someternos y dominarnos.

VI
Es obvio que el capitalismo no vive de vender lujos o bienes suntuarios. Nos hace creer que vive de los carros, de la moda, de las tecnologías de última generación, pero la verdad es que vive del narcotráfico, de la prostitución, del lavado de capitales, del trabajo esclavo de mujeres y niños, de la destrucción y explotación de los mares y de los bosques, de la estafa/prisión financiera global, de la guerra y de la venta de armas e incluso, de órganos. Del chantaje y del terror. Sin embargo, todo esto queda oculto.

VII
El capitalismo ha convertido en mercancía (los bienes que garantizan) la vida. Por ende ha mercantilizado los alimentos. Y la inversión en nuestra conciencia es tal que decimos que comprar la comida (que el capitalismo antes nos ha expropiado) es un signo de poder adquisitivo, o que se tiene poder porque se puede adquirir. Comprar lo que nos mantiene vivos para poder seguir explotados produciendo plusvalía es el circuito demencial al que nos tiene condenados la noria del capitalismo.

VIII
Hoy a algunos les puede parecer que recibir una bolsa o caja de alimentos (CLAP o cualquier otro mecanismo de protección instrumentado por el gobierno) degrada su condición humana o de trabajador. No entiende que la comida no es una mercancía, es un derecho y más que eso, un derecho humano inalienable. No sólo tenemos derecho a los alimentos sino a no comprarlos, basta que seamos venezolanos y venezolanas, basta con vivir y trabajar aquí para merecer comer de manera sana y suficiente, no para ser explotados, sino para tener la energía necesaria y suficiente para transformar el mundo en función de la vida buena, del buen vivir. Por cierto, cabe hacerse una pregunta: ¿por qué los HCM jamás han generado pruritos en la clase media? ¿Será porque con los seguros médicos se benefician directamente laboratorios, médicos y clínicas privadas?


IX
¿Suena ilógico que el capitalismo trate de vender con sus increíbles estrategias publicitarias determinados alimentos que ofrecen esto o aquello de manera súperespecial, en un escenario en el que el Estado proponga a su vez una versión del mismo alimento más económica y natural (sin aditivos, sin colores, no “enriquecido”) accesible para todos, en especial para los que no tienen ganas de comprar empaques lucidos, marcas, estilos o modas?

X
Suene como suene, el capitalismo dirá que el Estado no debe inmiscuirse en asuntos económicos, que la producción debe recaer en el empresariado privado, forzando así una dictadura que sólo busca sacar del mercado cualquier opción popular, artesanal, preindistrial, industrial o industrial a pequeña escala. En efecto, para vender sus productos el capitalismo necesita ser la única opción, de lo contrario de manera natural el grueso de los consumidores optará por productos más económicos e incluso más sanos, por menos procesados y refinados.

XI
Si el Estado ayuda a producir, o produce directamente y distribuye alimentos, en verdad a todos nos correspondería una cuota en la producción; por ejemplo, quienes como yo damos clases, debemos dirigir nuestros objetivos a la producción (material y simbólica y sobre todo, a aquella simbólica que garantiza la producción material) en todas sus formas y facetas.

XII
No podemos permitir que el capitalismo nos convenza de que los alimentos o las medicinas o la ropa o las viviendas son mercancías y que debemos comprarlas al precio de nuestra necesidad. No debemos trabajar para comer sino porque lo necesitamos como humanos que somos. El trabajo es expresión de la humanidad cuando se hace en libertad, cuando produce bienes buenos y servicios que sirven. El capitalismo animaliza y convierte el trabajo en una cárcel y lo hace trasmutando todo en mercancía.

XIII
Respirar, aun agónicamente le brinda pingües réditos al capital, a la mano invisible que nos ahorca. Y todo permanece oculto, mientras los medios nos enceguecen.


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