“La Universidad Bolivariana, es motor, es vanguardia, es caballo, es lanza, es bandera, de un nuevo modelo educativo de liberación. Ustedes son actores fundamentales de esa vanguardia, siéntanse orgullosos mujeres y hombres”

Fragmentos del discurso del Presidente Hugo Chávez, Caracas, 08/11/2003, en el marco de la inauguración de la sede UBV Zulia.

domingo, 26 de octubre de 2014

Perspectiva para abordar la Unidad Curricular Epistemología de la comunicación

Desde una crítica a la comunicación mediática

Texto para la I Jornadas de Discusión de la Planificación de Unidades Curriculares realizada el 10, 17 y 31 de octubre de 2014 en el PFG Comunicación Social - Eje Geopolítico Cacique Mara 
Por
José Javier León
I
Los estudios sobre la comunicación pueden ser abordados desde dos perspectivas: considerando un enfoque antropológico o bien, uno massmediático. La antropología permitiría estudiar las relaciones, las redes y los intercambios intersubjetivos, y daría perfecta cuenta de la comunicación hecha en las comunidades y con fines comunitarios. La comunicación desde los medios, se ocuparía básicamente de la producción y el consumo de «productos» comunicacionales.
La diferencia es de suma importancia porque la comunicación de base antropológica refiere a la comunicación como bien común, mientras que la de base mediática concibe la producción de comunicación como actividad lucrativa. Obviamente, si queremos que las comunidades se comuniquen en función de satisfacer mancomunadamente sus problemas, difícilmente se puede apelar a la comunicación mediática-empresarial, que no tiene ni de cerca ese objetivo entre sus metas.
Del mismo modo, dos o más personas deberán recurrir a mecanismos de comunicación antropológica para el alcance de objetivos concretos que afecten su vida cotidiana, profesional, comunitaria, etc.
Está claro entonces que la comunicación de base antropológica es la producida por, en y desde las comunidades mientras que la comunicación de base mediática será la producida por las empresas. Para las comunidades, la comunicación tiene como finalidad la construcción de la vida comunitaria, para las empresas, la acumulación de capital.
Valga apuntar en este momento que los estudios, la investigación y todo el desarrollo académico en las universidades tanto públicas como privadas sobre «comunicación» versan casi exclusivamente sobre la producción y el consumo mediáticos. Mientras que la comunicación en su vertiente antropológica es tan sólo una rama de la antropología; no de la comunicología.
En ese sentido, considero que la comunicación de base antropológica debe ser objetivo central en la comunicación social vista desde la Universidad Bolivariana de Venezuela.
II
Si la mediática tiene como objeto la producción de comunicación-mercancía obviamente esta no dejará de funcionar como tal, y por lo tanto, quedará sometida a los efectos de la oferta y la demanda. Como sabemos, a mayor oferta decrece la demanda por consiguiente el precio de la mercancía tiende a bajar. Al contrario, cuando la oferta es poca y la demanda aumenta, el precio de las mercancías aumenta, lo que conduce «naturalmente» (dentro de la naturaleza mórbida del capital) a la generación de mecanismos de escasez inducida acompañadas de sobre-estimulación de la demanda (vía publicidad o «guerra sucia», acaparamiento, propaganda de guerra dirigida a manipular al consumidor) que conducirá a distorsiones en el consumo y aumentos especulativos de los precios de las mercancías.
Lo interesante de todo ello y que abona a las consideraciones sobre la comunicación es que el esquema de producción de la «noticia», si se quiere la mercancía por antonomasia de la comunicación mediática, funciona perfectamente bajo el esquema descrito: poca oferta y mucha demanda, aumento del precio de la noticia-mercancía.
Bajo este esquema se desliza el discurso de la exclusividad, de la primicia, del llamado en el argot periodístico venezolano el «tubazo». Y por supuesto, ello acompañado de prácticas como las ejercidas por los paparazzi o las filtraciones hoy tan comunes cuando los sistemas de seguridad informáticos hacen aguas, y que condimentan cada tanto la siempre enrarecida atmósfera noticiosa. De aquí nacen también las nociones de fuentes privilegiadas de acceso a la información y la fauna y flora de «expertos» y especialistas en la «materia». La compra-venta de información es hoy y acaso lo ha sido siempre un área de complejas y peligrosas relaciones. Como lo decía Héctor Mujica «el mundo de los negocios, como el de la publicidad y las public relations, el de los lobbies y chantajes, el de las comisiones y los ocultamientos de ambas partes, para seguir operando el mismo gang impunemente, es el gran mundo del hampa de nuestro tiempo».[1]
III
Si la mercancía-noticia debe cumplir con su objetivo que es el de servir a la acumulación de capital, pues resulta obvio que la verdad que debía contener o trasmitir queda relegada a un segundo plano y, como sabemos, se puede incluso prescindir olímpicamente de ese anacrónico y si se quiere romántico requerimiento. De más está una afirmación de cajón: si la verdad atenta contra los intereses de los dueños de los medios o de alguno de sus patrocinantes o inversores publicitarios, la «verdad» no circulará en sus páginas y posiblemente –porque entre bomberos no se pisan la manguera- en el de ninguno de la «competencia».
Dicho esto, podemos efectivamente afirmar que la noticia queda relativizada a los efectos del juego de la oferta y la demanda. Lo cual puede sonar de cerca a la frase de uso harto común: La verdad es relativa. A lo que respondemos que sí, sólo que nunca se dice que su relatividad responde a intereses económicos y/o políticos externos, que median su forma y contenido.
Con la famosa frase «la verdad es relativa», pretendidamente filosófica se escamotea la base material de dicha relatividad: la intervención de intereses particulares y privados. «La verdad es relativa» insisten, porque no hay una sola visión. Sin embargo, la noticia producida por los medios responde perfectamente a los intereses unívocos y unilaterales de los (dueños de) medios, de modo que la verdad-publicada re-produce su verdad, es decir la que les conviene y cuadra. Por esa razón, cuando la verdad, por el peso irrefragable de la realidad se impone, torciendo, contradiciendo o develando los intereses de la oligarquía plutocrática, los medios callan.
IV
Dos aspectos acompañan la naturaleza de la noticia-mercancía: su anti-humanismo y (necesariamente) su anti-ética. Lo primero es una deducción lógica: si de lo que se trata es de acumular capital, la noticia no persigue primordialmente ningún fin humano. «El mercado –dice Félix Ovejero- no sirve para determinados propósitos que tienen prioridad ética –y casi lógica: sin vida no hay sociedad posible-»[2].
Lo segundo es consecuencia de su anti-humanismo pues, la ética es asunto humano estrictamente, es decir, la ética es consubstancial a lo humano porque afirma su condición y naturaleza. La ética además, es una elevación quintaesenciada de la vida.
En efecto, el ser humano lo es cuando opta éticamente por la salvación de la especie. Por eso, todo cuanto la afirme es ético y, en consecuencia, humano.
Esta reflexión nos lleva al siguiente planteamiento: en los medios de comunicación donde priman intereses económicos y por lo tanto queda relegada la vida a un segundo plano, si no es que termina desplazada completamente por la acción de omnívoros intereses empresariales, la ética queda suspendida.
Dicha suspensión afecta sin duda el ejercicio profesional del «comunicador» que debe responder a esta suspensión suspendiéndola a su vez, dado que su voz no es propiamente la suya sino la de los (dueños de los) medios. De hecho y por ello mismo, la redacción periodística suele ser calificada de impersonal y «objetiva», pasando por imparciales contenidos que están controlados y filtrados en beneficio de intereses externos. Ello reafirma que el discurso de la «objetividad» escamotea la carga de intereses privados y particulares que se valen de los medios para promover el estado de cosas que favorece su omnipresencia en el mercado. Por cierto, la condición de objetividad de la noticia viene dada por un factor que pasa desapercibido: la construcción del instante despojado de tiempo humano. La noticia tiende a instalarse en un tiempo abstracto, artificial, casi aséptico, (aparentemente) no intervenido por el redactor que obligado a proceder con un estilo puntilloso y seco, manualesco, esculpe los hechos en una nada aérea e impersonal. Esta narración contrasta con la opinión, la crónica e incluso con el reportaje, géneros que exigen del periodista un manejo del tiempo más apegado a procesos. La noticia y lo efímero van de la mano, creando atmósferas de realidad evanescente, principal sustento de la desmemoria. Y como se sabe, la desmemoria es un objetivo político-estratégico del proyecto de sociedad capitalista.
Es probable que el periodista viva enfrentado constantemente a un dilema ético o bien, se entregue sin contradicción a su actividad periodística sin conflicto. En efecto, se experimenta una contradicción cuando hacemos o decimos algo que contraviene las orientaciones de la ética. La contradicción es un batallar interno entre lo que debemos hacer y lo que somos obligados a hacer. La ética resuelve la contradicción llevándonos a hacer lo que corresponde y su apego indefectible a la vida nos acarreará consecuencias que sin duda, se recibirán con la tranquilidad moral de haber hecho lo correcto. Si acaso sucediera el despido (o en el peor de los casos la muerte), la persona que ha perdido el trabajo (o la vida) ha ganado en estima y respeto para sí y para la sociedad que reconocerá y enaltecerá su gesto.
«El ideal de todo buen periodista, decía Héctor Mujica en la ya lejana década de los ’60, es del servir y no ser instrumento. El de ayudar al prójimo y no simplemente a la forja de una gran industria. El de expresar no sólo lo contingente del suceso, sino su repercusión, su proyección y dirección. Este tipo de periodista, empero, constituye todavía exigua minoría aún en Europa»[3]. En otro pasaje del mismo libro refiere que un reportero «Ante la obcecación de sus jefes, temerosos de la competencia (…) llegó a la conclusión de que trabajaba con vampiros. Al editor lo único que le interesaba era la sangre. Su principal afán es el lucro. Su filosofía es la del lucro. Puesto entre la espada y la pared, entre sus ideas y sus necesidades profesionales, el reportero acaba por sucumbir antes el propietario».[4]
Podemos concluir al respecto, que la ética es una excepción y una rareza en el universo del ejercicio de la comunicación empresarial, no obstante, si se quiere paradójicamente, leyes y códigos pontifican en torno al ejercicio ético de la profesión. Nada más lejos, porque como ya hemos visto, la base material de la producción de noticias-mercancía es el lucro, la acumulación de capital, la cual tiene leyes y principios que contemplan la supeditación de lo humano a los mecanismos anti-éticos del lucro. «Para el que el que solo atiende al beneficio carece de sentido la búsqueda de reparaciones, siempre incierta y, por lo general, más costosa que la hipotética ganancia. Es un ser sin memoria afectiva. Ni siquiera puede «elegir» la dignidad. Puede simular la «dignidad» para asegurarse una buena posición en la negociación»[5].
Creo que no hace falta imaginar algo peor que un «comunicador» sin «memoria afectiva», capaz de simular «dignidad» para asegurar una negociación… Lamentablemente, es lo que abunda.
V
Es por ello que la des-humanización y la anti-ética de la comunicación mediática han de contrastar con la comunicación humana y ética de las comunidades. La misma debe ser construida necesariamente por todos y no podrán prevalecer intereses ajenos ni externos, extraños a la vida.
Así llegamos a una definición de verdad anti-filosófica (más exactamente, opuesta a la «filosofía burguesa» que tanto se esmera en explicar el ser y la nada): La verdad humana es la verdad construida por todos, dialógicamente.
Y decimos «verdad humana» porque también se ha dicho que la verdad no existe o que sólo la conoce Dios. Pero si abandonamos en Dios la responsabilidad de la verdad, entonces le daremos cabida irremediablemente a las «religiones» (a lo diversos dogmas y fundamentalismos religiosos, pero también políticos, económicos, etc.) que manipulan los hechos para sustentar sus «iglesias» (particulares y privadas) con fieles y correligionarios que puesto que creen sin pensar han dejado en suspenso la crítica y la razón. Pero, para salvar la crítica y la razón debemos poner en suspenso la fe en Dios o como refiere Franz Hinkelammert, partir de una teología del etsi deus non daretur (como si Dios no existiera), principio de la racionalidad moderna, clave para «un discernimiento desde una ética del sujeto»[6].
Pues, si la verdad sólo la conoce Dios quien, como afirma la conseja popular todo lo ve desde todos los lados, la única forma de ver humanamente hablando desde todos los lados es que todos participemos y, comunitariamente, desde nuestras capacidades, juntar visiones y armonizarlas en una mirada plural. He ahí el reto de los medios comunitarios.
VI
La responsabilidad entonces de la verdad recae en nosotros, en nuestro hacer y práctica de vida cotidiana. Y no hay manera de llegar a la verdad si no por la vía del diálogo[7], es decir, por la construcción común y comunitaria, colectiva y dialógica de la realidad, lo que implica la no imposición de verdades particulares, privadas o exclusivas, sino la comprensión de verdades públicas, consensuadas y plurales. Es el diálogo propuesto por Paulo Freire «construido con las voces de todas las personas, la igualdad que incluye el derecho a la diferencia»[8]. No debemos olvidar que «La condición de funcionamiento del mercado es la explotación de la desigualdad»[9], de donde resulta que el diálogo es imposible donde prive la búsqueda de beneficios del capitalismo.
Finalmente se puede afirmar que, tanto como la base material de la noticia mediática es la acumulación de capital vía la producción de noticias-mercancías, la base material de la comunicación comunitaria es la re-producción de la vida a través del diálogo.
VII
En ese sentido, los medios comunitarios serán las herramientas que hagan posible la construcción del diálogo, hecho con la participación efectiva de todos, fundada en el respeto y en la igualdad.
Condición esencial para que el diálogo exista es que no haya desequilibrios ni imposiciones despóticas. El respeto pasa entonces por la creación de mecanismos que corrijan las desigualdades, exactamente como ocurre con las leyes que, cuando son justas, compensan y equilibran, corrigen las desigualdades.
Los medios comunitarios son pues, los medios con los cuales poder construir efectivamente la comunicación popular y comunitaria, la cual supone (la) vida en común.

[1] Héctor Mujica en El imperio de la noticia, Agencia Venezolana de Noticias, Caracas, 2010, pág. 254
[2] Félix Ovejero en Mercado, Ética y Economía, Icaria, Barcelona, 1994, pág. 140
[3] Héctor Mujica, pág. 25
[4] Héctor Mujica, pág. Ň
[5] Félix Ovejero en La liberad inhóspita, Paidós, Barcelona, España, 2002, pág. 65
[6] Franz Hinkelammert, Hacia una crítica de la razón mítica, Arlekín. San José (Costa Rica), 2007, pág. 37 [Consultar aquí]
[7] [διάλογος formada del prefijo δια- (dia- = a través) y la raíz λόγος (logos = palabra, tratado, estudio)]
[8] Ramón Flecha García y Lidia Puigvert en «Aportaciones de Paulo Freire a la educación y a las ciencias sociales», Revista Interuniversitaria de Formación Profesional, 1998, pág. 6
[9] Félix Ovejero, 1994, pág. 79

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