“La Universidad Bolivariana, es motor, es vanguardia, es caballo, es lanza, es bandera, de un nuevo modelo educativo de liberación. Ustedes son actores fundamentales de esa vanguardia, siéntanse orgullosos mujeres y hombres”

Fragmentos del discurso del Presidente Hugo Chávez, Caracas, 08/11/2003, en el marco de la inauguración de la sede UBV Zulia.

lunes, 8 de junio de 2009

Comunicación para el bien común

Bases conceptuales de un modelo de comunicación para el desarrollo de una economía social


Por
José Javier León

Resumen

Cada vez que desde la academia se habla de “comunicación” se apela a un concepto determinado por un tipo fijo de relaciones societales que definen lo que se conocería como Occidente y modernidad. Hoy asistimos a una severa crisis del sistema que produce esas nociones y, por ende, estamos ante una crisis del modelo de comunicación, situación que ha de preceder a un nuevo orden de cosas. No se trata, solamente, de que la comunicación centralizada y vertical de los mass media ceda ante las redes; el problema no se ubica sólo ahí, sino que el modelo conocido (de masas o de redes) le sigue sirviendo a la economía (agotada y in extremis) de mercado; de hecho, las redes son en buena medida la flexibilización de relaciones de producción y explotación incluso más terribles. Por los momentos se busca la construcción teórica (con referencia a ejemplos puntuales), de un modelo de comunicación que acompañe, promueva y garantice un modo de producción propio de una economía social y socialista. En la actualidad, se precisan acciones soberanas al menos en dos dimensiones: el fortalecimiento del Estado-Nación (ante los embates de las trasnacionales y la voracidad del mercado) y la construcción de la autonomía (esto es, la consolidación de las economías locales y las redes socioproductivas, bajo una racionalidad territorial distinta a la trazada históricamente por los intereses del capital, que tanto define las fronteras internas como las internacionales.) Sólo una comunicación verdaderamente social dará cuenta de esta urgencia, de esta necesidad.

Palabras claves: comunicación social, autonomía, soberanía

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Voy a partir para tratar los problemas de la “comunicación” y los “medios” de una división hecha por Miguel Mazzeo (2008):


“El proyecto emancipador requiere de la articulación de dos dinámicas: una de soberanía y otra de autonomía. El problema radica en que la primera (vinculada el Estado-nación, la dirección centralizada, la táctica, la transacción, la política institucional) no necesita en lo inmediato de la segunda (vinculada a la comuna, la expresión, la confrontación, la dirección colectiva, la estrategia), incluso la repele, sin saber que cava su propia fosa. Pero la segunda, en este contexto histórico, en el marco de las relaciones impuestas por el imperialismo, desde nuestra condición periférica, sí necesita de la primera a riesgo de caer en la esterilidad. “Dicho de modo más directo y sencillo: por ahora –y creemos que por mucho tiempo más- la autonomía necesita de la soberanía” (53)


Como se ve no habla el argentino de la comunicación, pero desde la perspectiva en que la veo, y partiendo de la tesis de que las formas de poder traen consigo las formas de comunicar, podemos entonces hacer la proyección y hablar por tanto de “comunicación soberana” cuando nos referimos a la producida en el marco del Estado-nación y con los atributos de la representación, dirección centralizada, táctica, transacción y política institucional. Y de “comunicación autónoma” cuando hablamos de comunas, de expresión y confrontación, de dirección colectiva, de estrategia y, añadiéndolo nosotros, de participación. Afirma Mazzeo que las dos dinámicas forman parte del “proyecto emancipador” y aunque la soberanía niega y repele la autonomía “sin saber que cava su propia fosa”, no podemos renunciar a ella en el marco de las relaciones impuestas por el imperialismo y desde nuestra condición de periferia. Dice Mazzeo que una teoría de la transición “que dé cuenta de nuestro tiempo exige la combinación de estas dos dinámicas. Por eso creemos que un proyecto emancipador, para consolidarse, debe ejercer las formas de mando específicas de la dinámica de la autonomía y del poder popular en el marco de las dinámicas de soberanía” (53). Desde lo económico, es lo mismo que expresa Win Dierckxsens (2007) “Renunciar de forma unilateral a la maximización de la ganancia, en un entorno regido por la eficiencia por encima de todo, es suicida”. La comunicación que requerimos parte entonces de saberse en transición entre dos dinámicas excluyentes pero que desde la perspectiva del proyecto emancipador son complementarias, para no caer en la “esterilidad”, como dice Mazzeo, o en el suicidio, como lo afirma Dierckxsens. Pero la síntesis la percibo en esta cita de Francis Wolf (de “A invenção da política”, 2003) hecha y traducida por Ana Esther Ceceña (2008):


“…si hubiera una sociedad en la que los dos conceptos opuestos que definen lo político –de un lado la comunidad, del otro el poder- se encontraran reunidos al punto de confundirse, de ser indistinguibles, se podría decir que esa sociedad, a su modo, fundó la posibilidad de unidad de lo político e inventó, de cierta manera, su concepto –un concepto único y no doble. Si hubiera una comunidad que, en lugar de mantenerse por medio de un poder distinto de ella misma (una instancia organizada para ese fin, un jefe todo poderoso, un grupo dirigente, una clase dominante, un Estado), mantuviera su unidad a través de su potencia interna, una sociedad en la que el poder político sólo pudiera ubicarse en la comunidad política en su conjunto, podríamos decir que esa sociedad realizó la idea de lo político” (111)


La anterior síntesis político filosófico, puede leerse a la par de esta hecha por Daniel Bensaïd (2006), que me parece acaso más instrumental, más operativa:


“No se trata de disolver abstractamente la esfera del derecho en la del poder, sino de iniciar una transformación social y cultural a través de la cual la colectividad asociada pueda re-apropiarse concretamente (en la disminución masiva del tiempo de trabajo y en una revolución en la división del trabajo) del ejercicio de las funciones administrativas y políticas. No se trata de decretar abstractamente la extinción del Estado, sino de ponerlo concretamente bajo el control autogestionado en vistas a generalizarse. Esta dualidad de poder posibilita la politización de la sociedad civil en miras de socializar el Estado, en lugar de dejarse estatizar por él, notemos que este ejercicio es eminentemente político” (35)

Las dinámicas de la soberanía postulan al homo oeconomicus (el consumidor/ciudadano) como sujeto, de modo que la comunicación soberana lo comparte con las características que trae de suyo: sus necesidades son ilimitadas y abstractas: “Los deseos sin límites nacen de la lógica de la creación perpetua de valor y plusvalía. Son impuestos, a menudo, a partir de la reducción de la vida de todo lo que nos rodea”. Mas sobre la base de una regulación que parte de la ciudadanía propia de las dinámicas de la autonomía “las necesidades corpóreas y sociales son más concretas y limitables”. A la irracionalidad de la explotación capitalista en el marco de relaciones de poder soberanas, se opone la racionalidad autonómica, consciente de los límites, la escasez y la no renovación de los recursos:


“Las necesidades ilimitadas son una construcción cultural compulsiva generada a partir de la publicidad, a fin de aumentar cada vez más la rotación del capital. Una vez que la regulación intervenga en reducir la depreciación, se promueve en términos de valor la desacumulación, por parte de los más ricos. Sólo así se puede orientar la inversión y el ingreso hacia la satisfacción de necesidades de amplios sectores de población no atendida” (Dierckxsens, )

“La racionalidad se regirá de modo progresivo por las necesidades concretas de los seres vivos en comunidad, y no por la necesidad privada de realizar perpetuamente más valor o plusvalía” (Dierckxsens, 2007)


Por lo anterior, nos toca como Universidad Bolivariana una suerte de doble desafío: criticar la teoría y ciencia de la comunicación “soberana” en el marco que le hemos dado dentro de las dinámicas de poder soberanas, al tiempo que construimos la teoría-práctica de la comunicación popular y por ende autónoma, la misma que haciéndose a la par que pensándose, construye sobre bases históricas (en la cotidianidad de nuestras comunidades) el Poder Popular.

Inclinando el análisis hacia las prácticas y ejercicios de la comunicación soberana, observamos que preserva y protege los intereses del capital privado e interconecta las partes del sistema en tanto se conecta, vincula, articula e irriga el sistema de mercado del capital-trasnacional. La comunicación autónoma, al contrario, preserva y protege la vida de todos y de todo y debe vincular y articular proyectos que vayan desde lo local hacia lo global.

Ahora bien, podemos ver estas diferencias, estas dos posiciones, precisamente porque nos encontramos fuera de las dinámicas de producción teórica de la comunicación soberana. Y aunque no podemos pensar la comunicación autónoma desde la soberana, sí podemos pensar ambas desde una instancia que llamaré aquí prácticas de comunicación crítica, en tanto que aspiran y postulan una totalidad que se rehace, piensa y teoriza (en y desde) la práctica. “Lo que se descubre cuando uno critica es el hacer, el sujeto” recuerda Holloway (2006). Para ir más al grano y explicitar el método y la estrategia, hago mano de la definición de marxismo de Oscar del Barco (2008), para quien sería la crítica teórica


“que tiene como base o punto de partida la perspectiva histórica de las clases oprimidas, un conocimiento interesado (político) que no apunta a un presunto conocimiento objetivo (neutral) sino que se encuentra inserto estratégicamente en las luchas concretas que tienden a transformar en un sentido revolucionario la sociedad: es un conocimiento que en lugar de quedarse en el concreto-de-pensamiento (ciencia burguesa) vuelve al primer concreto, a “la sociedad”, encarnado en la acción política y con el objetivo de transformarla. Teniendo en cuenta, por último, que esta posición-de-clase y este –objetivo-de-clase no son algo externo al conocimiento sino que lo conforman dando origen a un nuevo estatuto de lo teórico, como forma de las clases oprimidas, al que Marx denominó crítica (crítica de la filosofía, crítica de la economía, crítica de la política)” (51)


Hablamos por ello de crítica a la comunicación soberana, ejercida por sujetos que construyen la comunicación autónoma como alternativa al modo de producción capitalista, sistema al que ha estado subordinada la comunicación (de masas), específicamente la producida por los “medios de comunicación social”. Hablo más exactamente (y para no caer en bizantinismos sobre comunicación, información y medios) de “producción capitalista de comunicación”, en los términos a los que se refiere Vicente Romano (2005)[1]


“Los "medios de masas" son el nombre genérico que se les da a las instituciones de la supraestructura de la sociedad, que sirven para la difusión de la ideología de la clase dominante mediante la transmisión pública, continuada, de informaciones sociales a millones de personas. Como propiedad e instrumentos de determinadas clases, llevan carácter de clase. Este carácter se manifiesta sobre todo en el hecho de que la clase que posee los medios de comunicación determina también su contenido ideológico.”


Esta comunicación nace de la convicción de que hasta ahora nos hemos planteado “problemas” casi exclusivamente en el ámbito de la comunicación soberana. A lo sumo, al calor de las luchas populares, experimentamos una suerte de desazón producto de no saber hacia dónde vamos… Es en este “lugar” arrasado por las certidumbres donde podemos y debemos ubicar “Proyecto”, el cual quedaría definido como el lugar para ejercer (y para el ejercicio de) las “prácticas de comunicación crítica”. Cuando digo “lugar” me refiero a un topos epistémico y político, a un espacio de relaciones teórico prácticas, experienciales, vivenciales, que ocurren en el ámbito de acción y participación de las organizaciones locales y desde éstas hasta las globales, que comparten el proyecto histórico de la emancipación. Proyecto requiere no sólo el ejercicio de la comunicación autónoma, el establecimiento de redes y vínculos de experiencias, sino al mismo tiempo, el ejercicio crítico de las ciencias y teorías de la comunicación soberana. Hasta ahora ha ocurrido lo contrario. Desde la comunicación soberana se busca explicar lo autónomo, con la consecuente distorsión, toda vez que la ética del sujeto, fundamental para el ejercicio de la autonomía, es refractaria a la teoría y práctica de la comunicación soberana. La comunicación soberana necesariamente suspende la ética, tanto como el Estado conocido confisca el ejercicio político de los ciudadanos.

Los conflictos éticos se plantean desde la autonomía (perseguida y negada por las formas del Estado o por el mercado totalitario). No tienen, por tanto, solución en el ámbito de la comunicación soberana. Es inútil pretender su solución en ese terreno. A lo más, habrá una sustitución de fuerzas que distraerá la solución, aplazándola. Sólo puede ser “ética” la comunicación autónoma, esto es la ejercida por sujetos emancipados. Cuando hablo de emancipación me refiero


“a la superación de un tipo de discriminación que quedó manifiesto dentro de la igualdad contractual. Es la emancipación como liberación frente a la igualdad contractual que explota y excluye. La utopía no denota una igualdad abstracta de individuos ante la ley, el dinero o el Estado. La utopía es más bien la emancipación o superación del ser humano como individuo, respecto a la igualdad abstracta y como tal, es una emancipación que declara que el ser humano no es un individuo, sino ante todo un ser social, un ser corpóreo concreto que vive en sociedad” (73).


Hasta ahora hemos hecho y pensado la comunicación soberana, hoy sabemos que está en crisis, una crisis compartida con la institución Estado-nación (con fuerzas que la borran en el Sur y que la reafirman y reconfiguran en el Norte) y la emergencia de un nuevo orden mundial. Sabemos que el capitalismo puede salir rejuvenecido de la crisis, o bien ensayar fórmulas de tipo keynesianas que prolongarán su existencia. Desde la comunicación soberana se buscarán arreglos, soluciones que palien la crisis. Y por supuesto, problemas generados desde y en su interior. Los problemas en cambio de la comunicación autónoma aparecen en “ausencia”, como deseos difusos, aspiraciones sin forma. Y sin forma, no tienen capacidad de generar acciones.

Por otra parte, la comunicación autónoma no nace con la crisis (siempre ha estado como necesidad), sólo que la crisis visibiliza sus contornos. La comunicación autónoma es (la) expresión de los sujetos emancipados. Sus problemas no son los de la acumulación, la mercancía o la ganancia. Tampoco, los de la depreciación tecnológica y la novedad. Los suyos son los problemas del vivir y la vida.

Nunca está de más repetir que de los problemas teóricos y prácticos de la comunicación soberana se han ocupado y se ocupan las universidades tradicionales, en histórica alianza con los poderes económicos, políticos, financieros y militares, y toda salida ética en el marco de esas leoninas relaciones de poder, suponen un recurso ético, la apuesta a vida o muerte por la dignidad[2]. Es desde esta consideración que respetamos el ejercicio peligroso de la “profesión” de periodistas, cuando la ejercen sujetos emancipados, capaces de elevar su voz, su cámara, sus artículos por sobre la verticalidad de las órdenes que emanan del sistema, de los intereses, de las arbitrariedades. Algunas voces oficiales que descuellan desde los colegios de periodistas, no son más que saludos a la bandera, gestos para adormecer la indignación. El compromiso de la ética no responde a marcos de pensamiento autónomo o soberano, sólo que desde los lugares de la soberanía la ética es un ejercicio trágico. Desde la autonomía, en cambio, es político. El periodismo valiente y sacrificial –soberano-, expulsa al sujeto de las maquinarias de la comunicación institucional y oficial, para reintegrarlo al “seno de la sociedad”, al pueblo, al pueblo oprimido y explotado. Como las olas, el cuerpo del o la periodista es devuelto a las orillas del corazón del pueblo. Pero el periodismo autónomo (sólo utilizo el término con sentido analítico) ocurre precisamente en el seno del pueblo, en otras palabras es el pueblo haciendo periodismo[3], todo él repelido y expulsado por el poder soberano y por ende del (y por el) Estado, quedando éste reducido con la expulsión masiva del pueblo a su genuina expresión: la violencia. Pero los estados no pueden de hecho incluir de ninguna manera al pueblo, pues su estatuto lógico no incluye la presencia del pueblo como “sujeto” sino como “objeto”, es decir, cosificado y negado en sus históricas y concretas particularidad y particularidades, de ahí la violencia institucional, masiva que lo define y lo estatuye.

La Universidad soberana, para decirlo con la clasificación que he venido desarrollando, y que se ocupa, por ende, de la comunicación soberana, lo hace desde una idea de realidad que afirma que “sólo es real lo que se puede medir”, esto es su “matematización”. Esta corriente civilizatoria desarrollará el pensamiento instrumental y en base a fórmulas propio de la racionalidad medio-fin desarrollada a partir de la Ilustración. Racionalizar, segmentar y fragmentar se convierten en las operaciones opimas de la Razón moderna, cuando actúan sobre el tiempo y el espacio, el territorio, el cuerpo, la cultura, preparando el terreno para la explotación de los “recursos”, en un progresivo desencantamiento del mundo, pérdida del pensamiento simbólico y cosificación, base sobre la cual se articulan las lógicas del mercado y la invasiva mercantilización de la vida. Las universidades que conocemos han recibido y reciclado estos principios, de modo que en su ser y hacer encontramos que la realidad ha de ser matematizada, traducida a fórmulas, orientada a fines, y por ello y para ello debe ser segmentada, pasible de división en partes, en fragmentos, expurgada de pensamiento simbólico y de “sentimientos”, e interesada sólo en “objetos de mercado”. Basta para concluir este aparte, que en ese marco de realidad ilustrada y moderna nacen y desarrollan la comunicación soberana y, por ende, los medios de comunicación apéndices de la difusión masiva del capitalismo y de los valores del liberalismo, esto es de la visibilización y reproducción de la realidad instituida, institucional u oficial.

Ante esta situación, surge mi propuesta -“Comunicación para el bien común”- en el marco de la revolución bolivariana, la cual debemos situar en el de la crisis global del capitalismo y del liberalismo, e incluso en el de la crisis del modelo civilizatorio. En ese sentido postulamos un nueva ratio que defina un tiempo / espacio para la construcción de la emancipación, la superación de la separaciones practicadas por la razón moderna entre conocimiento y realidad, territorio, memoria y palabra, y que avance hacia el establecimiento de (man)comunidades de producción de conocimiento, ciencia y tecnología, generando una comunicación para la vinculación y articulación de proyectos de vida que respondan a una nueva racionalidad productiva. En otras palabras hablo de la interconexión y articulación de los proyectos en del Plan de Desarrollo en el marco de la construcción dialéctica y necesariamente dialógica, de la autonomía de las comunidades y la soberanía de la Nación.

Esto trasciende la “democracia” formal totalitaria del occidente liberal y burgués, capitalista y de mercado y apuesta por la democracia radical y por el ejercicio del Poder Popular. Un poder que parte de la democratización (popularización) del conocimiento, de la desmitificación y des-fetichización de la idea de conocimiento y la construcción colectiva de conocimientos y saberes territorializados y con memoria, hacia una ciencia y tecnología para la vida y no guiada y condicionada por los intereses del mercado y su lógica (irracional) de la “destrucción creadora”.

El soporte subjetivo de la Universidad tradicional ha sido y es el individuo, el de la UBV es el ser social, la persona en sociedad, específicamente integrada a una comunidad, con una memoria y un territorio, con identidad, historia y arraigos. Para producir fuera del marco de las necesidades del capital (la necesidad del capital es producir capital) se requiere autonomía y creatividad. Además, la economía social es complementaria y solidaria, no competitiva (no persigue reducir los costos de producción si reducir los costos significa explotación de seres humanos y destrucción indiscriminada de bienes naturales), no es eficiente en los términos del mercado. Está llamada a la satisfacción de las necesidades y a la construcción de una vida digna. Esto sólo es posible fuera del marco de producción capitalista. El capitalismo despersonaliza y des-subjetiviza: en el capitalismo el ser deja de ser.

Queda abierta entonces una senda que conduce a la ética solidaria, la ética del bien común: “Hacer prevalecer el interés de todos por encima de los intereses particulares significa intervenir en la racionalidad económica existente” (Dierckxsens, 37) La ética del bien común opera, entonces, desde el interior de la realidad. No se trata de una ética exterior derivada de alguna esencia humana. El bien común es este proceso en el cual se introducen valores que son enfrentados al sistema a fin de interpelarlo, intervenirlo y transformarlo” (67) Uno de los valores, que afirma Wim Dierckxsens arremetería contra la racionalidad capitalista y liberal es el de ralentizar la “depreciación tecnológica”. “Parece, dice, no haber otra salida”:


“Con solo reducir a la mitad la velocidad de la depreciación de los productos de consumo duradero en el mundo industrializado, se reduciría a la mitad la presión sobre los recursos naturales y sobre la energía del mundo” (40)

“A partir de esta racionalidad alternativa, la lógica tiende a orientarse hacia aspectos cualitativos de la vida misma, como la solidaridad, conteniendo una actitud de cuidado hacia todo lo que nos rodea, incluyendo la naturaleza y el medio ambiente” (42)


En otro lugar[4] decíamos: se aceleran los procesos de producción al mismo tiempo que se abre paso el valor de la acumulación; acumulación de riquezas, luego acumulación de poder. Como afirma Heilbroner (1990) “el impulso de acumular riqueza es inextricable del poder, e incomprensible si no es como forma de poder (…) El capitalismo es el régimen del capital, la forma de liderazgo que encontramos cuando el poder toma el aspecto de dominación, de los que controlan el acceso a los medios de producción sobre la gran mayoría que debe ganarse un «empleo», -el sustitutivo capitalista del derecho tradicional del campesino a consumir una parte de su propia cosecha” (43-44).

La velocidad permite entonces una acumulación acelerada, luego, la velocidad comunicará formas de poder. Se estudian “carreras”, se acumulan títulos. Aquí los primeros siempre serán los primeros, y los últimos los últimos. Está incluido en el sistema productivo el que está en movimiento. Detenerse es insubordinarse contra los flujos de capital.

Cuando nos paramos todos, el capital se conmueve. Cuando se para el capital (como ocurrió en diciembre de 2002 y como ocurre en tiempos electorales con el fin de “atacar al gobierno” con acaparamiento y escasez creada), busca la desestabilización política, con fines económicos. Mientras el Estado (pero no cualquiera, sino uno que se precie de revolucionario) esté ahí, el mercado hará lo posible para sacarlo del juego (económico). “En la medida en la cual los estados obstaculizan el flujo del capital (la huida de la insubordinación), se forman lazos entre capitales específicos y estados nacionales específicos” (Holloway, 2005a: 117).

Desprenderse del tiempo de producción de capital del capitalismo, supone la construcción colectiva de otro tiempo y espacio productivo, afín con necesidades reales y concretas de salud, educación, trabajo, alimentos, vivienda, vestido, en fin, vida digna.

Una regulación económica alternativa subordina el interés privado al bien común. Dice Dierckxsens:


“En un proyecto de sociedad donde la ciudadanía no se deriva de las relaciones de mercado se parte de una realidad concreta: una comunidad de seres humanos concretos con necesidades concretas y no de un homo oeconomicus abstracto. En una sociedad alternativa, la ciudadanía se define a priori y sin exclusión. “Ya no simplemente existo en tanto intercambio mi fuerza de trabajo en el mercado, sino existo porque hemos decidido ser primero que nada sociedad”[5] Con esta lógica de la vida, hay derecho a la vida en nuestro planeta como ser vivo y no como resultado exclusivo de estar o no dentro del mercado. Los derechos ya no nacen del trabajo intercambiado y dentro de los límites de este, sino que el trabajo en sí constituye un derecho de todo ciudadano, como el derecho a la vida” (53)


Está claro que la comunicación que hemos llamado aquí soberana, empleando la terminología de Mazzeo (usada no tanto por su perspicacia heurística como por el contexto teórico-práctico de donde ha sido tomada y porque avanza de rondón hacia nuestros objetivos) no se ocupa de estos “problemas”, pues los suyos tienen que ver con la producción de capital, por lo que existe para interconectar como hemos dicho las partes del sistema hasta configurar lo que Benedict Anderson llama la “comunidad imaginada”. Como lo explica Madeline Cocco (2003)


“…una cultura nacional requiere de la demarcación de fronteras y de una segmentación del flujo global. El tiempo y el espacio quedan circundados en la medida en que la historia continua se une a un territorio delimitado. Se entiende que dentro de estas fronteras habita “un pueblo” o comunidad, caracterizados por alguna identidad natural esencial. A pesar de que los miembros individuales puedan diferir, todos comparten atributos esenciales que constituyen su identidad nacional; la igualdad supera la diferencia (28)


Lo que falta por decir es que este modelo de “comunidad”, de “identidad nacional”, de “igualdad que supera la diferencia” es creada, facilitada, vehiculada y trasmitida por los medios de comunicación de masas. Lo que dice Cocco sobre la imprenta es fácilmente extrapolable y consecuente multiplicada en sus efectos e impacto por los actuales medios, incluida la Internet:


“La construcción de comunidades imaginadas se apoya en el desarrollo del capitalismo de impresión, ya que la imprenta como un medio de comunicación, posibilita el envío de mensajes complejos a lo largo de grandes distancias y permite acumular las tradiciones culturales a lo largo del tiempo. La nación deviene imaginable debido a la nueva tecnología de comunicaciones de la imprenta que se entrelaza con el capitalismo y con la determinación proveída por la diversidad lingüística del mundo” (32)


La comunicación mediada adquiere un papel central en la construcción de esta cotidianidad. Los medios masivos de comunicación han modificado los universos de referencia, a la vez que se han convertido en “centros neurálgicos” de los procesos de socialización y de construcción y transmisión de las representaciones colectivas. Los medios han cambiado el entorno y los campos cognitivos en los que se llevan a cabo los procesos de producción de sentido. Se instituyen como lugar de encuentro, de reconocimiento, de construcción plural de la opinión y de adquisición y legitimación de saberes. La construcción y transmisión de las representaciones colectivas se encuentran dominadas por la comunicación mass mediática (50)


Lo que he venido sosteniendo en este artículo es que una racionalidad productiva alternativa precisa una racionalidad comunicacional alternativa, prácticas de comunicación crítica que hagan posible el proyecto de emancipación. Comunicación producida y ejercida por sujetos, para el bien común. Se trata de una comunicación que opera “desde el interior de la realidad” resistiendo, interpelando e interviniendo el sistema capitalista, para transformar la realidad, el estado de cosas (Dierckxsens, 63). La comunicación crítica cuestiona entonces el principio de realidad ilustrado y moderno, y como dijimos en otro momento[6], lo que no entra (lo que no pertenece, lo que no corresponde ni se refleja en ese marco categorial) sencillamente no se comprende, incluso es impensable.

La verdad, decíamos, debe responder al marco categorial establecido y para llegar a ella se precisa un método. Verdadero o falso son los límites, cualquier otra variable entra en el reino de lo difuso, de lo especulativo, de la opinión. Los límites responden a una concepción limitada del mundo, necesariamente se deben prefigurar los términos que permitan la comparación; en otras palabras, la verdad debe existir y caber (existe porque cabe) en el mundo; pero el mundo es lo conocido y lo conocido es lo que se puede saber, esto es lo que se puede medir[7]. Valga la crítica poco atendida de Ilya Prigogine:


“Dentro del modelo clásico de la ciencia, aquel que se continúa enseñando imperturbablemente en las escuelas, las leyes del universo son sencillas, simétricas, deterministas y reversibles. El reloj es su representación simbólica, con su movimiento inmutable, y previsible. En ese esquema, la materia obedece a las leyes, pero, a cambio, el hombre es libre. Se trata de la postura dualista de Descartes que marcaría la filosofía occidental (…) Pero, a finales del siglo XX, sabemos que la materia es inestable y que el universo, al que se creía inmutable, tiene una historia. Nuestro mundo físico no es un reloj, sino un caos imprevisible” (Sorman, 1995: 40)


La construcción menos racional que laica o secular, de los límites del mundo, y que dispondrá una separación conjetural entre lo sagrado y lo profano, va a incidir en la construcción de las instituciones modernas y en los modos de relacionamiento del sujeto moderno con tales instituciones. La ley, el Estado, la nación, sólo se pueden concebir modernamente desde el momento en que existen fines y términos pre-establecidos que postulan lo real y verdadero. El Occidente moderno racionalizó el mundo de tal manera que logró seccionarlo, dividirlo, segmentarlo, mas todo eso fue y ha sido posible porque concibió la existencia de límites, en otras palabras, concibió pensable lo limitado, pero se convirtió él mismo en administrador de los límites, esto es, dispuso “racionalmente” los límites de lo pensable; más allá de esos límites nada es pensable ni digno de ser pensado. Ahora bien, se trata de límites establecidos “racionalmente”, de marcos que responden a exigencias pre-determinadas, sólo así la verdad se convierte en un evento controlable, con posibilidad real de ser pensado. El pensamiento identitario, que es en general el de las ciencias y el de toda la racionalidad moderna “ha preferido –señala Holloway (2005b) no preocuparse por la racionalidad de su propio fundamento”, y para reafirmar cita a Lukács:


“… Toda ciencia especial obtiene su ‘exactitud’ precisamente de esa fuente. La ciencia especializada deja en sí el sustrato material que le subyace en última instancia, lo deja en intacta irracionalidad (‘improducido’, ‘dado’), con el objeto de poder operar sin obstáculos en el mundo así producido, cerrado y metódicamente puro, con categorías del entendimiento que son problemáticas en su aplicación, porque se aplican a una materia ‘inteligible’, y no al sustrato material real (ni siquiera el de la ciencia especial)” (163)


Los medios de comunicación soberanos responden a estas dinámicas, de modo que plantear una comunicación autónoma lleva al replanteamiento de los postulados de la razón, del conocer, de los ejercicios y las prácticas de conocimiento, en lo que se refiere a la comunicación en el marco de otra racionalidad productiva, no capitalista. Y donde observo explícitamente el proyecto de comunicación crítica es en la construcción de un Estado Solidario, “que parta –explica Dierckxsens, de los intereses particulares de la ciudadanía y no del interés particular de la empresa privada. Este Estado tiene un papel regulador, no en beneficio último del interés de la empresa privada, sino del bien común de la sociedad como un todo. El interés particular y local será punto de arranque pero no punto final. A partir de interpelaciones democráticas a diferentes niveles (de lo particular a lo general y de lo local a la lo universal), se definirá el bien común” (36). Falta por definir la estrategia de las interpelaciones, es decir las formas concretas de la comunicación crítica, que permita la vinculación, integración y articulación de los intereses particulares no exclusivos que responden a un proyecto colectivo, suma de proyectos socioproductivos, no capitalistas, que apuntan no a la comunidad imaginada de Anderson, sino a la comunidad hecha por todos y cada uno de nosotros, en un tiempo y espacio no abstraído de la cotidianidad y de nuestra historia. Hablamos de una comunicación territorializada, producida por sujetos emancipados, dueños de su destino, no explotados ni reducidos a servidumbre por el capital. Constructores en común de la vida de todos, para todos. El plan ya estaría bosquejado por Mazzeo (2008), y aquí suscribo:


“El arquetipo del poder popular, la representación de su posibilidad óptima, nos plantea como requerimiento básico la integración o la articulación de:

1. Núcleos de construcción de comunidad, nexos sociales alternativos a los impuestos por el capital y una práctica de solidaridad efectiva. Focos donde se recompone el sujeto popular en las duras condiciones que impone un capitalismo que viene incrementando sus capacidades para la desintegración de los pueblos y la naturaleza. Se trata de ámbitos que deben estar atentos a las condiciones de supervivencia del pueblo y favorecer el desarrollo de una economía solidaria y mercados alternativos a través de proyectos productivos y otras iniciativas.

2. Núcleos de construcción de superestructura. Lugares de elaboración de una visión del mundo y de valores propios de las clases subalternas, opuestos a los instruidos por la clase dominante.

3. Núcleos de elaboración de un proyecto nacional que, como tales, funcionan como cajas de resonancia y focos de difusión política. Espacios para retomar la ofensiva en torno a un proyecto socialista” (189-190)


En lo expresado aquí por Mazzeo observo y destaco lo que debe formar parte de nuestro plan de comunicación crítica en el marco de la construcción del socialismo de la patria bolivariana integrada en el alba de nuestros pueblos: el nacimiento de “núcleos de creación de comunidad” (no otra cosa ha de ser Proyecto), de “núcleos de construcción de superestructura” (la UBV y la Misión Sucre, por ejemplo), y los “núcleos de elaboración de un proyecto nacional” que, en nuestro caso, deben responder a la articulación (en el caso concreto de las comunidades donde desarrollamos Proyecto y la UBV en general) con el Proyecto Nacional Simón Bolívar[8].

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Referencias

1. ATTALI, Jacques (2004) Historias del tiempo. Fondo de Cultura Económica. México.

2. BENSAÏD, Daniel (2006) Clases, plebes, multitudes. El Perro y la Rana. Caracas.

3. CALVINO, Italo (2001) Seis propuestas para el próximo milenio. Siruela. Madrid, España

4. CECEÑA, Ana Esther (2008) Derivas del mundo en el que caben todos los mundos. Clacso Ediciones. Buenos Aires, Argentina

5. COCCO, Madeline (2003) La identidad en tiempos de globalización Comunidades imaginadas, representaciones colectivas y comunicación. Cuaderno de Ciencias Sociales 129 (FLACSO) Costa Rica. Se puede leer en http://www.flacso.or.cr/fileadmin/documentos/FLACSO/Cuaderno129.pdf

6. DEL BARCO, Oscar (2008) El Otro Marx. Milena Caserola. Buenos Aires, Argentina

7. DEL BUFALO, Enzo (2002) Americanismo y democracia. Monte Ávila. Caracas

8. DIERCKXSENS, Wim (2007) La transición hacia el postcapitalismo. El Perro y La Rana. Caracas

9. HEILBRONER, Robert L. (1990) Naturaleza y lógica del capitalismo. Ediciones Península. Barcelona, España

  1. HINKELAMMERT, Franz J. (2007) Hacia una crítica de la razón mítica. El laberinto de la modernidad. Departamento Ecuménico de Investigaciones. San José de Costa Rica
  2. _______________________ (2006) El sujeto y la ley. El retorno del sujeto reprimido. El Perro y la Rana. Caracas

12. HOLLOWAY, John (2006) Contra y más allá del capital. Monte Ávila. Caracas

13. ________________ (2005a) Keynesianismo. Una peligrosa ilusión. Un aporte al debate de la teoría del cambio social. Vadell Hermanos Editores. Caracas.

14. ________________ (2005b) Cambiar el mundo sin tomar el poder. Vadell Hermanos Editores. Caracas

15. MAZZEO, Miguel (2007) El sueño de una cosa (Introducción al Poder Popular) El Perro y La Rana. Caracas

16. ROMANO, Vicente (2005) “Producción capitalista de producción”. En: Rebelión.org [ http://www.rebelion.org/noticia.php?id=23977 ]

17. _________________ (s/f) “Poder y Comunicación” http://dialnet.unirioja.es/servlet/fichero_articulo?codigo=2020533&orden=62851

18. SORMAN, Guy (1995) Los verdaderos pensadores de nuestro tiempo. Seix Barral. Colombia



[1] Ver artículo “Producción capitalista de comunicación” en Rebelión.org: [ http://www.rebelion.org/noticia.php?id=23977 ] y “Los medios del capital” en [ http://josejavierleon.blog.com.es/2007/11/02/los_medios_del_capital~3234091/ ]

[2] A este respecto, y como un punto –la dignidad- que puede servir de unión de las dos prácticas comunicacionales que hemos propuesto, dice Holloway (2005: 229) “A menudo la lucha por la dignidad es no-subordinada en lugar de ser abiertamente insubordinada, a menudo se la considera privada en lugar de considerarla política o anticapitalista en todo sentido. Sin embargo, la lucha no subordinada por la dignidad es el sustrato material de la esperanza. Este es el punto de partida, política y teóricamente” Vaya este comentario en solidaridad a Muntazer al Zaidi, que elevó en un par de zapatos la voz de millones.

[3] Así lo expresa Vicente Romano:

“Lo opuesto a esta comunicación para el dominio es la formación de conciencia crítica y voluntad democrática para el desarrollo multilateral de la personalidad humana. Para eso se requiere, entre otras cosas, la transformación del sistema de producción material y espiritual, del sistema de enseñanza, la creación de condiciones reales de acceso que permitan la libertad concreta de expresión para todos, la supresión de las medidas estatales que limitan estas libertades, el freno y la anulación de la influencia de los monopolios y oligopolios en la formación de la opinión pública y en la cultura. Habría que convertir a la mayoría, al pueblo, en protagonistas de los medios, utilizando para la formación de su opinión los ejemplos y modelos vivos, concretos, en todos los aspectos de la vida. El pueblo como protagonista implica que las mayorías trabajadoras elaboren sus noticias y las discutan”. En: “Poder y comunicación”. http://laberinto.uma.es http://dialnet.unirioja.es/servlet/fichero_articulo?codigo=2020533&orden=62851

[4] “Sólo es real lo que no se puede medir”. En: www.josejavierleon.blog.com.es [http://josejavierleon.blog.com.es/2008/01/21/saslo_es_irreal_lo_que_se_puede_medir~3612627/ ]

[5] Guy Rounstang, Jean-Louis Laville, et al.: Vers un Nouveau control social, Ed. Desclée de Brouwer, París, 1996, citado por Wim Dierckxsens.

[6] En El reino de la transparencia. Comunicación y democracia en tiempos de poder popular. Se puede leer en http://josejavierleon.blogspot.com/2009/04/el-reino-de-la-transparencia.html

[7] “La máquina tecnológica exige pues un conocimiento segmentado y estandarizado sobre el cual establecer mediciones variables, una homogeneización cualitativa de la realidad para poder establecer diferencias cuantitativas. Los saberes se reducen de hecho a un único saber: saber medir (…) Los saberes que no pueden ser reducidos a mediciones, que no predicen fenómenos, no pueden ser incorporados a la producción tecnológica y son excluidos a priori del laboratorio corporativo que sólo produce conocimiento como una fase integrada a la producción tecnológica” (Del Búfalo: 169).

[8] El Proyecto Nacional Simón Bolívar puede leerse en http://www.mpd.gob.ve/Nuevo-plan/PROYECTO-NACIONAL-SIMON-BOLIVAR.pdf

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