domingo, 26 de febrero de 2012

Discurso De Un Progresista De La Derecha En Tres Pasos

Por: William Castillo



I: EL PROFESOR LAKOFF

George Lakoff es un profesor de la Universidad de California e investigador de lingüística cognitiva. Como miembro del Partido Demócrata, Lakoff se propuso, a principios de esta década, develar las razones por las cuales los republicanos apaleaban electoralmente a los demócratas con tanta frecuencia.


Lakoff partió de una sencilla y paradójica pregunta: ¿cómo era posible que los obreros norteamericanos votaran por candidatos republicanos, enemigos jurados de los sindicatos? ¿Por qué el norteamericano de clase media o pobre terminaba votando a candidatos que proponían abiertamente medidas antipopulares, como rebajar los impuestos a los ricos y eliminar los programas sociales? ¿Por qué los republicanos parecían decir cosas más convincentes que los demócratas?


Al vincular sus estudios cognitivos a la política, Lakoff encontró que muchas veces, más de las que nos imaginamos, la gente no vota por sus intereses, sino por sus “valores”. Las personas, dice, tienen un “marco” (frame) de valores, juicios e ideas, y actúan de acuerdo con ese marco. Si ese marco de valores, en el caso de un obrero, es autoritario y conservador, este puede terminar votando por candidatos que propongan medidas antiobreras, pero que hablen un “lenguaje autoritario y conservador”. Es decir, si se usa el lenguaje preciso y se cuenta con el apoyo mediático necesario, los pobres pueden terminar favoreciendo electoralmente a los ricos.


Para Lakoff, el discurso electoral ha devenido en discurso esencialmente moral, simbólico, abstracto. Sostiene que, más que demostrar la superioridad de un programa político, una elección la gana aquel que es capaz de “imponer su lenguaje”, y a través de este, los valores, el marco de pensamiento.

Lakoff, por cierto, no es un derechista. Es un demócrata, crítico de las políticas de los republicanos y de la “guerra contra el terrorismo”. Sus libros, sin embargo, parecen estar siendo usados en el extranjero por quienes defienden las ideas de derecha, que en Estados Unidos Lakoff deplora.


II: CAPRILES SE SUBE AL AUTOBÚS DE LAKOFF

A finales del año pasado, en varios encuentros en Bogotá, Dominicana y Panamá, se discutió la forma de hacer frente a Hugo Chávez y el tema dominante fueron siempre las ideas de Lakoff. ¿Cómo oponer una propuesta creíble a la poderosa maquinaria discursiva que representa el Presidente venezolano? ¿Qué hacer para atraer a los chavistas descontentos, confundidos o indecisos? ¿Cómo quebrar la fuerte relación empática entre Chávez y el pueblo venezolano? ¿Cómo usar las redes sociales y el activismo de calle para impulsar al candidato de los sectores económicos?

Algunas de las estrategias empiezan a hacerse visibles en el lenguaje de la campaña. Ante todo, la campaña de Capriles ha asumido la definición básica de Lakoff: el progreso como valor moral esencial. “Soy progresista”, repite HCR cada vez que puede, tratando de diferenciarse del “socialismo de Chávez”. Su autobús, que utiliza la metáfora del país como vehículo, por cierto también usada por Obama, es el “del progreso”.

“Progresista” es afirmativo y sobre todo no es “chavista”. Remite a “izquierdista” sin implicaciones radicales. Suena bien, y tiene la ventaja de que no ofrece nada, no compromete a quien la usa. Capriles necesita presentarse ante los sectores D y E, que forman el grueso del electorado chavista, como un dirigente distanciado de la derecha, de los ricos. Su estrategia discursiva es hacerse potable a los pobres.


A este fin sirvieron las sesiones fotográficas con los afectados por las inundaciones, y la épica de su “persecución por parte del régimen”, historias que ya construyen los medios. Se arma así el guión del joven con valores (educado y “bien”) pero que ha sido perseguido y que está con los humildes. El discurso moral desplaza el debate ideológico y a las propuestas concretas en torno a los problemas reales.

Capriles no hablará en términos concretos de aumentos de salarios, ni de prestaciones, ni de reivindicaciones. Ha dicho “las misiones serán institucionalizadas”, eufemismo que significa en la práctica su liquidación. Pdvsa deberá “concentrarse en el negocio”, o sea desprenderse de toda su actividad social. “Acercar el poder a la gente” modulará Capriles para referirse al Poder Popular, al pueblo. Aunque se cuelan cosas: Armando Briquet, jefe de campaña, decía en una entrevista a un medio extranjero que su plan es completar en seis años la apertura total de la economía venezolana. El plan está claro.

El discurso de Capriles se articula así sobre conceptos generales, generalizantes e indefinibles: igualdad de oportunidades, el derecho de todos a la propiedad, crecer juntos. Y esa será su estrategia. Una campaña abstracta, simbólica, que clamará por la “unión del país”, “el reencuentro”, “la no retaliación” y postulará una resbalosa definición de “los derechos de la gente”. Les hablará a los barrios, sin visitarlos. A los pobres sin comprometerse con ellos. Y dispone para ello de un gigantesco dispositivo mediático.


En esa línea se agrupa también la estrategia de “enfrentar a Chávez no confrontándolo”. Obvio, un cuerpo a cuerpo con Chávez sería un suicidio. Por eso, la campaña opositora tratará de atacar a Chávez de forma indirecta: un hombre “mayor”, afectado por un problema de salud. Chávez no será nunca nombrado. Será invisibilizado, y ha la vez mostrado como un peleón, un tipo que lo único que quiere es “el poder para sí mismo”, incluso un “traidor” a la Constitución “que le dimos”, como el propio Capriles dijo en un rueda de prensa. Pero eso último no lo dirá el candidato, el trabajo sucio lo harán los analistas, el aparato cultural privado y los medios. Capriles lo retratará sin mencionarlo. “No uses su lenguaje, no confrontes”, es el consejo de Lakoff.

III: IDEOLOGÍA

Y LENGUAJE: REVOLUCIÓN O CONTRARREVOLUCIÓN


¿Cuán exitoso puede llegar a ser este intento de extrapolar conceptos e instrumentos anclados en la realidad norteamericana a la venezolana? En Desde el jardín, Jerzy Konsinsky relata la historia de Chance Gardiner, un jardinero feliz e ignorante que un buen día se ve arrojado fuera de lo único que conocía: el jardín y la televisión. Sin saber leer ni escribir, Chance llega a ser un gran líder únicamente repitiendo frases relacionadas con el jardín, y actuando como recordaba que lo hacen las personas de la TV.

El discurso vacío, etéreo y vaporoso de Henrique Capriles, representante de la derecha venezolana, a ratos recuerda la historia de Chance Gardiner. Pero a diferencia de Chance, se trata de un modelo importado, cuidadosamente diseñado y planificado, que sirve a un propósito esencial: confundir al electorado venezolano, y ganarlo para una causa ideológica que es contraria. Lograr, pues, que el condenado elija a su verdugo.

La batalla apenas ha comenzado.



Jueves, 23 de Febrero de 2012

Correo del Orinoco, N° 888, Pag. 8

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada